lunes 12 2026

MARTES 13 DE ENERO DE 2026 -- Mc 1,21-28 -- MANDA HASTA LOS ESPÍRITUS INMUNDOS Y LE OBEDECEN

 Milagros


Tiempo Ordinario. Que la fama de Jesús se extienda también a nuestros corazones.



Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28








Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.


Oración introductoria

Señor, son muchas las inmundicias que rodean mi entorno social. No debo, inocentemente, pensar que mi familia y yo estamos exentos a su influencia ni que no contribuímos, un poco o un mucho, a esta triste realidad. Por ello te pido que ilumines mi mente y mi corazón para que este momento de oración me haga crecer en el amor.


Petición

Señor, dame la gracia de conocer y vivir tu doctrina del amor para entregarme a los demás con total desinterés y donación.


Meditación del Papa Francisco

El pasaje evangélico presenta a Jesús que, con su pequeña comunidad de discípulos, entra en Cafarnaúm, la ciudad en la que vivía Pedro y que en aquellos tiempos era la más grande de Galilea. Y Él entra en aquella ciudad.


El evangelista Marcos relata que Jesús, siendo aquel día un sábado, fue inmediatamente a la sinagoga y se puso a enseñar. Esto hace pensar en la primacía de la Palabra de Dios, Palabra que hay que escuchar, Palabra que hay que acoger, Palabra que hay que anunciar.


Al llegar a Cafarnaúm, Jesús no posterga el anuncio del Evangelio, no piensa primero en la disposición logística, ciertamente necesaria, de su pequeña comunidad, no se detiene en la organización. Su preocupación principal es la de comunicar la Palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Y la gente en la sinagoga permanece asombrada, porque Jesús "les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas".


¿Qué significa "con autoridad"? Quiere decir que en las palabras humanas de Jesús se sentía toda la fuerza de la Palabra de Dios, se sentía la misma autoridad de Dios, inspirador de las Sagradas Escrituras. Y una de las características de la Palabra de Dios es que realiza lo que dice. Porque la Palabra de Dios corresponde a su voluntad. En cambio, nosotros con frecuencia pronunciamos palabras vacías, sin raíz, o palabras superfluas, palabras que no corresponden a la verdad. (Angelus, S.S. Francisco, 1 de febrero de 2015).


Reflexión

Jesús inicia su predicación anunciando la llegada del Reino. Interpela al mundo con la necesidad de la conversión. Recluta a sus primeros seguidores... Reino, conversión y llamada, son realidades inseparables que desde entonces vivimos en la Iglesia.


Desde que Cristo nace, se ha cumplido el tiempo. Dios interviene en la historia del hombre fundando su Reino en el corazón de cada discípulo. Y desde entonces hasta hoy, el mensaje, no ha sido otro sino la preparación para le llegada definitiva del Reino de Dios. Para ello, se ha querido valer de tantas almas consagradas a su servicio. Los sacerdotes, los diáconos, obispos y papas, las religiosas y religiosos dedicados a la vida contemplativa o al apostolado, a la educación o a las misiones en tierras lejanas... Todos ellos han sido la prolongación de las obras de Nuestro Señor.


Pero la hora aún no ha llegado, ni parece venir pronto. Es obvio que no conoceremos el día ni la hora del final de los tiempos. Y por eso mismo, es necesario vivir preparados. Debemos entender, que cuando Cristo proclama el Reino, como un tiempo cumplido, se trata igualmente del tiempo concedido a cada uno de nosotros. El tiempo de nuestra vida, en la que debemos obrar siempre el bien. Pero no un bien ideal. El bien que tiene el rostro de cuantos nos rodean: hermanos, amigos, hijos, esposo, empleados y compañeros de trabajo; pobres y enfermos... Darse a sí mismo para procurar el bien de los demás. De esto se nos pedirán cuentas al final de nuestra vida.


El evangelio nos muestra a Cristo como el Maestro poderoso. Y no sólo porque enseña en la sinagoga, como lo hacían en sus tiempos tantos otros judíos piadosos, sino porque va a obrar uno de tantos prodigios: expulsar un demonio. Así, el simple maestro Galileo, se presenta como el profeta poderoso. No en vano decía la gente que enseñaba con autoridad, y no como los escribas y fariseos, que sólo cargaban al pueblo con los preceptos de la ley. Cristo es el hombre más impactante que haya conocido la humanidad en toda su historia.


De Él se ha escrito, muchísimo más que de cualquier otro tema. Su vida y sus milagros han sido admirados o negados, creídos o refutados, durante los veinte siglos que le han seguido. Y su persona se plantea como el máximo representante de cuantos han sabido remar contra corriente.


Cristo sigue interpelando al hombre de todos los tiempos, para que se coloque con él, o contra él. Desafortunadamente no hay más posiciones. Y siempre tendremos que decidir: Cristo o nuestro egoísmo. Cristo o nuestra sensualidad. Jesús mismo hablaba de que no se puede servir a dos señores. Es imposible encender una vela a Dios y otra al diablo...


Vemos que no es fácil mantenerse fiel a las enseñanzas del Maestro, y que por más buenas intenciones que tenemos en hacer el bien y ayudar a los demás, no siempre conquistamos nuestras metas. Sin embargo, no tenemos que amilanarnos. Hay que confiar y pedir a Cristo la fuerza para dar la cara por Él y por su Reino, del mismo modo que Él dio la vida por nosotros...


Dar la cara es no dejarse confundir por las sectas, ni dejar que otros se dejen. Dar la cara es estudiar la propia fe, para dar respuestas convincentes, a cuantos atacan al Papa, al Magisterio y la moral cristiana, sabiendo que sólo en Cristo está la Verdad. Y que sólo Cristo salva...


Propósito

Ante el dolor y situaciones difíciles, identificarme con Cristo al vivirlas con serenidad y confianza.


Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, por enseñarme que lo fundamental en mi vida es la caridad. Ayúdame a amar a mi prójimo con el mismo amor con que te amo a Ti. Dame la gracia de descubrirte y servirte en los demás, porque eso es la verdadera fe cristiana. El milagro de la curación del hombre poseído por un espíritu inmundo me recuerda que quieres hacer conmigo el mayor de los milagros: mi santidad.


Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net







 




domingo 11 2026

LUNES 12 DE ENERO DE 2023 -- Mc 1,14-20 -- INICIO DEL MINISTERIO DE JESÚS

 







Evangelio (Mc 1,14-20): Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.


Marcos 1, 14-20 se centra en el inicio del ministerio público de Jesús, destacando el cumplimiento de las promesas de Dios y el llamado radical al seguimiento. 


Reflexión


El Reino de Dios está cerca: Jesús anuncia que el "tiempo se ha cumplido". En la fe católica, esto significa que con la llegada de Cristo, el Reino ya está presente de forma incipiente y requiere una respuesta inmediata.


Conversión y Fe: El llamado a "convertirse y creer en el Evangelio" no es solo un remordimiento por los pecados, sino un cambio radical en la forma de pensar, actuar y orientar la vida hacia Dios.


El Llamado de los Primeros Discípulos: Jesús toma la iniciativa de llamar a Simón, Andrés, Santiago y Juan mientras realizaban sus labores cotidianas. Esto subraya que la vocación cristiana nace de una mirada personal de Cristo que invita a seguirlo.


Dejarlo Todo por el Reino: La respuesta de los discípulos fue inmediata, dejando sus redes y a sus familias. La Iglesia reflexiona sobre esto como una invitación a desprenderse de lo que impide un seguimiento auténtico y radical de Jesús.


Pescadores de Hombres: La misión confiada a los apóstoles transforma su oficio natural en una misión espiritual: buscar a otros para integrarlos a la familia de Dios. 





11 DE ENERO : FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

 







Ya en el año 300, la Iglesia oriental celebraba la Epifanía y el Bautismo de Jesús el 6 de enero, mientras que en la Iglesia occidental esta fiesta se mencionaba en la Liturgia de las Horas. Con la reforma litúrgica de 1969, la fiesta se fijó en el domingo siguiente a la Epifanía. En los países donde la Epifanía no es fiesta civil, la celebración se traslada al domingo entre el 2 y el 8 de enero, y la fiesta del Bautismo de Jesús, al lunes siguiente a la Epifanía.

Con la fiesta del Bautismo de Jesús finaliza el Tiempo de Navidad, aunque queda abierta una "ventana" el 2 de febrero, día en el que se celebra la Presentación de Jesús en el Templo (conocida popularmente como "Candelaria").


Anno AAnno BAnno C

Del Evangelio según san Mateo

Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!».


Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.


Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».  (Mt 3,13-17)


Jesús en el Jordán

El texto del Evangelio comienza con una nota geográfica: Jesús va de Galilea al Jordán para hacerse bautizar por Juan el Bautista. En su camino, Jesús no se declara el Mesías, no predica, sino que se sitúa con la gente queriendo ser bautizado y mostrando su solidaridad con el pueblo pecador. Jesús no se aísla, sino que sale al encuentro de los hombres, aunque estén marcados por la herida del pecado; y se compromete por ellos, como se comprometió haciéndose hombre en el seno de María. Hay, pues, un plan en este "movimiento" de Jesús, en su  "itinerario de salvación".


Juan el Bautista

 “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”, dirá el Bautista al ver a Jesús. Nos encontramos ante el desconcierto del profeta, que unos versículos antes había dicho: "Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias". (Mt 3,11). Esta escena nos recuerda el desconcierto de Pedro en Cesarea, cuando Jesús confió a los suyos que le esperaban la pasión, la muerte y la resurrección: "«Dios no lo quiera, Señor»... Pero Jesús, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres»”. (Mt 16,22-23). O en el Cenáculo, cuando Pedro se negó a que le lavara los pies (Jn 13,6.8). Reacciones, la del Bautista y la de Pedro, que ponen de manifiesto la incomodidad al ver la entrega total de Jesús.


"Dejar hacer"

Hay un momento en el que es importante "dejar hacer". Lo que puede parecer fuera de lo común, hasta el punto de avergonzar a los interlocutores más cercanos a Jesús, forma parte, sin embargo, de un plan de Dios para dar cumplimiento a toda la justicia, puesto que Cristo -como Él mismo declarará- no ha venido a abolir la ley y los profetas (cfr. Mt 5,17), sino precisamente a dar "cumplimiento" a todo lo que es la justicia de Dios, que no humilla, no separa, no juzga, sino que une, rompe las barreras, responde a la necesidad de todos con el respeto a todos. La justicia de Dios es superior a la de los hombres: no utiliza la vara de medir del “tanto has ofendido y tanto pagarás”. Utiliza la vara de medir del amor, de la misericordia, del perdón. La única vara de medir capaz de salvar las distancias y sanar los corazones heridos, porque es del interior de donde nacen las malas intenciones (cfr. Mc 7,1-23).


Los cielos abiertos

La elección de Jesús es confirmada por la apertura de los cielos, por el don del Espíritu y por la voz del Padre que sella la misión de Jesús: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección». En esta apertura de los cielos, la "justicia" borra la separación entre el hombre y Dios, devolviendo al hombre al amanecer de la creación, cuando el Espíritu se cernía sobre las aguas. En Jesús, Dios Padre señala al hombre nuevo, al amado en quien se complace. Es como si dijera: "En ti soy feliz, estoy orgulloso". Una felicidad que, en cualquier caso, está presente en cada uno de nosotros, porque cada uno lleva en sí mismo la huella de Dios, al estar hecho "a su imagen y semejanza" (Jn 1,26); un sello que nadie podrá borrar jamás: "Y vio que era muy bueno" (Gen 1:31). La venida de Cristo manifiesta el interés de Dios por nosotros, su deseo de empezar una nueva historia de salvación, de establecer un nuevo comienzo. Uno es un hombre nuevo en la medida en que aprende a reconocer la vida como un regalo de amor y vive de este Amor.


Fuente :      www.vaticannews.va

sábado 10 2026

DOMINGO 11 DE ENERO DE 2026 -- Mt 3, 13 - 17 -- JESÚS SE SOMETIÓ HUMILDEMENTE AL BAUTISMO DE JUAN








Evangelio (Mt 3,13-17): En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».


Reflexion 

La reflexión de Mateo 3, 13-17, pasaje que narra el Bautismo del Señor, es fundamental para comprender la misión de Cristo y nuestra propia identidad como bautizados. Para el año litúrgico 2026, esta fiesta se celebra el domingo 11 de enero. 


A continuación, los puntos clave de reflexión 


1. El Misterio de la Santísima Trinidad

Este pasaje es una de las manifestaciones más claras de la Trinidad en el Evangelio: 


El Hijo: Jesús, que se somete humildemente al bautismo.

El Espíritu Santo: Desciende sobre Él en forma de paloma.

El Padre: Cuya voz resuena desde el cielo confirmando la identidad de Jesús como el "Hijo amado". 


2. "Cumplir toda justicia" (Mt 3,15)

Ante la resistencia de Juan el Bautista, Jesús insiste en ser bautizado para "cumplir toda justicia". En la fe católica, esto significa adherirse plenamente a la voluntad del Padre. Jesús, siendo libre de pecado, se solidariza con la humanidad pecadora, santificando las aguas y preparándolas para el sacramento que nos daría la vida nueva. 


3. El Inicio del Ministerio Público

El bautismo marca el paso de la vida oculta de Jesús a su misión pública. Es su investidura como el "Siervo de Dios" que viene a salvar al mundo. La Iglesia enseña que, al igual que Jesús, nosotros somos enviados a través del bautismo a anunciar el Evangelio y trabajar por el Reino. 


4. Nuestra Identidad como Hijos de Dios

El bautismo de Jesús es el modelo del nuestro:


Filiación Adoptiva: Así como el Padre llamó a Jesús "Hijo amado", en nuestro bautismo somos adoptados como hijos de Dios.


Llamado a la Santidad: Estamos invitados a renovar nuestra fe y recordar que no caminamos solos; el Espíritu Santo que descendió sobre Jesús habita también en nosotros. 



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