lunes 02 2026

2 DE FEBRERO -- FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

 







La Fiesta de la Presentación del Señor, también conocida como la Fiesta de la Candelaria, se celebra cada 2 de febrero. 


Puntos clave de esta festividad:

Significado bíblico: Conmemora el momento en que María y José llevaron a Jesús al Templo de Jerusalén 40 días después de su nacimiento, cumpliendo con la ley de Moisés.


La Luz del Mundo: Se le llama "Candelaria" porque el anciano Simeón reconoció a Jesús como la "Luz para iluminar a las naciones". Por ello, es tradición realizar una procesión con velas (candelas) bendecidas.


Vida Consagrada: Desde 1997, por iniciativa de San Juan Pablo II, este mismo día se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.


Tradiciones populares: En muchos países hispanos, es el día de "levantar el niño" del pesebre y, en lugares como México, quienes encontraron el "muñequito" en la Rosca de Reyes invitan los tamales. 



domingo 01 2026

LUNES 2 DE FEBRERO DE 2026 -- Lucas 2, 22-40. -- LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

 Solemnidades y fiestas


Fiesta de la Presentación del Señor. Cristo es de verdad nuestra LUZ, nuestra vida y resurrección, nuestra paz y fortaleza, nuestro triunfo y nuestra esperanza cierta.



Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40








Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.


Oración introductoria

Padre mío, gracias por presentarme a Simeón y a la profetisa Ana, ambos supieron esperar siendo fieles en la oración, por eso pudieron reconocerte. Ilumina y guía mi meditación para ser siempre fiel y perseverante en la oración.


Petición

Jesús, aumenta mi fe y mi esperanza, para saber encontrarte en los demás.


Meditación del Papa 

El gesto ritual que realizan los padres de Jesús, con el estilo de humilde ocultamiento que caracteriza la encarnación del Hijo de Dios, encuentra una acogida singular por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana. Por inspiración divina, ambos reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas. En el encuentro entre el anciano Simeón y María, joven madre, el Antiguo y el Nuevo Testamento se unen de modo admirable en acción de gracias por el don de la Luz, que ha brillado en las tinieblas y les ha impedido que dominen: Cristo Señor, luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel.

El día en que la Iglesia conmemora la presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada de la vida consagrada. De hecho, el episodio evangélico al que nos referimos constituye un significativo icono de la entrega de su propia vida que realizan cuantos han sido llamados a representar en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús: virgen, pobre y obediente. (Benedicto XVI, 2 de febrero de 2012).


Reflexión

Era tradición en Israel que la madre que daba a luz debía presentarse en el templo a los cuarenta días después de su parto para "purificarse", pues era idea común entre los judíos que la madre, al parir, quedaba "manchada" según la Ley, y debía presentar una ofrenda al Señor para purificar su alma. Y era entonces cuando las madres aprovechaban para ofrecer a Dios a sus primogénitos. María no necesitaba purificarse, porque Dios la había adornado de una pureza inviolada y la había preservado de toda mancha de pecado desde su concepción inmaculada. Y el Niño Jesús, por su parte, tampoco necesitaba ser ofrecido a Dios, porque era ya todo de Él desde el instante mismo de su encarnación y desde la eternidad. No obstante, María se somete libremente a las prescripciones de la ley mosaica y acepta purificarse. Y Jesús ofrece al Padre el acto de su filial obediencia y devoción presentándose a Él en el templo a los pocos días de su nacimiento. ¡Qué hermoso gesto de humildad y de obediencia amorosa a Dios de estas dos almas santísimas!


Nos narra el Evangelio que, cuando José y María entraban en el templo para cumplir con estos dos ritos de la ley, Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel –o sea, la llegada del Mesías–, por una inspiración especial del Espíritu Santo, reconoció en ese pequeño Niño al Mesías enviado por Dios, al salvador y redentor del mundo. Lo tomó en sus brazos y pronunció aquella bellísima oración: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos como luz: para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". Este hombre bueno había reconocido al Mesías en ese Niño indefenso y lo proclamaba ante el mundo como luz.


En casi todas las religiones de la historia se ha visto la luz como el símbolo de la divinidad y de la vida, y ha sido como una representación del mismo dios. Los mitos del antiguo Oriente abundan en esta simbología. Una antiquísima leyenda sumeria, recogida en el poema Enuma Elish, narra cómo el héroe Marduk tuvo que luchar encarnizadamente contra el dios caos, Tiamat, representado en forma de monstruo. Marduk lucha contra las tinieblas y, después de una batalla titánica, las vence y lleva a cabo, finalmente, la gran obra de la creación del hombre.


En la mitología grecolatina aparece también la luz como el símbolo de la divinidad y de la vida. En la Roma pagana, al inicio de nuestra era cristiana, entre el 23 y el 24 de diciembre se celebraba una fiesta muy sonada, con ocasión del solsticio de invierno: el nacimiento del "nuevo sol" y se festejaba así al dios Saturno, padre de todos los dioses. El cristianismo tomó entonces esta fiesta y este simbolismo y lo aplicó al nacimiento de Jesucristo, el auténtico "Sol nuevo", el único Dios verdadero. ¡Era la Navidad!


Con la presentación del Niño Jesús en el templo aparece una vez más la imagen de la luz para indicar a Jesús. Ya Isaías y los profetas habían empleado mucho este mismo símbolo, y lo seguirán haciendo luego los escritores sagrados del Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia. Jesucristo es "la luz de las gentes".–"lumen gentium", como lo llama el primer documento del Vaticano II–. Cristo mismo se autoproclama la "luz del mundo" porque Él es el único capaz de disipar todas las tinieblas del mundo y de nuestro corazón.

Cristo es de verdad nuestra LUZ, nuestra vida y resurrección, nuestra paz y fortaleza, nuestro triunfo y nuestra esperanza cierta. ¡Con Él podemos volver a vivir!


Propósito

Rezar un misterio del rosario para que María nos ayude a estar cerca de su Hijo Jesús, que es la luz que ilumina nuestra vida.


Diálogo con Cristo

Señor, eres el único capaz de disipar todas las tinieblas del mundo y de nuestro corazón: la oscuridad del odio, del miedo, del pecado y de la muerte; las tinieblas de nuestros complejos, desesperanzas, angustias, quebrantos y frustraciones.


Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net


 




 

 


Presesentación de Jesús en el Templo Origen y explicación de la fiesta.


Meditación del Papa Juan Pablo II Presentación de Jesús en el Templo Audiencia General del miércoles 20 de junio de de 1990


 


 





 


 


 

1 DE FEBRERO 2026 -- ORACIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA PARA REZAR EL PRIMER DÍA DEL MES

 

 

 


  

 

 

Como una bella tradición que hemos recibido de nuestros mayores, los católicos encendemos una vela en nuestro hogar cada primero de mes y la dejamos consumirse en honor a la Divina Providencia. Esta es una oración para rezar y encomendarse mientras encendemos esa vela.

 

En esta oración a la Santísima Trinidad agradecemos a Dios todo lo que nos da como nuestro Padre bueno. Y en ella también le pedimos humildemente que durante el mes no nos falte lo necesario.

 

De acuerdo con la tradición, en ese día también vamos la Iglesia, participamos en la Misa de la Divina Providencia, oramos ante la imagen de la Santísima Trinidad y depositamos tres monedas en la alcancía especial que suele tener tres ranuras para la ofrenda.

 

La palabra “providencia” viene del Latín y significa “ver por”. Por eso se dice que los papás tienen providencia sobre sus hijos, pues siempre están viendo que no les falte salud, educación, comida. Ni siquiera esperan a que los hijos lo pidan. De la misma forma, Dios, que es Amor, está al pendiente de nuestras necesidades, y cuando le pedimos con humildad, Él las resuelve con generosidad.

 

Oración para encender la vela a la Divina Providencia

  

¡Oh Divina Providencia!

¡Concédeme Tu clemencia y Tu infinita bondad!

Arrodillado a Tus plantas

a Ti caridad portento.

Te pido para los míos:

casa, vestido y sustento.

Concédeles salud y

llévalos por el buen camino

y que sea siempre la virtud

la que los guíe en su destino.

Tú eres toda mi esperanza.

Tú eres el consuelo mío,

en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío.

Tu, Divina Providencia se extienda en cada momento,

para que nunca nos falte:

casa, vestido y sustento,

ni los santos Sacramentos en el último momento.

Amén.

 

Fuente :   Diócesis de Tenancingo

Agregado por :  Sonia Jazmín

sábado 31 2026

DOMINGO 1 DE FEBRERO DE 2026 -- Mt 5,1-12 -- LAS BIENAVENTURANZAS, UN CAMINO A LA FELICIDAD








Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


Las bienaventuranzas, un camino a la felicidad


Los seres humanos vivimos esforzándonos por encontrar el camino a la felicidad, y pasamos toda nuestra vida trabajando en ello, es un trabajo que inconscientemente hacemos. Desafortunadamente en muchas ocasiones optamos por caminos y veredas equivocadas, provocándonos grandes frustraciones y desacatos.


Toda nuestra vida gira en torno a la búsqueda de la felicidad, el Papa Benedicto XVI en la JMJ en 2008 explicaba que “La vida (…) es una búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. Con ese fin tomamos nuestras decisiones, ejercemos nuestra libertad y, en esto, en la verdad, en el bien y en la belleza, encontramos la felicidad y la alegría” (JMJ Sydney Australia, 2008/VII)


Es por ello que ser felices, implica que de manera individual nos esforcemos por vivir ante la presencia de Dios y seguir la regla de vida que Jesús nos dejó plasmada en las bienaventuranzas que han sido consideradas como el corazón del evangelio.


Con las bienaventuranzas Jesús quiere llevarnos a tener una mente y un corazón despejado y feliz. Es justo lo contrario a las ofertas de felicidad que nos ofrece el mundo. En lugar de ofrecernos cosas y elementos exteriores lo que nos propone es el crecimiento interior, llenar nuestra vida de unos valores que no fallan en el camino de la felicidad.


Jesús contrapone la felicidad entendida según el mundo: los que son ricos en múltiples cosas: dinero, cultura, poder, placeres… y nos da una noción totalmente distinta. Ser feliz no es tener sino ser.


Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar el cómo llevar y vivir nuestra vida mientras peregrinamos hacia la casa del Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Sólo así hemos de caminar hacia la felicidad, tanto personal como también de todos aquellos que nos rodean, convirtiéndonos así en referentes de santidad para los demás.


En la primera bienaventuranza Jesús elogia a los “pobres de espíritu” y de corazón sencillo, que actúan sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenidos por la autoridad humilde de Jesús y por su evangelio, su única riqueza es vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Cuando se cumple la voluntad de Dios se hace nuestro verdaderamente es el reino de Dios.


Jesús no es ajeno a que en muchas ocasiones padeceremos tristeza y aflicción, por ello trata de consolarnos al afirmar “Felices los que están tristes porque Dios los consolará.” Muchos están afligidos por sus pecados, ésta es la aflicción que produce el arrepentimiento en la vida de los seres humanos. Dios consolará a los arrepentidos les ungirá con el bálsamo de su amor y su perdón, entonces su lagrimas serán de alegría. Cuando nos dejamos alcanzar por el perdón suyo, nos volvemos humildes y comenzamos a heredar la tierra prometida, el cielo. “Felices los de corazón humilde, porque recibirán la tierra que Dios le ha prometido.” Son humildes de corazón los que se someten de verdad a la voluntad de Dios.


Un hombre o una mujer que no busca la paz, no puede llamarse cristiano, creo que la búsqueda de la felicidad comienza por la búsqueda de la paz, interior en primer lugar. “Felices los que procuran la paz entre los hombres, porque Dios los llamará hijos suyos.” Debemos siempre de sembrar la paz interior y exterior para lograr la auténtica armonía espiritual donde quiera que nos encontremos.


Ahora bien, surge en las últimas dos bienaventuranzas un contraste bastante difícil, porque nos cuesta aceptar que la persecución y los maltratos son parte de la felicidad y el crecimiento, es duro entenderlo, mas sin embargo es parte del ser cristiano “Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.” La persecución surge cuando vivimos con autenticidad y transparencia la voluntad de Dios, esta actitud provoca persecuciones y tensiones. “Felices ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.” Incluso en los momentos más difíciles y duros de la vida el seguidor de Jesús siempre lo sentirá cercano.


En conclusión las bienaventuranzas, son un camino para encontrar la santidad y sobre todo para ser felices en la gracia de Dios. En un mundo marcado por la desigualdad y el egoísmo, donde todo lo que no da placer o poder es mal visto, es necesario implantar el espíritu de las bienaventuranzas. Cuando se vive el evangelio con autenticidad y sin miedo, es entonces cuando la felicidad comienza a florecer y se tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.


Fuente :      Padre Alexander Díaz ( vicario parroquial de la Iglesia de la Sagrada Familia en Dale City.)



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