domingo 03 2026

3 DE MAYO -- DÍA DE LA SANTA CRUZ

 








Cada 3 de mayo, en muchos lugares -especialmente de Iberoamérica- se conmemora la “Fiesta de las Cruces” o “el día de la Cruz de Mayo”, una hermosa y muy arraigada tradición católica llena de expresiones de religiosidad popular en honor al símbolo mayor de la cristiandad: la cruz.


Sus raíces históricas se extienden hasta los tiempos del cristianismo primitivo, en Jerusalén, donde surgió la veneración a la cruz de Cristo. No obstante es durante el siglo XVII, en España, cuando la devoción a la cruz cobra una fuerza e impulso renovado. Hoy, con el mismo cariño y cuidado, los devotos, repartidos por el mundo, conservan muchas de las antiguas prácticas y tradiciones.


La ‘Invención’ de la Santa Cruz

En el rito romano esta festividad recibe el nombre de ‘Invención de la Santa Cruz', en alusión al hallazgo del madero en el que Cristo fue crucificado. La voz ‘invención’ es la traducción del término latino ‘invenio’, cuyo significado es ‘descubrimiento’. Precisamente es eso lo que se celebra: el descubrimiento de la cruz de Cristo por Santa Elena (c.250-330), ocurrido el 3 de mayo de 366.


Esta festividad, como se ha señalado, recibe también el nombre de ‘Día de la Cruz’ o ‘Día de la Santa Cruz’.


Con especial fervor, las celebraciones se realizan en ciudades de España, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú; Trinidad y Tobago, Argentina, Colombia y Venezuela. En cada ciudad, los lugareños suelen intervenir el espacio público con cruces cubiertas de coloridas flores, mientras que por las calles se realizan procesiones, bailes o desfiles. También se llevan a cabo peregrinaciones o caminatas hacia la cumbre de alguna montaña que esté coronada por una cruz. Allí, entre cantos y oraciones, los fieles colocan  arreglos florales o “visten" (adornan) la cruz.



sábado 02 2026

DOMINGO 5 DE PASCUA -- Jn 14,1-12 -- « ¡ VERDAD, CAMINO Y VIDA ! »

 Pascua


Como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo.



Por: Miguel Escobar | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12








No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y a donde yo voy sabéis el camino». Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.


Oración introductoria

Padre de bondad, que en tu hijo nos has dicho palabras de vida eterna, enséñanos a leer toda la escritura a la luz de su persona y misterio, porque él es la palabra en la que se resumen y tienen sentido todas las demás palabras. Ilumina mi mente y fortalece mi corazón para seguir sólo a Cristo y no dejarme encandilar por ídolos falsos.


Petición

Señor que te busque siempre con ansia para que seas tú el único sostén de mi vida.


Meditación

Para poder comprender la importancia fundamental que tiene, en el desarrollo de la vida cristiana, el afán por adquirir la paz del corazón, en primer lugar debemos convencernos que todo el bien que podamos hacer viene de Dios, “Sin mí no podéis hacer nada”(Jn 15, 5). No ha dicho: no podéis hacer gran cosa, sino “no podéis hacer nada”. Es necesario que estemos bien persuadidos de esta verdad y para que sea una experiencia de todo nuestro ser habremos de pasar por frecuentes fracasos, pruebas y humillaciones permitidas por Dios. Él podría ahorrarnos todas esas pruebas, pero son necesarias para que nos demos cuenta de nuestra radical impotencia. Sólo Cristo es el camino la verdad y la vida, sólo unidos a él podremos alcanzar la paz del alma, pero es necesario dejarle actuar en nuestras vidas.


Reflexión apostólica

Sólo quien se alimenta de las palabras y de la vida de Cristo y a ejemplo de Él busca la voluntad de su Padre en la vida puede ser capaz de resistir a las tempestades y gozar de una paz interior. Quien goza de esa paz interior puede comunicarla en el corazón de muchas otras personas. Cómo cristianos estamos llamados a una constante lucha y a una resistencia ante las batallas que el mundo nos ofrece, son necesarias a veces muchas derrotas hasta que decidimos optar por Él


Cuando por fin comenzamos a gozar de su amistad, y vivir según su verdad experimentamos la paz, y es entonces cuando nos lanza un nuevo reto: ser apóstoles con nuestros hermanos y familiares para convertirnos así en fermento positivo y ayudar a transformar la sociedad.


Propósito

Buscaré vivir alguna actividad de mi día pensando en cómo la hubiera vivido Cristo.


Diálogo con Cristo

Señor Jesucristo, tú conoces mi corazón, sabes que a veces es como un barco sin dirección, ayúdame a calar en mi corazón el amor por tu Padre y el deseo de caminar siempre junto a ti, en la verdad de tu palabra. Que me convenza de lo mucho que gano amándote y lo vacío que me quedo cuando me busco saciar mi corazón con los ideales que me propone el mundo.


Enciende en mí una llama que trasmita con mi testimonio el deseo de conocerte y amarte. Y que por mí muchas personas lleguen a conocerte. Así sea.


“Como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo: somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino”

(Benedicto XVI, 5 de abril de 2010).


 Por: Miguel Escobar | Fuente: Catholic.net



 



 




SÁBADO 2 DE MAYO 2026 -- ¿ ADORACIÓN O VENERACIÓN ?

 







6 motivos (bíblicos) por los cuales los católicos veneramos a la Virgen María

 

 

Por: Ailín Fessler | Fuente: Catholic-link.com

 

 

 

 

Muchas veces escuchamos decir que adoramos a la Virgen María, o algunos no entienden por qué rezamos frente a imágenes de la Virgen o de los santos, cuando «la Biblia lo prohíbe». En este post intentaremos aclarar todas esas dudas para que puedas responder con fundamentos bíblicos la próxima vez que alguien lo pregunte.

 

La adoración, también conocida como «latría», debe ser rendida únicamente a Dios por ser Señor de todo lo creado, fuente de Bien, Sabiduría y Misericordia infinitas y Salvador nuestro. «Adorar a Dios es reconocer, en el respeto y la sumisión absoluta, la “nada de la criatura”, que sólo existe por Dios (…) es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace María en el Magnificat, confesando con gratitud que él ha hecho grandes cosas y que su nombre es santo (cf Lc 1,46-49). La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo» (Catecismo de la Iglesia Católica, número 2097). En contraposición, la idolatría consiste de divinizar todo aquello que no es Dios.

 

Por otro lado, la veneración destinada a la Virgen María, a los santos o a los bienes materiales que a ellos les pertenecieron, no tiene como fin a ellos mismos sino a Dios. Como católicos veneramos a la Virgen María, conocido como «hiperdulía», en razón de la excelencia de sus virtudes por sobre los demás santos. Y veneramos a los santos, conocido como «dulía», reconociendo que todo lo que han recibido es un regalo de Dios y ellos son solamente un reflejo de las perfecciones divinas obtenidas por los méritos de Cristo en la Cruz.

 

Es decir, los católicos adoramos únicamente a Dios. No adoramos imágenes, ni estatuas, sino que veneramos lo que ellas representan y no a ellas por sí mismas. ¿Acaso las madres no llevan las fotos de sus hijos en sus billeteras? Sin embargo, ellas no aman la foto, sino que aman a quienes se encuentran en ellas. Del mismo modo, los católicos amamos a la Virgen María independientemente de que esté o no en una imagen, porque Ella nos conduce a Dios.

 

La Biblia puede interpretarse fuera de contexto o de manera incompleta, por ejemplo, en Éxodo 20,4 encontramos que dice: «No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás.» Sin embargo, si continuamos leyendo, en Éxodo 25:18 encontraremos que Dios dice a Moisés: «Harás también dos querubines de oro, labrados a martillo los harás, en los dos cabos de la cubierta». Otros ejemplos de este estilo lo vemos en Números 21,8 y en 1 Crónicas 28:18-19 donde Dios manda construir imágenes como símbolos de salvación, pero no como salvación en sí mismas, ya que nuestra única salvación está en Cristo Jesús.

Habiendo aclarado lo anterior, compartimos seis motivos bíblicos por los cuales los católicos rezamos y amamos a la Virgen María:

 

1. Es madre nuestra

Juan 19, 26-27: «Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa». Jesús nos deja a María como nuestra madre. Siendo Juan el modelo de todo discípulo nos enseña que quien acoge a Jesús, debe acoger también a Su Madre. Es curioso que en Juan 21, 25 se lea «hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir». Es decir, de todo lo importante que Jesús ha hecho, Juan ha considerado este hecho tan importante que debía ser digno de escribirse.

 

2. Es la madre de Jesucristo

Mateo 1, 16: «Y Jacob engendró a José, marido de María, de quien nació Jesús, el que es llamado el Cristo». Mateo 1, 18: «Y el nacimiento de Jesucristo fue así: Estando María, su madre, desposada con José, antes que se unieran, se halló que había concebido del Espíritu Santo». Gracias a su gran Sí y a su total confianza en la voluntad de Dios, tenemos a nuestro Salvador Jesucristo, a través de Quien todos podemos llegar al Padre.

 

3. Es bendita entre todas las mujeres

Lucas 1, 26-28: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres». Lucas 1, 41 – 42: «Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando a gran voz y dijo: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!». Si Dios mismo mediante el ángel y mediante el Espíritu Santo la llama «bendita», ¿Cómo no hacerlo también nosotros?. Una manera de demostrarle nuestro amor y agradecimiento, es rezando con esas mismas palabras el Ave María.

 

4. Es la bienaventurada de generación en generación

Como respuesta al saludo de Isabel, María responde: «Desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada» (Lucas 1, 48). Las numerosas devociones marianas que hay por el mundo son una muestra de que se ha cumplido lo dicho por nuestra madre María.

 

5. María es mediadora ante su Hijo Jesucristo

En las bodas de Caná ocurre que «(…) faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino»(Juan 2, 3). Este sencillo gesto nos demuestra que María siempre está atenta a nuestras necesidades e intercede por nosotros ante Jesús. Y si bien la Biblia dice que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres, no significa que María no pueda interceder por nosotros o que no podamos orar los unos por los otros, como pide la Biblia en Santiago 5, 16 o en 1 Timoteo 2, 1.

 

6. María nos conduce a Dios

Aunque María sea la más excelsa entre todas las criaturas, una verdadera devoción mariana no debe quedarse en Ella sino que debe conducirnos a su Hijo Jesucristo. Como nuestra Madre quiere el mayor bien para nosotros, sus hijos, y por eso nos dice: «Hagan todo lo que Él les diga» (Juan 2,5).

 

Por: Ailín Fessler | Fuente: Catholic-link.com

 

 

 

 

 

 

viernes 01 2026

SÁBADO 4 DE PASCUA -- Juan 14, 7-14.-- «TODO LO QUE PIDAN EN MI NOMBRE, YO LO HARÉ»

 Pascua


La invitación del Señor a encontrarse con Él se dirige a cada uno de ustedes, en cualquier lugar o situación en que se encuentre.



Por: Miguel Ángel Andrés | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 14, 7-14








En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.


Oración introductoria

Dios Padre, te pido por intercesión de tu Hijo Jesucristo, que me des la sabiduría y la fortaleza para dejar que el Espíritu Santo actúe en mí, para que esta oración sea un diálogo personal con tu Hijo Jesucristo, que me quiere decir lo mucho que me amas.


Petición

Señor, aumenta mi fe para vivir siempre como hijo tuyo.


Meditación del Papa 

Y cuando uno de los discípulos de Jesús le preguntó: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”, el Maestro respondió: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. La invitación del Señor a encontrarse con Él se dirige a cada uno de ustedes, en cualquier lugar o situación en que se encuentre. Basta «tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él. Todos somos pecadores, necesitados de ser purificados por el Señor. Pero basta dar un pequeño paso hacia Jesús para descubrir que Él nos espera siempre con los brazos abiertos, sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación, ocasión privilegiada para encontrar la misericordia divina que purifica y recrea nuestros corazones.


Sí, queridos jóvenes, el Señor quiere encontrarse con nosotros, quiere dejarnos "ver" su rostro. Me preguntarán: "Pero, ¿cómo?". También Santa Teresa de Ávila, desde pequeña decía a sus padres: “Quiero ver a Dios”. Después descubrió el camino de la oración, que describió como “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. Por eso, les pregunto: ¿rezan? ¿Saben que pueden hablar con Jesús, con el Padre, con el Espíritu Santo, como se habla con un amigo? Y no un amigo cualquiera, sino el mejor amigo, el amigo de más confianza. Prueben a hacerlo, con sencillez. Descubrirán lo que un campesino de Ars decía a su santo Cura: Cuando estoy rezando ante el Sagrario, “yo le miro y Él me mira”.(S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).


La invitación del Señor a encontrarse con Él se dirige a cada uno de ustedes, en cualquier lugar o situación en que se encuentre. Basta «tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él » (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 3).Todos somos pecadores, necesitados de ser purificados por el Señor. Pero basta dar un pequeño paso hacia Jesús para descubrir que Él nos espera siempre con los brazos abiertos, sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación, ocasión privilegiada para encontrar la misericordia divina que purifica y recrea nuestros corazones. (Homilía de S.S. Francisco, 17 de febrero de 2015).


Reflexión

"La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre" (Gaudium et Spes 1) El Santo Padre describe al cristiano como un hombre que camina hacia la casa del Padre. Esta meta es la que explica y rige todo su obrar.


¡Queremos ver al Padre! Con esas palabras el cristiano recorre la vida como un verdadero hijo de Dios, como hombre resucitado. De ahí nace un caminar alegre y lleno de esperanza. Bajo ese deseo los mártires pudieron soportar los más atroces tormentos. Y está claro el porqué, pues no es sólo un deseo humano noble y bueno, sino una ayuda continua del Espíritu Santo. Como dicen algunos cantos, él es la mano de Dios que cura al hijo enfermo cuando éste lo necesita, consuela al afligido, fortalece al débil y cuida al que ya avanza por la vía que conduce al cielo.


Cristo, con su muerte y resurrección, nos ha donado y asegurado esta esperanza y esta asistencia. No divaguemos más en nuestro caminar. Vayamos a la oración y pidamos al Padre que nos permita vivir con el deseo de llegar a Él al final de la vida, amparados por su misericordia y guiados por su Espíritu de Amor.


Propósito

Orar para pedir la gracia de demostrar mi gratitud a Dios por su infinito amor,


Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, porque no sólo me has hecho miembro de tu familia, sino que me permites tener una relación íntima con Jesucristo. La transformación de mi vida, en clave del amor, nunca la podré lograr sin tu gracia, sin la acción del Espíritu Santo en mi vida, por eso hoy te quiero ofrecer el propósito de orar, de orar mucho, para ser dócil a tu gracia.


Por: Miguel Ángel Andrés | Fuente: Catholic.net



 


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