lunes 29 2026

29 DE JUNIO -- SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES








¿Porque la Iglesia celebra la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo?

El 29 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo en honor a los dos grandes apóstoles Pedro y Pablo. San Pedro, uno de los Doce y el primero de los Apóstoles, Roca sobre la cual Cristo edificó Su Iglesia, y San Pablo “llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios” (Rom 1,1) y Apóstol a los gentiles. Juntos son honrados como fundadores de la Iglesia de Roma, habiendo sido martirizados por separado allí durante el reinado del emperador Nerón. 


“La tradición cristiana siempre ha considerado a San Pedro y San Pablo como inseparables: en efecto, juntos representan todo el Evangelio de Cristo”. (Papa Benedicto XVI)


(Ellos) comparten el mismo día de fiesta, porque estos dos eran uno; y aunque padecían en días diferentes, eran como uno. Pedro fue primero y Pablo lo siguió. Y así celebramos este día santificado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Abracemos lo que creyeron, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su predicación y su confesión de fe.


¿Cómo se celebra la fiesta de San Pedro y San Pablo?

Como todas las Solemnidades, la celebración comienza con las Vísperas en su Vigilia, la tarde del 28 de junio, y con la imagen de San Pedro en el interior de la Basílica de San Pedro vestido de pontífice. Al día siguiente, en la Misa Solemne de los Santos, el Papa bendecirá y conferirá la palia (sing.: pallium), prenda que significa el oficio de arzobispo metropolitano, a los nombrados durante el año anterior. Estos arzobispos son los obispos principales de una provincia eclesiástica, un territorio compuesto por varias diócesis, llamadas sedes sufragáneas. La Solemnidad concluirá en la Basílica de San Pablo Extramuros, rezando ante la tumba de San Pablo, típicamente con un representante de las Iglesias Orientales.


SAN PEDRO


¿Quién fue San Pedro y por qué fue importante?

San Pedro fue uno de los doce apóstoles originales de Jesús y el primer Papa. Pedro era un pescador judío antes de ser llamado a ser apóstol. Jesús cambió su nombre de Simón a Pedro (“Roca”) y le dio las llaves del reino de los cielos (Mateo 16:19), razón por la cual a menudo se representa a San Pedro con llaves.


¿Cómo llamó Jesús a San Pedro?

Pedro fue presentado a Jesús por su hermano San Andrés. Podemos leer sobre este relato en el Evangelio de Mateo:


Andando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron. -Mateo 4:18-20


San Andrés fue el primer discípulo en ser llamado por Jesús, seguido de Pedro.


¿En qué parte de la Biblia podemos leer acerca de San Pedro?

Podemos leer sobre San Pedro en el Nuevo Testamento. Pedro es mencionado 109 veces en los Evangelios, la mayor cantidad de cualquier Apóstol, así como en los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo y en los dos libros que se le atribuyen, 1 y 2 de Pedro.


¿Jesús cambió el nombre de San Pedro?

Jesús cambió el nombre de San Pedro de Simón a Pedro. También a veces es llamado por ambos, Simon Pedro. El cambio de nombre de una persona tenía un gran significado. Dios llamó a Abram y le puso por nombre Abraham, así como a su esposa Sarai, nombrándola Sara. Jacob también fue llamado Israel. Todos estos fueron eventos fundadores conectados con el Antiguo Pacto y de gran significado en la historia de la salvación. Lo mismo ocurre con el cambio de nombre de Simón. Mateo comparte su relato del evento en Mateo 16:17-19.


Y Jesús le respondió: “¡Bendito seas, Simón Bar-Jona! Porque no os lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y te digo, tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y los poderes de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.


¿Por qué Jesús llamó a Pedro una “roca”?

Como se registra en el texto griego canónico de Mateo, Jesús cambió el nombre de Simón a Pedro (Roca). Es probable que en realidad lo hizo en arameo, el idioma semítico cotidiano de los judíos de su tiempo, en cuyo caso el Señor dijo Cephas (Roca). Este nombre en realidad es citado por San Juan en Jn 1:42 y otros 8 lugares en el Nuevo Testamento. Hizo esto en Cesarea de Filipo, donde hay un enorme afloramiento de roca en la base del monte Hermón, el pico más alto de la región.


A esta denominación le sigue en el texto de Mateo el motivo: la Iglesia sería edificada sobre Pedro. Luego se le dan las Llaves de David, como un rey le daría a su designado, para ejercer autoridad en su lugar. Es justamente esa autoridad vicaria la que la Iglesia reclama para San Pedro y sus Sucesores, hasta el Papa Francisco.


¿Por qué Pedro negó a Jesús tres veces?

Cuando Jesús fue arrestado el Viernes Santo, fue llevado al Sanedrín. San Pedro fue el único Apóstol que fue allí para estar cerca de Él. Los demás no fueron, muy probablemente por miedo. Probablemente Pedro también tenía miedo, pero no podía mantenerse alejado de su Señor. 


Aprendemos de este relato en el Evangelio de Mateo:


Ahora Pedro estaba sentado afuera en el patio. Y se le acercó una criada y le dijo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé lo que decís”. Y cuando salió al pórtico, lo vio otra criada, y dijo a los que estaban presentes: “Este hombre estaba con Jesús de Nazaret”. Y de nuevo lo negó con un juramento: “No conozco al hombre”. Después de un rato, los transeúntes se acercaron y le dijeron a Pedro: “Ciertamente tú también eres uno de ellos, porque tu acento te delata”. Luego comenzó a invocar una maldición sobre sí mismo y a jurar: “No conozco al hombre”. E inmediatamente cantó el gallo. Y Pedro se acordó de las palabras de Jesús: “Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces”. Y salió y lloró amargamente.


Como nosotros, Pedro era humano. Aunque era un devoto seguidor de Jesús, en un momento de miedo y debilidad, fue tentado y tomó una decisión equivocada. Sabemos que se arrepintió inmediatamente después por la forma en que leemos que “se acordó de las palabras de Jesús”, y cómo salió y lloró amargamente.


“Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes las palabras de la vida eterna; y nosotros hemos creído, y hemos llegado a conocer, que tú eres el Santo de Dios.” – San Pedro, Juan 6:68-69


¿Cómo murió San Pedro?

San Pedro fue crucificado en el circo de Nerón en la Colina del Vaticano, en algún momento entre el 64 y el 68 d.C. Fue crucificado boca abajo porque se sentía indigno de morir de la misma manera que su Señor. Posteriormente fue enterrado en un cementerio cercano. Ese cementerio se puede ver hoy en las excavaciones debajo de la Basílica de San Pedro, y los restos de un santuario del siglo II construido sobre el lugar del entierro. En la década de 1960 se encontraron huesos que se cree que eran de Pedro conservados en su pared y hoy la caja que los contiene se puede ver en una capilla debajo del altar papal.


¿Fue San Pedro el primer Papa?

Cristo mismo nombró a San Pedro como el jefe de los Apóstoles. Desde entonces, ha habido una transmisión ininterrumpida de autoridad espiritual a los sucesores de Pedro en Roma. Ellos, a su vez, dirigen a los obispos (sucesores de los demás Apóstoles), y por tanto a todo el Pueblo de Dios. A esto se le llama sucesión apostólica, y es la garantía de la unidad de la Iglesia Católica de todo lugar y tiempo con Cristo y los Apóstoles.


¿De qué es patrono San Pedro?

San Pedro es el patrón de los pescadores, los fabricantes de redes y los constructores de barcos. Junto con San Pablo, es también el santo patrón de Roma.


domingo 28 2026

LUNES 29 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 16, 13-19 -- A TI TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS

 Solemnidades y fiestas


Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Ellos encontraron la fuerza para llevar a término su misión en la tierra.



Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19








Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles él: «Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».


Oración introductoria

Cristo, san Pedro y san Pablo, y muchos otros, dieron su vida porque creían en el amor, en la locura de tu amor que te llevó al extremo de morir en la cruz. Dame la gracia de comprender, en esta oración, que debo buscar vivir, transmitir y ser testigo de ese amor.


Petición

Dios mío, que este tiempo de oración sea una expresión de mi amor.


Meditación del Papa 

Pedro responde: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Acto seguido, Jesús pronuncia la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia: "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (...). A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos". Las tres metáforas que utiliza Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Así queda descrito con imágenes muy plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término: "primado de jurisdicción". Benedicto XVI, 7 de junio de 2006.


Reflexión

Cristo pregunta a sus apóstoles: ¿Quién dice la gente que soy yo? Pone esta pregunta sólo después de haber llevado a término su misión de enseñar lo que el Padre le ha dicho. Podría decirse que el caso ya está expuesto y ahora llega el momento de pronunciar el juicio. Sin embargo, la gente que ha visto y oído todas las pruebas necesarias para reconocerlo como Mesías, no termina por comprender sus signos. Es como si un velo cubriera sus ojos y les impidiese dar una respuesta segura y convincente: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo."


Para Pedro, al igual que para Pablo tiempo después, Cristo fue un auténtico enigma difícil de descifrar. Por ejemplo, ¿Qué pensaría Pedro al ver a su maestro caminando sobre las aguas? O ¿Cuáles sentimientos fluirían es su corazón cuando escucha de Cristo "sobre ti edificaré mi Iglesia" y más tarde le dice "apártate de mí Satanás."


Este misterio sobre Cristo lo comprenderíamos mejor con los ojos de la fe que nos da el Padre. Mientras la fe no sea le oxígeno de nuestra vida, no seremos capaces de reconocer a Cristo como el Mesías. Por esto Cristo le dice a Pedro "dichoso Tú, Pedro, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre sino mi Padre que está en el cielo."


El don de la fe se lo dona el Padre a Pedro no por mérito de Pedro ni por sus cualidades personales -era pescador- sino por su propia bondad Dios. Es el don más precioso, el de reconocer a Dios como Mesías, como la auténtica luz que guiará nuestros pasos hacia la felicidad eterna. Y gracias a la fe Pedro y Pablo encontraron la fuerza para llevar a término su misión en la tierra.


Propósito

Haré una oración especial por el Papa, pidiendo a Dios lo ilumine y lo fortalezca en su misión.


Diálogo con Cristo

Señor, siendo fiel a la Iglesia, estoy seguro que te soy fiel. Estar en comunión con el Papa es estar en comunión contigo. Por eso hoy te quiero confirmar mi amor y mi deseo de caminar siempre al paso de la Iglesia, sin poner límites a mi servicio ni a mi amor.


Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net


CAPÍTULO VII -- AMOR A JESÚS SOBRE TODO LO DEMÁS. ( Imitación de Cristo de Kempis )








1. Feliz quien sabe lo que significa querer a Jesús y darse menos importancia a sí mismo por Jesús. Conviene abandonar lo amado por el Amado porque Jesús desea que lo quieran sobretodo. El amor a otras personas u objetos es engañoso e inestable el amor a Jesús es fiel y permanente. Quien se adhiere a otras personas u objetos, por su debilidad, caerá con ellos quien se abraza con Jesús se asegurará con Él para siempre. Ama a Jesús y retenlo como amigo; aunque todos te abandonen Él no te abandonará ni dejará que te pierdas al final. De todos es necesario separarse alguna vez, quieras o no.


2. Retén contigo a Jesús, en la vida o en la muerte, y confíate en su fidelidad porque solo Él te puede ayudar cuando todos te falten. Por ser quien es, Jesús no quiere admitir a nadie más sino quiere tener tu corazón Él solo y, como un rey, acomodarse en su propio trono. Si supieras liberarte bien de todo lo que te retiene Jesús, con gusto, deberá habitar contigo. Descubrirás que vas a perder totalmente lo que pongas en los otros, fuera de Jesús. No te confíes ni te apoyes en cañas huecas porque las cosas creadas son caducas como la flor silvestre. Pronto te decepcionarás, si atiendes solamente a la apariencia de las personas. Si buscas tu tranquilidad y ganancia en los demás con frecuencia saldrás perdiendo. Si en todo buscas a Jesús hallarás a Jesús, por supuesto. Pero si sólo te buscas a ti mismo también te encontrarás, pero para tu mal. Porque más daño ocasiona uno a sí mismo si no busca a Jesús que el daño que el mundo entero y todos sus enemigos le pueden hacer.



sábado 27 2026

DOMINGO 28 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 10, 37-42. -- EL QUE NO TOMA SU CRUZ Y ME SIGUE, NO ES DIGNO DE MÍ

 Tiempo Ordinario


Sube a la cruz con el hermano que sufre y despréndete de ti mismo para hacer a los demás, una cruz más llevadera.



Por: Irving Sánchez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42








El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá".


Oración introductoria

Señor, cuánto me cuesta ver la cruz en mi vida. Me da miedo que se presente en mi vida, sobre todo cuando estoy acomodado a lo bueno que me puede ofrecer el mundo. Ayúdame a verte detrás de cada cruz en mi vida y dame la fuerza necesaria para vencer en los momentos en los que me da miedo estar solo.


Petición

Señor, hazme fiel a tu amistad y jamás permitas que me separe de ti.


Meditación

La pasión dolorosa del Señor Jesús suscita necesariamente piedad hasta en los corazones más duros, ya que es el culmen de la revelación del amor de Dios por cada uno de nosotros. Observa san Juan: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna» (Jn 3,16). Cristo murió en la cruz por amor. A lo largo de los milenios, muchedumbres de hombres y mujeres han quedado seducidos por este misterio y le han seguido, haciendo al mismo tiempo de su vida un don a los hermanos, como Él y gracias a su ayuda. Son los santos y los mártires, muchos de los cuales nos son desconocidos. También en nuestro tiempo, cuántas personas, en el silencio de su existencia cotidiana, unen sus padecimientos a los del Crucificado y se convierten en apóstoles de una auténtica renovación espiritual y social. ¿Qué sería del hombre sin Cristo? San Agustín señala: «Una inacabable miseria se hubiera apoderado de ti, si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si Él no hubiera venido al encuentro de tu muerte. Te hubieras derrumbado, si Él no te hubiera ayudado. Hubieras perecido, si Él no hubiera venido» (Sermón, 185,1). Entonces, ¿por qué no acogerlo en nuestra vida? (Benedicto XVI, Viernes Santo, 10 de Abril de 2009).


Reflexión apostólica

Jesús encontró a un cireneo que le ayudó a llegar, porque tenían miedo de que se les muriera en el camino; yo, al igual que él, puedo ayudar a que mis hermanos lleguen a Dios en lugar de crucificarlos con mis palabras y obras. Sube a la cruz con el hermano que sufre y despréndete de ti mismo para hacer a los demás, una cruz más llevadera.


Propósito

Ayudar a mi hermano en lo que necesite. (Hacer un favor con una sonrisa)


Diálogo con Cristo

Señor, ayúdame a ver la claridad de tu luz, aun detrás de la cruz. Que no sea ciego a tu amor, a tu fidelidad, a tu constante intervención en mi vida. Que ante tantas “lucecitas del pecado”, que me ofrecen una felicidad incierta, brille ante toda tu luz en mi vida. Y que, con mis obras, refleje tu luz, para que mis hermanos puedan alabarte y servirte también a ti.


Llevar el yugo de Jesús es suave, si piensas que es una distinción y no una carga. (San Ambrosio, Ps. 118 Serm. 3, 6)


Por: Irving Sánchez | Fuente: Catholic.net





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