domingo 10 2026

LUNES 6 DE PASCUA -- Juan 15, 26-16,4.-- EL ESPÍRITU DE LA VERDAD DARÁ TESTIMONIO DE MÍ

 Pascua


Todo cristiano está llamado a dar testimonio de fe, de amor y de santidad.



Por: Xavier Caballero | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 15,26. 16,4








En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.


Oración introductoria

Creo en Ti, Señor, y te amo, por eso, parafraseando al Papa Francisco, «pido al Padre misericordioso que pueda vivir plenamente la fe que he recibido como un regalo en el día de mi bautismo para ser capaz de dar un testimonio alegre, libre y valiente de mi fe». (S.S. Francisco, 20 marzo de 2013).


Petición

Espíritu Santo, ayúdame a creer en Ti por los que no creen, a amarte por los que no te aman, y a confiar en Ti por los que no esperan en tu Palabra.


Meditación del Papa 

El Espíritu Santo, entonces, como promete Jesús, nos guía "en toda la verdad"; nos lleva no solo al encuentro con Jesús, plenitud de la Verdad, sino que nos guía "en" la Verdad, es decir, nos hace entrar en una comunión siempre más profunda con Jesús, dándonos la inteligencia de las cosas de Dios. Y esta no la podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos será superficial. La Tradición de la Iglesia afirma que el Espíritu de la verdad actúa en nuestros corazones, suscitando aquel "sentido de la fe" (sensus fidei), a través del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, indefectiblemente se adhiere a la fe transmitida, la profundiza con un juicio recto y la aplica más plenamente en la vida. Probemos a preguntarnos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le pido para que me ilumine, y me haga más sensible a las cosas de Dios?

Esta es una oración que tenemos que rezar todos los días: Espíritu Santo, haz que mi corazón esté abierto a la Palabra de Dios, que mi corazón esté abierto al bien, que mi corazón esté abierto a la belleza de Dios, todos los días. Me gustaría hacerles una pregunta a todos ustedes: ¿Cuántos de ustedes rezan cada día al Espíritu Santo?» (Homilía de S.S. Francisco, 15 de mayo de 2013).


Reflexión

Para oír basta con no estar sordo. Para escuchar hacen falta muchas otras cosas: tener un alma despierta; abrirla para recibir al que, a través de sus palabras, entre en ti; ponerte en la misma longitud de onda que el que está conversando con nosotros; olvidarnos por un momento de nosotros mismos y de nuestros pensamientos para preocuparnos por la persona y los pensamientos del prójimo. ¡Todo un arte!


Este relacionarse, «ser social», es algo propio, natural de todo hombre. "La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación". (Gaudium et Spes, nn. 24-25)


El mensaje que Jesús nos propone hoy retumba fuertemente en el mundo actual. Nos promete que nos enviará al Consolador. Nos dice que daremos testimonio de Él. Y nos previene para que no nos escandalicemos: seremos perseguidos, calumniados, e incluso, muchos morirán en su nombre. Este es el resumen del cristianismo a lo largo de dos milenios.


Un Espíritu que sopla y conforta. Un testimonio único e invaluable de caridad cristiana. Un número incontable de mártires y defensores de la fe. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un anciano no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión. El indigente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Para el parado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo por el trabajo que le pagarán. Y es que la esencia del cristianismo es la caridad. No hay tarea más hermosa que dedicarse a tender puentes hacia los hombres y hacia las cosas. Sobre todo en un tiempo en que abundan los constructores de barreras.


En un mundo de zanjas ¿Qué mejor que dedicarse a la tarea de superarlas? Ser un cristiano auténtico que sabe acoger en su alma al Espíritu Santo. Que da testimonio de Cristo en todo el mundo. Que vive la caridad y acepta el dolor por el bien de la Iglesia y del Reino de Dios.


Diálogo con Cristo

Señor, todo cristiano está llamado a dar testimonio de fe, de amor y de santidad. Ojalá que quien se acerque a nosotros se quede marcado para siempre, no por nuestra personalidad o nuestras cualidades, sino porque somos reflejo del amor de Ti al hombre, a todo hombre. Que se diga de nosotros lo mismo que se decía sobre los primeros cristianos: «¡Mirad, cómo se aman!».


Propósito

Viviré con especial intensidad este día, ofreciendo todo para que el mensaje del Año de la fe llegue a más personas.


Por: Xavier Caballero | Fuente: Catholic.net



10 DE MAYO : FELIZ DÍA DE LA MADRE ! QUE DIOS LAS CUIDE Y BENDIGA ABUNDANTEMENTE .

 






DOMINGO 10 DE MAYO DE 2026 -- LA OBEDIENCIA A DIOS









La obediencia a Dios en la Biblia Católica es la respuesta de fe por amor, no por temor, sometiendo la voluntad propia a la divina como lo hizo Cristo. Es considerada un acto de adoración y reconocimiento de la autoridad divina, que trae bendición, prosperidad, amor y confianza (Deuteronomio 28:1-2).


Fundamentos de la Obediencia en la Doctrina Católica


La Obediencia de la Fe: Según el Catecismo de la Iglesia Católica, obedecer en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada porque su verdad está garantizada por Dios.


Modelo de Cristo: Cristo aprendió obediencia por lo que padeció (Hebreos 5:8) y su obediencia nos constituyó justos (Romanos 5:19).


Amor y Mandamientos: Jesús establece la relación directa: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" (Juan 14:15).


Obediencia en la Iglesia: Incluye la obediencia a Dios a través del Magisterio y pastores, cultivando una fe madura.


Versículos Clave 


Romanos 1,5: "para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a Su nombre"


Juan 15,10: "Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor".


1 Samuel 15,22: «¿Acaso se complace el Señor en los holocaustos y víctimas tanto como en la obediencia a la voz del Señor? ¡La obediencia vale más que el sacrificio!».


Hechos 5,29: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres


Frutos y Actitud


Amor y confianza: La obediencia genera confianza, aceptación y unión con Dios.


Superación del yo: Requiere la renuncia a uno mismo y la mortificación, a menudo siendo un proceso doloroso.


Verdadera Libertad: El que obedece a Dios no se equivoca, y esta obediencia es la verdadera libertad del creyente.


En la tradición católica, la obediencia no es solo seguir reglas, sino una disposición interior de conformar la vida a la voluntad de Dios, a menudo reflejada en la humildad y la imitación de San Francisco.





sábado 09 2026

DOMINGO 6 DE PASCUA -- Juan 14, 15-21. -- YO LE AMARÉ Y ME MANIFESTARÉ A ÉL

 Pascua


Amar al Señor significa cumplir sus mandamientos, pues el amor auténtico se manifiesta en las obras.



Por: Diego Calderón | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 14 15-21








Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.


Oración introductoria

Señor, quiero encontrarme contigo en esta meditación. Una vez más me enseñas que el amor no es un simple sentimiento sino que es donación y fidelidad. Dame la gracia de amarte cumpliendo tus mandamientos y viviendo la caridad cristiana hacia mi prójimo. Ilumina mi mente, mi alma y mi corazón con la luz de tu Espíritu para que más te conozca. Te ofrezco, en este día, todos mis trabajos, cansancios y alegrías. Te pido, Padre Misericordioso, por cada uno de mis familiares. Perdóname por las veces que no he correspondido a tu amor y ayúdame a seguir luchando por amor a ti.


Petición

Jesucristo, dame la gracia de amarte cumpliendo fielmente tus mandamientos, principalmente el del amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mí mismo.


Meditación

«El pasaje evangélico de hoy (…) tiene como contexto la última Cena. El Señor Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre» (Jn 14, 15-16). Aquí se nos revela el corazón orante de Jesús, su corazón filial y fraterno. Esta oración alcanza su cima y su cumplimiento en la cruz, donde la invocación de Cristo es una cosa sola con el don total que él hace de sí mismo, y de ese modo su oración se convierte —por decirlo así— en el sello mismo de su entrega en plenitud por amor al Padre y a la humanidad» (Benedicto XVI, homilía, domingo 23 de mayo de 2010). Jesucristo en este pasaje nos habla con mucha intimidad y claridad. Amar al Señor significa cumplir sus mandamientos, pues el amor auténtico se manifiesta en las obras. El Señor conoce nuestras debilidades humanas y por eso nos vivifica y ayuda con el don del Espíritu Santo. Quienes aman a Dios tienen la gracia de reconocer sus manifestaciones de amor en la sencillez y simplicidad de la vida cotidiana.


Reflexión apostólica

Obras son amores y no buenas razones. Nosotros como católicos estamos llamados a expresar nuestro amor a Jesús a través de nuestras acciones. Cristo mismo nos ha señalado, de forma concreta, el cumplimiento de sus mandamientos que están dirigidos hacia el amor a Dios y al prójimo como a nosotros mismo. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 1). Para amar a Dios y a nuestro prójimo es necesario encontrarnos con Jesucristo en la oración. Pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine y guíe en el conocimiento y amor del Señor.


Propósito

Antes de iniciar cualquier actividad, laboral, académica o casera, invocaré al del Espíritu Santo pidiéndole la gracia de glorificar a Dios a través de mis obras.


Diálogo con Cristo

Señor, que no tenga miedo de amarte con generosidad. Inflama mi corazón con el fuego de tu Espíritu para que pueda expresarte mi amor en la fidelidad a mis compromisos cristianos y en la caridad hacia mi prójimo. Ayúdame a ser un hombre de oración y a encontrarte en todos los acontecimientos de mi vida diaria.


Siempre necesitamos que el Señor Jesús nos diga lo que repetía a menudo a sus amigos: «No tengáis miedo».

(Benedicto XVI, homilía, domingo 23 de mayo de 2010).


 Por: Diego Calderón | Fuente: Catholic.net



 



 


 





 


Traducir este sitio a tu idioma