sábado 25 2026

DOMINGO 26 DE JULIO DE 2026 -- Mateo 13, 44--52. -- EL REINO DE LOS CIELOS SE PARECE A UN TESORO

 Tiempo Ordinario


Vale la pena encontrar en Dios al único Tesoro por el cual luchar en la vida.



Por: P. Francisco Javier Arriola, LC | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44 – 52









El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».


Oración Introductoria

Señor mío y Dios mío, concédeme la gracia de encontrar el tesoro de tu Palabra para hacer crecer tu Reino en mi corazón. Vengo ante ti para mostrarte mi pobreza y para pedirte que concedas lo que más necesito para serte fiel, para amarte más y para llevarte a los demás. Concédeme una fe inquebrantable y una confianza que me haga esperarlo todo de ti, mi único Bien.


Petición

Jesus manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Haz que mis sentimientos sean los tuyos, que mis pensamientos sean los tuyos y que mi voluntad sea la tuya para agradarte a ti y edificar a los demás.


Meditación

Cada uno de nosotros somos un negociante de perlas finas. En la vida vamos buscando las más bellas y las mejores. Las buscamos en la felicidad, en nuestras relaciones con nuestros familiares y amigos, en el trabajo y también en el éxito de cada una de nuestras obras. Pero estas joyas carecen de valor cuando descubrimos que sólo una las supera en belleza y precio. Ese diamante precioso de valor incalculable será siempre Dios, que brilla en cada uno de sus lados: su Palabra en el Evangelio, su gracia, sus dones, sus virtudes, la vida eterna.


Si somos buenos comerciantes, seremos capaces de vender todo con tal de adquirir el campo donde hemos encontrado la joya que verdaderamente vale. Y en términos de inversiones, la herencia por la que hay que luchar en la vida es la eterna: ¡hay que invertir en el cielo! San Pablo nos dice que si hemos resucitado con Cristo, busquemos las cosas de arriba, donde no hay ni ladrones ni polilla que pueda corroer nuestro tesoro.


¿Cuáles son nuestras joyas? ¿Dónde está nuestro tesoro? ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Dónde queremos que esté? Puesto en lo que no pasará, porque no queremos cosas que perecen y se acaban. Deseamos llevarnos lo único que podemos tener después de la muerte: nuestras buenas obras y el amor con que hemos vivido y que hemos transmitido a los demás. Por este motivo, hay que escoger, como dice el pasaje del Evangelio, lo bueno y tirar lo malo. Hay que desechar de nuestra vida lo que no agrada a Dios, lo que hiere a las demás personas que nos rodean y guardar lo que realmente sirve, en el “cesto” que llevaremos con nosotros mismos y que presentaremos delante de Dios. ¿Ya está lleno o aún falta? Pues comencemos a trabajar por este Reino porque aún es tiempo de merecer.


Reflexión Apostólica

Cristo trata de ilustrar con ejemplos y escenas de la vida diaria lo que podría compararse con el Reino de los cielos al que Él se refiere. La gente de entonces lo entendía bien porque se dedicaban a esos menesteres. Hoy también entendemos los ejemplos de Jesús, pero el materialismo, el hedonismo y la falta de sentido no nos dejan aplicarnos a trabajar por este Reino de los cielos. Parece que entendemos mucho pero trabajamos poco.


Hay que trabajar para la eternidad. San Pablo dice que “quien sembrare en su carne, de la carne cosechará la corrupción; pero quien siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna” (Gal 6, 8). Este es el tesoro que todos buscamos: gozar de Dios en la felicidad eterna, pero que no acertamos a encontrarlo porque para poseerlo, primero hay que creer en él sin verlo. Quien encuentra el tesoro escondido, es capaz de dejarlo todo por conseguirlo; quien encuentra la perla fina, nunca la vuelve a dejar; quien ha obtenido el trabajo de una buena pesca, sabrá desechar lo malo y quedarse con lo bueno. Los santos han constatado que esto es real y verdadero. Si buscamos, hay que estar seguros de que encontraremos, porque el comenzar a buscar a Dios es haberlo encontrado ya (cfr. San Agustín).


Propósito

Al final del día haré un breve balance para ver en qué cosas he buscado a Dios y en cuáles me he buscado a mí mismo. De este modo presentaré a Dios lo las buenas obras y pediré perdón por las que le pudieron haber ofendido.


Diálogo con Cristo

Oh sacratísimo Corazón de Jesús que estás inflamado de amor por mí, concédeme abrirte mi corazón para que lo enciendas de amor por ti. Ayúdame, Señor, valorar mi vida de cara a la eternidad, para que así no pueda menos que trabajar por tu gloria y buscar las cosas del cielo, donde me tienes un lugar que me has ganado por tu pasión, muerte y resurrección. Quiero encontrarte, Señor, sé Tú mi tesoro por el cual venda todo mi pecado a cambio de tu gracia. Quiero poseerte, se Tú mi piedra preciosa, mi pesca milagrosa y el puerto seguro al que me lleve tu mano amorosa para gozar de ti por toda la eternidad.


«Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta» Santa Teresa de Jesús, Poesías, 30.


 Por: P. Francisco Javier Arriola, LC | Fuente: Catholic.net



 


 

¿ CUÁLES SON LOS LIBROS MÁS FAMOSOS QUE SE HAN ESCRITO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN ?








Los libros más famosos y trascendentales escritos sobre la Santísima Virgen María combinan teología profunda, mística y piedad popular. La obra cumbre y más universalmente reconocida en la historia católica es el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, redactado por San Luis María Grignion de Montfort.


A continuación se detallan las obras más célebres de la literatura mariana, organizadas por su enfoque espiritual:


Clásicos de Espiritualidad y Consagración


Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen (San Luis María Grignion de Montfort): Considerado el manual definitivo sobre la consagración total a Jesús por medio de María. Fue la base del lema pontificio de San Juan Pablo II ("Totus Tuus").


El secreto de María (San Luis María Grignion de Montfort): Una versión más breve, directa y sencilla que expone el camino rápido y seguro para encontrar la gracia divina a través de la Virgen.


Las glorias de María (San Alfonso María de Ligorio): Una defensa teológica y pastoral de los privilegios de la Virgen basada en la oración de la Salve Regina. Es rica en ejemplos históricos y doctrinales sobre su papel como Madre de la Misericordia.


Imitación de María (Tomás de Kempis): Siguiendo la estructura del famoso clásico Imitación de Cristo, recopila reflexiones sobre cómo copiar las virtudes y el silencio de la Virgen.


Revelaciones Místicas y Biografías


Mística Ciudad de Dios (Sor María de Jesús de Ágreda): Una colosal obra mística del siglo XVII que narra de forma detallada la vida interna de la Virgen María y los misterios divinos que le fueron revelados a la autora.


La Vida de la Virgen María (Beata Ana Catalina Emmerick): Recopilación de las visiones sobrenaturales de esta estigmatizada alemana, las cuales describen el nacimiento, la vida cotidiana en Nazaret y la Asunción de la Virgen con impresionante realismo.


Teología y Apologética Moderna


Dios te salve, Reina y Madre (Scott Hahn): El célebre teólogo ex-pastor protestante explica de manera brillante las raíces bíblicas del dogma mariano, vinculando a María con Eva, el Arca de la Alianza y la Reina Madre del Antiguo Testamento.


El primer amor del mundo (Fulton J. Sheen): Una conmovedor análisis del Arzobispo Sheen que explora la figura de la Virgen María como el ideal perfecto de mujer que Dios diseñó desde antes de la creación del mundo.




25 DE JULIO : FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL










Hijo de Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista. Estuvo con Pedro y Juan fue testigo de la Transfiguración del Señor y de su agonía en el Getsemaní. Fue el primero de los Apóstoles en recibir la corona del martirio, siendo Decapitado por Herodes Agripa, poco antes de la celebración de la fiesta de la Pascua.


Biografía

Hoy celebramos la festividad de Santiago Apóstol. Él es llamado Santiago el Mayor con el fin de distinguirlo de otro Santiago, quien fue el autor de la Epístola de Santiago y otro de los apóstoles de Nuestro Señor. Se le dice "el Mayor", simplemente porque se convirtió en un discípulo antes que el otro Santiago.


Según algunos historiadores y tradiciones, Santiago el Mayor puede haber sido un primo de Jesús. Santiago el Mayor era el hijo de Zebedeo y Salomé, hermano de San Juan Apóstol. Pescadores como su padre.


Su encuentro y vida con Jesús de Nazaret

Santiago, Juan, Pedro y Andrés, eran pescadores de Betsaida, en la orilla norte del Mar de Galilea. Nuestro Señor llamó a Simón Pedro y Andrés y les dijo: "Vengan conmigo y yo los haré pescadores de hombres" (Mt. 4,19) Y, a continuación, el Señor se dirigió a Santiago el Mayor y a su hermano Juan y al instante ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Ellos le ayudarán a difundir la buena nueva del reino de Dios. Zebedeo vio como sus dos hijos abandonaron el barco y sus redes para seguir a Jesús.


Junto con San Pedro y San Juan, Santiago se convertiría en un compañero especial de Jesús. Ellos tres, fueron uno de los pocos testigos presentes durante la Transfiguración de Nuestro Señor en el monte Tabor, lo vieron brillar como el sol, con sus ropas blancas como la nieve. Entonces oyeron la voz de Dios diciéndole que era su hijo amado. También estuvo presente durante el milagro de la resurrección de la hija de Jairo, y de la agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní antes de su pasión.


El Evangelio de San Mateo nos narra que el Jueves Santo, la noche antes de morir, Jesús llevó a sus tres apóstoles amados a un lugar tranquilo para orar con Él en el huerto de Getsemaní. Pedro, Santiago y Juan vieron cómo el rostro de Jesús se puso de una tristeza de muerte por el dolor. Luego, en su gran dolor y agonía, su frente comenzó a sudar gotas de sangre.


En esa ocasión, los apóstoles estaban muy cansados y se quedaron dormidos. Cuando los enemigos de Jesús finalmente vinieron a llevárselo, Santiago corrió de miedo y abandonó a Jesús durante su pasión. Él nos estuvo presente el Viernes Santo, cuando Jesús exhalaba su último aliento al morir en la cruz. Pero luego, en la tarde de Pascua, Jesús se apareció a sus apóstoles de nuevo. El Jesús resucitado entró por la puerta cerrada con llave y le dijo: "La Paz esté con ustedes"


Santiago el Mayor y todos los demás apóstoles encontrarían el verdadero significado de la paz después de que el Espíritu Santo vino sobre ellos el día de Pentecostés.


Santiago Apóstol, "Hijo del Trueno"

Santiago y su hermano Juan, desde un principio, eran muy impulsivos y apasionados. Esto lo vemos cuando Jesús y sus discípulos se dirigían a Jerusalén y envió mensajeros por delante al pueblo de samaria para que prepararan para su paso; pero los samaritanos no le dieron una bienvenida a Jesús,


El Evangelio según San Lucas (9,54-55) narra que Santiago y Juan le hicieron una petición extraña a Jesús: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?" Pero él se dio vuelta y los reprendió.


Jesús no permitió que estas imperfecciones en los caracteres de estos apóstoles interfirieran con la misión que Él les encomendaría. Como algo curioso Jesús fue, quien por cariño, les da el apodo de "hijos del trueno" ya que Él reconoció su fuego y su pasión (Marcos 3,17).


Santiago Apóstol, el Misionero

Según cuentan diversas tradiciones en España, se afirma que Santiago, después de Pentecostés, viajó a ese país como misionero y allí difundiría la buena nueva durante siete años.


Debido a la larga tradición de que Santiago el Mayor, fue de misionero y predicó la verdad en España, él es el santo patrón de todos los peregrinos.


Cada 24 de julio, muchas personas peregrinan a Santiago de Compostela, en España, el tercer santuario más grande de toda la cristiandad. Según cuenta la tradición, su cuerpo fue llevado por los ángeles cuando fue asesinado, y se embarcó en un barco hacia España


En el siglo IX, una estrella en el cielo reveló la ubicación de la tumba del Apóstol Santiago. Allí fue construido su Santuario, la Catedral de Compostela. Debajo del altar descansa los restos del Apóstol Santiago el Mayor. Algunas personas no creen que los restos sean realmente los suyos; Sin embargo, el Papa León XIII en 1884, en una bula, aceptó la autenticidad de estas reliquias.


Santiago Apóstol, el primer apóstol martirizado

Fue el primero de los Doce Apóstoles de Jesús que sufriría el martirio. Podemos afirmar que Santiago llevó su predicación con el mismo ardor y pasión que le valió el apodo de "hijo del trueno". Es probable que este mismo fuego y pasión que llevó a su martirio en el 44 D.C. a manos de Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande, quien fue responsable de la muerte de los Santos Inocentes, según consta en el Evangelio de San Mateo (2,16)


En el libro de los Hechos (12,1-3) leemos: "Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro"


Santiago se representa en el arte con la figura del peregrino. También se representa con una espada, ya que por una espada fue la que recibió la corona de su martirio.






viernes 24 2026

SÁBADO 25 DE JULIO DE 2026 -- Mateo 20, 20-28 -- UNO A TU DERECHA Y OTRO A TU IZQUIERDA EN TU REINO

Fiesta de Santiago Apóstol. Consolidemos nuestra fe en el ruego sincero a Dios antes de afrontar nuestra pequeña gran cruz.



Por: José Fernández de Mesa | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 20, 20-28








Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Ella le dice: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Le dicen: «Sí, podemos». Les dijo Jesús: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».


Oración preparatoria

Señor, te pido humildemente tu gracia, que es lo único que realmente importa y necesito. Soy todo tuyo, sin reserva alguna. Dame un corazón desinteresado que se consuma sólo por tu amor.


Petición

Señor, concédeme vivir en este día con la ilusión de entregarme y de servirte en los demás.


Meditación del Papa 

Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando se aprovecha de Jesús, pensando en 'el poder'. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía, querían el poder. 


Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder.


Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del estupor  religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal.


Esta fue también la propuesta del diablo a Jesús en las tentaciones. Una la del pan, la otra la del espectáculo: Vamos a hacer un gran espectáculo, así todas las personas van a creer en ti. Y la tercera, la apostasía, es decir, la adoración de los ídolos. Y esta es una tentación diaria de los cristianos, nuestra, de todos los que son de la Iglesia: la tentación no del poder, de la potencia del Espíritu, sino la tentación del poder mundano. (Cf S.S. Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta).


Reflexión

Ellos aún no comprendían el modo extraordinario con el que  Cristo iniciaba la preparación del Reino de Dios. Quizás ellos también como los otros discípulos imaginaron que antes o después Cristo reivindicaría el poder sobre los hombres, para después administrarlo con aquella infinita sabiduría y compasión que demostró en las muchas regiones de Israel. Pero, una vez más, después de la rara intercesión de la madre de los hijos de Zebedeo, Jesús habla de una "copa que beber".


Si el que ha creado el universo ha asumido la naturaleza de sus mismas criaturas para quererlas, servirlas y salvarlas, humillándose hasta la muerte de cruz, del mismo modo quien elige seguir las huellas del Maestro tendrá que aprender a servir, a dejar que el poder del mundo lo humille y lo desprecie.


Quien quiere de verdad beber la copa de Cristo, acompañarlo a llevar la cruz del dolor a este mundo y aliviar los sufrimientos de sus hermanos, tiene que conocer lo que significa realmente sufrir y servir con generosidad. ¿Estamos listos también a hacer nuestra parte? Consolidemos nuestra fe en el ruego sincero a Dios antes de afrontar nuestra pequeña gran cruz.


Propósito

Servir con alegría y amor, especialmente a aquellos que más necesitan de mi atención.


Diálogo con Cristo

Señor, mi vocación de discípulo y misionero es una vocación al servicio. Ayúdame a rezar, a predicar, a sacrificarme para que Tú seas más amado. Dame tu gracia para poder caracterizarme por el servicio abnegado y eficaz del prójimo. Vivir con plenitud, con profundidad procurando que todas mis obras se caractericen por el servicio generoso.


Por: José Fernández de Mesa | Fuente: Catholic.net


Traducir este sitio a tu idioma