lunes 05 2026

MARTES 6 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 10, 38-42.-- LA SABIDURÍA DE LA HERMANA MENOR

Tiempo Ordinario. 


 ¡ Cristo es el Único necesario! Todo lo demás nos lo dará Él por añadidura.





Del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42








Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».


Oración introductoria

Jesús, así como aquel día entraste en la casa de Marta, hoy también vienes en esta oración a mi vida. Ayúdame a ponerme espiritualmente a tus pies. Quiero dejar de lado todas las distracciones, preocupaciones, ideas y sentimientos que me impidan ponerme a tu escucha.


Petición

Jesús, ayúdame a escoger siempre la mejor parte, que es la oración, que es tu Reino, que es tu amor.


Meditación del Papa

Que también en nuestra vida  cristiana oración y acción estén también profundamente unidas. Una oración que no conduce a la acción concreta hacia el hermano pobre, enfermo, necesitado de ayuda, el hermano en dificultad, es una oración estéril e incompleta. Pero del mismo modo, cuando en el servicio eclesial se está atento sólo al hacer, se da más peso a las cosas, a las funciones, a las estructuras, y se olvida la centralidad de Cristo, no se reserva tiempo para el diálogo con Él en la oración, se corre el riesgo de servirse a sí mismos y no a Dios presente en el hermano necesitado. San Benito resumía el estilo de vida que indicaba a sus monjes en dos palabras: "ora et labora", reza y trabaja. Es de la contemplación, de una fuerte relación de amistad con el Señor donde nace en nosotros la capacidad de vivir y llevar el amor de Dios, su miericordia, su ternura hacia los demás. Y también nuestro trabajo con el hermano necesitado, nuestro trabajo de caridad en las obras de misericordia, nos lleva al Señor, porque nosotros vemos precisamente al Señor en el hermano y hermana necesitados. Francisco, 21. jul. 2013


Reflexión

Se cuenta que, en una ocasión, un famoso científico alemán quiso realizar una expedición por el Amazonas. Era una eminencia en los diversos ramos del saber. Llegado al Brasil, le pidió a uno de los naturales del lugar que lo llevara en su barca, río adentro. El joven aceptó con gusto. Durante la travesía, el sabio preguntó al joven: ¿Sabes astronomía? No. ¿Y matemáticas? Tampoco. ¿Y biología o botánica? –No, yo no sé nada de esas cosas, señor –le respondió el muchacho, muy confundido—. Yo sólo sé remar y nadar. ¡Qué pena! –le dijo el científico— has perdido la mitad de tu vida. Y guardaron silencio. Al cabo de una media hora se precipitó una tormenta tropical y la barca amenazaba naufragar. Entonces el barquero preguntó al científico: ¿Sabe usted nadar, señor? –No –contestó el sabio-. Y el muchacho, con tono apenado, le dijo: -¡Pues usted ha perdido toda su vida!


Esta simpática historia nos puede ayudar a comprender que hay cosas buenas y necesarias, pero que no son las más importantes de la vida. Mientras que otras, aunque sean aparentemente menos importantes, son las más fundamentales. En otras palabras, nos descubre el sentido de lo esencial.


El Evangelio de hoy es uno de los pasajes que a mí más me gustan, precisamente porque nos revela de una manera clarísima el sentido de lo esencial en nuestra vida.


A Jesús le complacía hospedarse en la casita de Betania porque allí tenía buenos amigos que lo querían, lo acogían con gusto y con quienes pasaba unos ratos de descanso y de familiaridad muy agradables. Lázaro, Marta y María eran amigos y confidentes de nuestro Señor. Marta –la hermana mayor— fungía de anfitriona, de ama de casa, y se multiplicaba para atender lo mejor posible a un Huésped y a un Amigo tan singular. Y la señora de casa hacía todo lo posible por ofrecerle lo mejor y por "lucirse" en el servicio y en las atenciones... "Se multiplicaba para dar abasto con el servicio" nos dice el evangelista.


Mientras tanto, María, toda despreocupada, "sin hacer nada", se sentaba plácidamente a los pies del Señor a escuchar su palabra. Marta, toda nerviosa y ajetreada, se para entonces un momento y, en tono de queja, le dice a Jesús que le pida a la hermana menor que la ayude en el servicio, ya que ella no alcanza con todo.


Seguramente esperaba que, ante la petición del Maestro, su hermana se levantaría a ayudarla. Y, sin embargo... ¡le salió el tiro por la culata! No sólo no logró que María le echara una mano, sino que, además, se ganó una dulce reprensión de parte del Señor: "Marta, Marta, tú te inquietas y te turbas por muchas cosas... pero sólo UNA es necesaria –le dice-. María ha escogido la mejor parte, y no le será arrebatada".


Yo creo que no siempre se ha hecho justicia a Marta. Tal vez hemos pensado que Marta se ganó la "regañina" del Señor porque estaba equivocada. No. Marta estaba haciendo una cosa estupenda, maravillosa: estaba sirviendo al Señor. ¡Qué privilegio! Sin embargo, a pesar de todo, sí tuvo un error, y Jesús no tardó en hacérselo ver. El problema no está en servir al Señor, sino en la manera de hacerlo. Lo que Jesús reprueba no son sus servicios y sus atenciones, sino la agitación, la dispersión, el andar corriendo en mil direcciones y perder la paz del corazón.


Marta se deja ganar por lo urgente y sacrifica lo importante; se queda con lo accidental y descuida lo esencial; se deja copar por el activismo y olvida la contemplación, la escucha de la palabra del Señor, que es lo que verdaderamente importa. Olvidó que la llegada del Señor a su casa era la gran oportunidad para estar con Él y escucharlo, y prefiere, en cambio, la acción. Pero cae, al mismo tiempo, en la precipitación, en el ruido, en la agitación y el nerviosismo. "La prisa –nos dice Tito Livio en un pasaje de sus Annales- es imprudente y ciega". Marta acoge a Jesús en su casa, pero María lo acoge dentro de su corazón, en su propia intimidad.


Tal vez incluso Marta quería quedar bien ante el Señor, reservándole lo mejor de sus servicios, pero se quedó en las cosas del Señor; mientras que María escogió al Señor de las cosas y le entregó su ser entero.

Por eso, creo que habría que preguntarnos hoy a qué damos nosotros más importancia en nuestra vida: al "actuar" o al "ser"; al activismo y a una cierta "herejía de la acción" o a la oración y a la contemplación, que es la condición indispensable para una acción fecunda en el apostolado. Si no tenemos el corazón lleno de Dios, nuestra acción será sólo un ruido vacío y estéril. "Mucho ruido y pocas nueces", reza el proverbio popular.


No se trata de preferir una de las dos actitudes y de descartar la otra. Hemos de unir las dos dimensiones en nuestra vida, pero insistiendo en lo ESENCIAL: oración y acción, escucha y servicio. Pero siempre, poniendo lo primero en el lugar que le corresponde. Ojalá que a nosotros no nos tenga que llamar la atención nuestro Señor, como a Marta: "Tú te inquietas y te turbas por muchas cosas, pero una sola es necesaria".


Propósito

Ojalá que nosotros sepamos, como María, escoger la parte mejor –al Señor- pues nadie nos lo arrebatará. ¡Él es el Único necesario! Todo lo demás nos lo dará Él por añadidura.


Diálogo con  Cristo

Jesús, gracias por este momento de oración. Quiero permanecer a tus pies, como María, porque mi vida depende de escucharte y experimentar tu cercanía. Dame la gracia de que en mi vida triunfe siempre la gracia sobre el pecado, la fidelidad sobre las tinieblas, el amor sobre el egoísmo, la oración sobre el activismo. Porque sólo si me lleno de Ti, podré darte a los demás. 


 Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net



 



 


 





 










 

 


 


 


 


domingo 04 2026

LUNES 5 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 10, 25-37.-- PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO

Tiempo Ordinario.  

Parábolas


Amemos a nuestro prójimo como  Cristo nos amó, hasta el punto de dar su propia vida.




Del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37 








Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo».  Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿Quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo».


Reflexión:

El evangelio de hoy nos plantea la pregunta que busca todo hombre en su vida. ¿Qué se debe hacer para ganar la vida eterna? Al igual que hace XX siglos hoy continuamos preguntándonos lo mismo. Con esto, nos percatamos que no todo termina en esta vida. Esperamos y sobre todo buscamos aquella vida que nos hará eternos. ¿Cuántas películas y cuántos libros se han escrito sobre personajes que quisieran vivir para siempre? Porque en esta vida nos podremos esforzar por superar cualquier dificultad pero a la muerte, ¿Quién sino Cristo la puede vencer?


Si a algo temen los hombres en esta vida es precisamente a la muerte. No resistimos a morir y a que otros seres queridos mueran. Y es que la muerte es como un coche con velocidades en donde una vez que avanzamos ya no podemos volver a la vida. Imposible volver a vivir a no ser que venga la resurrección de los muertos. Hoy Cristo nos muestra un camino que puede vencer a la muerte y que nos hará ganar la vida eterna: el amor. Imposible que el hombre pueda vivir sin amor. Estamos hechos para amar y el día que no amemos entonces ese día comenzaremos a morir. No permitamos que nuestro amor se convierta en un amor seco a nosotros mismos.


Amemos a nuestro prójimo como Cristo nos amó, hasta el punto de dar su propia vida. Con este ejemplo de Jesús, ¿nosotros seremos capaces de pensar bien de los demás y de hacerlos felices con palabras y comentarios positivos? 


 Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net


sábado 03 2026

DOMINGO 4 DE OCTUBRE DE 2026 -- Mateo 21, 33-43 -- LOS LABRADORES MALVADOS

 Evangelio de Hoy








Evangelio

Mateo 21, 33-43


En aquel tiempo Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo lo rodeó con una cerca cavó un lagar en él construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.


Llegado el tiempo de la vendimia envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados golpearon a uno mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados en mayor número que los primeros y los trataron del mismo modo.


Por último les mandó a su propio hijo pensando: A mi hijo lo respetarán. Pero cuando los viñadores lo vieron se dijeron unos a otros: Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia. Le echaron mano lo sacaron del viñedo y lo mataron.


Ahora díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo ¿Qué hará con esos viñadores?» Ellos le respondieron: «Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores que le entreguen los frutos a su tiempo».


Entonces Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?


Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».


Reflexión

Siguiendo la dinámica que hemos iniciado sobre la misericordia de Dios, el Evangelio de hoy nos confronta mediante la parábola de los viñadores homicidas con un misterio desconcertante: la obstinada paciencia de Dios frente a la cerrazón del corazón humano. 


Ya con razón decía el Papa Francisco, de feliz memoria, que la misericordia de Dios va más allá de lo imposible. En esta parábola vemos cómo el dueño de la viña, es decir Dios Padre, no se cansa de insistirnos en participar de su amor; tras el primer rechazo y la violencia sufrida por sus siervos, vuelve a enviar a otros, y finalmente a su propio hijo. 


A los ojos del mundo, esta insistencia parece debilidad o ingenuidad; a los ojos de la fe, es la pura revelación de un amor que no se rinde, de un Padre que agota todas las posibilidades de encuentro antes de permitir que el ser humano cargue con las consecuencias de su propio extravío.


Dios nos trata con esa misericordia perseverante. Cuántas veces, ante nuestras rebeldías cotidianas, indiferencias o caídas, Él no rompe la alianza, sino que vuelve a llamar a la puerta a través de un acontecimiento, de una palabra oportuna o el perdón sacramental, sin embargo, esta paciencia divina no es complicidad ni pasividad ante el mal, es el tiempo de gracia que nos urge a la conversión. 


No abusemos del amor incansable del Señor pensando que siempre habrá un mañana, acojamos hoy a su Hijo amado en nuestra vida, para que nuestra viña no quede estéril, sino llena de frutos de reconciliación y caridad. 


Veamos en esta parábola que a pesar de la misericordia infinita de Dios, nuestra rebeldía persistente tendrá consecuencias. Recuerda, hoy es el día de la misericordia de Dios. Hoy nuevamente nos da la oportunidad de darle los frutos de amor que le corresponden. No nos tardemos en dárselos.





ORACIÓN A LA VIRGEN DE GUADALUPE PARA ENCOMENDAR Y PROTEGER A LOS HIJOS

 







"¡Oh, Virgen Santísima de Guadalupe, Reina de los cielos y Madre de todos los hombres!

Hoy acudo a ti con la confianza de un hijo a su madre, para encomendarte a mis queridos hijos (menciona sus nombres).

Te pido con todo mi corazón que los cubras con tu manto protector, librándolos de todo mal y peligro. Que sus cuerpos estén sanos, sus espíritus fuertes y que tu santa guía los conduzca siempre por los buenos caminos de tu Hijo Jesús.

En tus manos pongo sus necesidades, sus luchas y sus anhelos. Tú sabes bien lo que necesitan. Haz que su fe crezca cada día y que su corazón se llene de amor y esperanza.

Si algún día se alejan, búscalos con ternura y condúcelos nuevamente al corazón misericordioso de tu Hijo. En ti confío su presente y su futuro.


Amén."



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