sábado 27 2026

ORACIÓN POR VENEZUELA -- A NUESTRA SEÑORA DE COROMOTO EN TIEMPOS DE DIFICULTAD

 







Oh, Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto, Patrona y Madre amorosa de Venezuela.  Acudimos a ti en esta hora de angustia y dolor, cuando la tierra ha temblado y el miedo ha visitado nuestros hogares.

Madre nuestra, te suplicamos que extiendas tu manto protector sobre toda la nación venezolana. Consuela a las familias que han perdido a sus seres queridos, da fortaleza y pronta sanación a los heridos, y abre los corazones de la solidaridad y la caridad para quienes han perdido sus hogares.

Tú, que guiaste los pasos de tus hijos hacia la gracia, sé nuestro refugio y nuestra esperanza ante el desastre. Sostén con tu amor a quienes trabajan entre los escombros y a los equipos de rescate.

Llena nuestros corazones de paz, ahuyenta el temor y concédenos la fortaleza necesaria para levantarnos con fe y esperanza.


Amén.

viernes 26 2026

SÁBADO 27 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo, 8, 5-17. -- SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA

 Milagros de Jesús


Él está siempre esperándonos y basta una sola palabra suya y seremos curados.



Por: Roberto Carlos Estévez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 8, 5-17








En aquel tiempo, entrando Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos. Jesús le dijo: Yo iré a curarle. Replicó el centurión: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Y dijo Jesús al centurión: Anda; que te suceda como has creído. Y en aquella hora sanó el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.


Oración introductoria

Señor, creo en Ti, creo que caminas conmigo y me acompañas. Hoy me presento ante Ti para que bendigas mi oración y me santifiques con tu amistad. No soy digno de tanto amor, pero tu amor me da la posibilidad de acercarme a Ti, ¡muchas gracias!


Petición

Padre santo, te pido perdón por todas las veces que no creo, no espero y no amo como Tú lo mereces de mí.


Meditación del Papa 

Cuando somos nosotros solos los que encontramos al Señor, somos nosotros –digámoslo, entre comillas – los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra en nosotros, es Él el que vuelve a hacer todo de nuevo, porque esta es la venida, lo que significa cuando viene  Cristo: volver a hacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y, sobre todo, ¡para dejar que Él nos encuentre!


Pero se necesita un corazón abierto ¡para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiere decirme, ¡que no es siempre aquello que yo quiero que me diga! Él es Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es un amor concreto! De persona a persona: el Señor persona me mira a mí persona. Dejarse encontrar por el Señor es precisamente esto: ¡dejarse amar por el Señor! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 2 de diciembre de 2013, en Santa Marta).


Reflexión

El mensaje de este pasaje es un mensaje de esperanza. Sí, a nosotros que nos podemos sentir muchas veces cansados, sin ganas de seguir luchando, enfermos, afligidos o solos, se nos recuerda que Él tomó sobre sí nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.


Cristo es el médico de todos los dolores, que con sólo decir una palabra nos salva, pero el ser curados depende mucho del modo en que nos acercamos a Cristo. Y aquí es maravilloso el ejemplo que nos da el centurión. Como nosotros, se encuentra ante un problema, ante una necesidad y acude a Cristo. Se acerca con fe y confianza, como un niño se acerca a su padre. Se acerca con humildad, con la humildad del siervo que se sabe indigno. Pero ante todo se acerca con amor, amor a Dios y amor a los hombres que le hacen olvidarse de sí mismo. Pide por los demás.


Probemos a poner estos elementos cuando nos acerquemos a Jesús. Él está siempre esperándonos y basta una sola palabra y seremos curados.


Propósito

Haré una visita al Santísimo Sacramento para pedirle a Jesús que aumente mi fe y pueda, así, servir mejor a mis hermanos.


Diálogo con Cristo

Dame, Señor, la fe y la humildad del centurión. Esa humildad que nace de la fe y que da la confianza, la seguridad, de ver en todos los sucesos de la vida tu mano providente y amorosa. Dame la gracia de entregarme completamente sin reservarme nada, porque únicamente así me haré digno de tanto amor. Historia


Por: Roberto Carlos Estévez | Fuente: Catholic.net


CAPÍTULO II -- HUMILDE SUJECIÓN -- Imitación de Cristo - Kempis

 







1. No estés demasiado pendiente de lo que te suceda a favor o en contra sino busca y procura que Dios esté contigo en todo lo que haces. Ten la conciencia en paz y Dios te defenderá bien. Porque a quien El quiere ayudar ninguna maldad le puede dañar. Si tú sabes callar y sufrir sin duda verás venir el auxilio de Dios. El sabe bien cuándo y cómo liberarte y por eso te debes someter. A veces es muy conveniente, para defensa de tu propia humildad, que otros conozcan y discutan nuestros defectos.


2. Cuando alguno reconoce sus defectos aplaca con facilidad a los otros y suavemente satisface a los airados contra él. Al humilde, Dios protege y libera al humilde ama y consuela. Al humilde, Dios se inclina al humilde concede su mayores favores y después de su depresión, eleva hasta la Gloria. Al humilde le revela sus secretos y lo atrae e invita dulcemente hacia sí. El humilde, luego de reconocida su falta, se encuentra felizmente en paz porque se mantiene firme en Dios y no en el mundo. No creas que algo aprovechaste mientras no te sientas el último de todos.





jueves 25 2026

VIERNES 26 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 8, 1-4. -- SEÑOR, SI QUIERES PUEDES CURARME

 Milagros


Cristo nos consuela en nuestros sufrimientos, basta confiar en Él, nuestro Padre misericordioso que quiere nuestra felicidad.



Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 8, 1-4








Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.


Oración introductoria

Señor, yo creo en ti y en tu amor. Si quieres puedes convertir este momento de oración en una experiencia de amor que transforme toda mi vida; sé que lo puedes hacer y humildemente te suplico que lo hagas.


Petición

Jesús, cúrame de todo eso que me aparta del camino del bien porque quiero vivir en todo, y sobre todo, tu caridad.


Meditación del Papa 

El episodio de la curación del leproso se desarrolla en tres breves etapas: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús, las consecuencias de la curación prodigiosa. El leproso le suplica a Jesús, 'de rodillas' y le dice: 'Si quieres puedes purificarme'. A esta oración humilde y llena de confianza, Jesús responde con una actitud profunda de su ánimo: la compasión. La compasión es una palabra muy profunda que significa 'sufrir con el otro'.


El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por aquel hombre, acercándose a él y tocándolo. Este particular es muy importante. Jesús 'tiende la mano, lo toca... y en seguida la lepra desaparece y Él lo purifica”. La misericordia de Dios supera cada barrera y la mano de Jesús toca al leproso. Él no pone una distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio por nuestro mal. Y así justamente nuestro mal se vuelve el lugar del contacto: Él, Jesús, toma de nosotros la humanidad enferma y nosotros de Él su humanidad sana y que cura.


Esto sucede cada vez que recibimos con fe un sacramento: el Señor Jesús nos 'toca' y nos da su gracia. En este caso pensamos especialmente al sacramento de la Reconciliación, que nos cura de la lepra y del pecado. (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de febrero de 2015).


Reflexión

No hay duda que la vida de los hombres está llena de sufrimientos más o menos visibles, físicos, mentales, morales. El leproso del evangelio de hoy es una de estas miserias.


Aunque los hombres se afanen por buscar las riquezas y finjan vivir en un mundo inmortal, los signos de la muerte que cada hombre lleva en sí mismo son inevitables. Los encontramos en cada paso de nuestra vida. Drogas, matrimonios deshechos, suicidios, abusos, enfermedades y un sin fin de desgracias que hasta el hombre más famoso, más rico, más sabio y más sano conoce personalmente. Para muchas personas muchas de estas realidades son hechos de cada día. Sin embargo, ellas mismas saben que a pesar de ello se debe ir adelante en la vida lo mejor posible.


Por eso, Jesús pone en sus manos este elenco de desdichas y lo transforma en gracias y en bendiciones. Realiza milagros para que veamos que es capaz de darnos una vida que no sólo es sufrimiento sino que también hay consuelos físicos y morales que, son más profundos porque tocan el alma misma. Para esto ha venido a esta vida, para traernos un reino de amor y unión.


Basta que nosotros usemos correctamente nuestra libertad para que se realicen todas las gracias que Cristo quiere darnos. Basta confiar en Él, en su palabra que nos habla del Padre misericordioso e interesado por nuestra felicidad.


Diálogo con Cristo

Señor, yo creo en Ti, en la abundancia y gratuidad de tu amor. Dame la gracia de corresponderte con un corazón benigno y sincero, que cure la vida de los demás con mis palabras, mis acciones y mi testimonio. Ayúdame a vivir en tu luz para experimentar la alegría de sanación que viene con tu amistad.


Propósito

Orar con la ilusión y con la confianza de creer, y saber, que Dios me dará todo lo que necesito.


Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net











 


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