domingo 28 2026

CAPÍTULO VII -- AMOR A JESÚS SOBRE TODO LO DEMÁS. ( Imitación de Cristo de Kempis )








1. Feliz quien sabe lo que significa querer a Jesús y darse menos importancia a sí mismo por Jesús. Conviene abandonar lo amado por el Amado porque Jesús desea que lo quieran sobretodo. El amor a otras personas u objetos es engañoso e inestable el amor a Jesús es fiel y permanente. Quien se adhiere a otras personas u objetos, por su debilidad, caerá con ellos quien se abraza con Jesús se asegurará con Él para siempre. Ama a Jesús y retenlo como amigo; aunque todos te abandonen Él no te abandonará ni dejará que te pierdas al final. De todos es necesario separarse alguna vez, quieras o no.


2. Retén contigo a Jesús, en la vida o en la muerte, y confíate en su fidelidad porque solo Él te puede ayudar cuando todos te falten. Por ser quien es, Jesús no quiere admitir a nadie más sino quiere tener tu corazón Él solo y, como un rey, acomodarse en su propio trono. Si supieras liberarte bien de todo lo que te retiene Jesús, con gusto, deberá habitar contigo. Descubrirás que vas a perder totalmente lo que pongas en los otros, fuera de Jesús. No te confíes ni te apoyes en cañas huecas porque las cosas creadas son caducas como la flor silvestre. Pronto te decepcionarás, si atiendes solamente a la apariencia de las personas. Si buscas tu tranquilidad y ganancia en los demás con frecuencia saldrás perdiendo. Si en todo buscas a Jesús hallarás a Jesús, por supuesto. Pero si sólo te buscas a ti mismo también te encontrarás, pero para tu mal. Porque más daño ocasiona uno a sí mismo si no busca a Jesús que el daño que el mundo entero y todos sus enemigos le pueden hacer.



sábado 27 2026

DOMINGO 28 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 10, 37-42. -- EL QUE NO TOMA SU CRUZ Y ME SIGUE, NO ES DIGNO DE MÍ

 Tiempo Ordinario


Sube a la cruz con el hermano que sufre y despréndete de ti mismo para hacer a los demás, una cruz más llevadera.



Por: Irving Sánchez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42








El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá".


Oración introductoria

Señor, cuánto me cuesta ver la cruz en mi vida. Me da miedo que se presente en mi vida, sobre todo cuando estoy acomodado a lo bueno que me puede ofrecer el mundo. Ayúdame a verte detrás de cada cruz en mi vida y dame la fuerza necesaria para vencer en los momentos en los que me da miedo estar solo.


Petición

Señor, hazme fiel a tu amistad y jamás permitas que me separe de ti.


Meditación

La pasión dolorosa del Señor Jesús suscita necesariamente piedad hasta en los corazones más duros, ya que es el culmen de la revelación del amor de Dios por cada uno de nosotros. Observa san Juan: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna» (Jn 3,16). Cristo murió en la cruz por amor. A lo largo de los milenios, muchedumbres de hombres y mujeres han quedado seducidos por este misterio y le han seguido, haciendo al mismo tiempo de su vida un don a los hermanos, como Él y gracias a su ayuda. Son los santos y los mártires, muchos de los cuales nos son desconocidos. También en nuestro tiempo, cuántas personas, en el silencio de su existencia cotidiana, unen sus padecimientos a los del Crucificado y se convierten en apóstoles de una auténtica renovación espiritual y social. ¿Qué sería del hombre sin Cristo? San Agustín señala: «Una inacabable miseria se hubiera apoderado de ti, si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si Él no hubiera venido al encuentro de tu muerte. Te hubieras derrumbado, si Él no te hubiera ayudado. Hubieras perecido, si Él no hubiera venido» (Sermón, 185,1). Entonces, ¿por qué no acogerlo en nuestra vida? (Benedicto XVI, Viernes Santo, 10 de Abril de 2009).


Reflexión apostólica

Jesús encontró a un cireneo que le ayudó a llegar, porque tenían miedo de que se les muriera en el camino; yo, al igual que él, puedo ayudar a que mis hermanos lleguen a Dios en lugar de crucificarlos con mis palabras y obras. Sube a la cruz con el hermano que sufre y despréndete de ti mismo para hacer a los demás, una cruz más llevadera.


Propósito

Ayudar a mi hermano en lo que necesite. (Hacer un favor con una sonrisa)


Diálogo con Cristo

Señor, ayúdame a ver la claridad de tu luz, aun detrás de la cruz. Que no sea ciego a tu amor, a tu fidelidad, a tu constante intervención en mi vida. Que ante tantas “lucecitas del pecado”, que me ofrecen una felicidad incierta, brille ante toda tu luz en mi vida. Y que, con mis obras, refleje tu luz, para que mis hermanos puedan alabarte y servirte también a ti.


Llevar el yugo de Jesús es suave, si piensas que es una distinción y no una carga. (San Ambrosio, Ps. 118 Serm. 3, 6)


Por: Irving Sánchez | Fuente: Catholic.net





ORACIÓN POR VENEZUELA -- A NUESTRA SEÑORA DE COROMOTO EN TIEMPOS DE DIFICULTAD

 







Oh, Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto, Patrona y Madre amorosa de Venezuela.  Acudimos a ti en esta hora de angustia y dolor, cuando la tierra ha temblado y el miedo ha visitado nuestros hogares.

Madre nuestra, te suplicamos que extiendas tu manto protector sobre toda la nación venezolana. Consuela a las familias que han perdido a sus seres queridos, da fortaleza y pronta sanación a los heridos, y abre los corazones de la solidaridad y la caridad para quienes han perdido sus hogares.

Tú, que guiaste los pasos de tus hijos hacia la gracia, sé nuestro refugio y nuestra esperanza ante el desastre. Sostén con tu amor a quienes trabajan entre los escombros y a los equipos de rescate.

Llena nuestros corazones de paz, ahuyenta el temor y concédenos la fortaleza necesaria para levantarnos con fe y esperanza.


Amén.

viernes 26 2026

SÁBADO 27 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo, 8, 5-17. -- SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA

 Milagros de Jesús


Él está siempre esperándonos y basta una sola palabra suya y seremos curados.



Por: Roberto Carlos Estévez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 8, 5-17








En aquel tiempo, entrando Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos. Jesús le dijo: Yo iré a curarle. Replicó el centurión: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Y dijo Jesús al centurión: Anda; que te suceda como has creído. Y en aquella hora sanó el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.


Oración introductoria

Señor, creo en Ti, creo que caminas conmigo y me acompañas. Hoy me presento ante Ti para que bendigas mi oración y me santifiques con tu amistad. No soy digno de tanto amor, pero tu amor me da la posibilidad de acercarme a Ti, ¡muchas gracias!


Petición

Padre santo, te pido perdón por todas las veces que no creo, no espero y no amo como Tú lo mereces de mí.


Meditación del Papa 

Cuando somos nosotros solos los que encontramos al Señor, somos nosotros –digámoslo, entre comillas – los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra en nosotros, es Él el que vuelve a hacer todo de nuevo, porque esta es la venida, lo que significa cuando viene  Cristo: volver a hacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y, sobre todo, ¡para dejar que Él nos encuentre!


Pero se necesita un corazón abierto ¡para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiere decirme, ¡que no es siempre aquello que yo quiero que me diga! Él es Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es un amor concreto! De persona a persona: el Señor persona me mira a mí persona. Dejarse encontrar por el Señor es precisamente esto: ¡dejarse amar por el Señor! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 2 de diciembre de 2013, en Santa Marta).


Reflexión

El mensaje de este pasaje es un mensaje de esperanza. Sí, a nosotros que nos podemos sentir muchas veces cansados, sin ganas de seguir luchando, enfermos, afligidos o solos, se nos recuerda que Él tomó sobre sí nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.


Cristo es el médico de todos los dolores, que con sólo decir una palabra nos salva, pero el ser curados depende mucho del modo en que nos acercamos a Cristo. Y aquí es maravilloso el ejemplo que nos da el centurión. Como nosotros, se encuentra ante un problema, ante una necesidad y acude a Cristo. Se acerca con fe y confianza, como un niño se acerca a su padre. Se acerca con humildad, con la humildad del siervo que se sabe indigno. Pero ante todo se acerca con amor, amor a Dios y amor a los hombres que le hacen olvidarse de sí mismo. Pide por los demás.


Probemos a poner estos elementos cuando nos acerquemos a Jesús. Él está siempre esperándonos y basta una sola palabra y seremos curados.


Propósito

Haré una visita al Santísimo Sacramento para pedirle a Jesús que aumente mi fe y pueda, así, servir mejor a mis hermanos.


Diálogo con Cristo

Dame, Señor, la fe y la humildad del centurión. Esa humildad que nace de la fe y que da la confianza, la seguridad, de ver en todos los sucesos de la vida tu mano providente y amorosa. Dame la gracia de entregarme completamente sin reservarme nada, porque únicamente así me haré digno de tanto amor. Historia


Por: Roberto Carlos Estévez | Fuente: Catholic.net


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