sábado 28 2026

ORACIÓN UNIVERSAL POR LA PAZ


 "Señor Dios de Paz, escucha nuestra súplica.








Hemos intentado durante mucho tiempo resolver nuestros conflictos con nuestras propias fuerzas y armas. La sangre derramada ha sido mucha, y muchas las vidas destrozadas y esperanzas abatidas.


Señor, renueva en nosotros la misericordia. Envía tu Espíritu para que los enemigos empiecen a dialogar, los adversarios se estrechen la mano y los pueblos encuentren la armonía. 


Te pedimos por la paz en el mundo, en nuestros corazones y en nuestras comunidades. Haznos instrumentos de tu paz para que, donde haya odio, llevemos amor; donde haya ofensa, llevemos perdón; y donde haya discordia, llevemos unión. 


Protege a las familias, a los niños y a quienes sufren el dolor de la guerra. Da sabiduría a los gobernantes para que trabajen por la justicia y el diálogo. 


Virgen María, Reina de la Paz, ruega por nosotros. Amén."

viernes 27 2026

SÁBADO 28 DE MARZO DE 2026 -- Juan 11, 45 -56. -- CONVIENE QUE UNO MUERA POR TODOS

 Cuaresma y Semana Santa


La experiencia del conocimiento de Cristo se hace en la oración, en la Eucaristía y en la cruz de cada día.



Por: Diego Calderón | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 11 45-56








Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.» Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Desde este día, decidieron darle muerte. Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Qué no vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.


Oración introductoria

Señor, yo quiero acompañarte con mi oración en este período de cuaresma. Abre mi inteligencia y mi corazón a la luz de tu gracia y de tu amor. Dame un corazón sencillo y humilde como el tuyo para no encerrarme en la soberbia y en el egoísmo. Dios mío, yo te reconozco como el Único que da valor y sentido a mi vida. Te pido por cada uno de mis familiares y amigos para que les regales una fe viva, operante y luminosa.


Petición

Jesucristo ayúdame a ser manso y humilde de corazón y no permitas que el velo de la soberbia cubra mis ojos, como los fariseos.


Meditación del Papa Benedicto XVI

Hemos dicho que Jesús, en su anuncio y en toda su obra, había inaugurado un reino no político del Mesías y comenzado a deslindar los dos ámbitos hasta ahora inseparables. Pero esta separación entre política y fe, entre pueblo de Dios y política, que forma parte esencial de su mensaje, sólo era posible en última instancia a través de la cruz: sólo mediante la pérdida verdaderamente absoluta de todo poder externo, del ser despojado radicalmente en la cruz, la novedad se hacía realidad. Sólo mediante la fe en el Crucificado, en Aquel que es desposeído de todo poder terrenal, y por eso enaltecido, aparece también la nueva comunidad, el modo nuevo en que Dios domina en el mundo. Pero eso significa que la cruz respondía a una “necesidad” divina y que Caifás, con su decisión, fue en último análisis el ejecutor de la voluntad de Dios, aun cuando su motivación personal fuera impura y no respondiera a la voluntad de Dios, sino a sus propias miras egoístas» ( Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, segunda parte, p. 66).

 

Reflexión

«De hecho los fariseos y los saduceos conocieron a Jesús en lo exterior, escucharon su enseñanza, muchos detalles de él, pero no lo conocieron en su verdad (…) La gente lo conoce, pero superficialmente; sabe algunas cosas de él, pero no lo ha conocido realmente. En cambio los Doce, gracias a la amistad, que implica también el corazón, al menos habían entendido en lo sustancial y comenzaban a saber quién era Jesús. También hoy existe esta forma distinta de conocer: hay personas doctas que conocen a Jesús en muchos de sus detalles y personas sencillas que no conocen estos detalles, pero que lo conocen en su verdad: "El corazón habla al corazón"» (Benedicto XVI, Audiencia, 8 de octubre de 2008). Los fariseos no podían conocer a Jesús y, mucho menos, considerarlo como el Mesías porque en sus corazones anidaba la soberbia y el egoísmo. Para conocer a Jesús es necesario ser humildes, es decir, dejar nuestras preferencias y nuestros gustos para permitirle a Cristo que reine en nuestros corazones y en nuestras vidas.


El amor hacia Jesucristo llega a través del conocimiento que tengamos de su persona. El conocimiento del Señor no es algo teórico sino experiencial. La experiencia de Cristo comienza en el reconocimiento de todo lo que Él ha hecho por mí. Jesucristo me amó y se entregó por mí en la cruz. Cristo me amó primero y ahora es mi turno de corresponder a su amor. La experiencia del conocimiento de Cristo se hace en la oración, en la Eucaristía y en la cruz de cada día cuando tengo la humildad para acercarme a Él y pedirle su ayuda.


Propósito

Me acercaré a Jesucristo, con fe y humildad, en alguna visita que haga al Sagrario para dejar en sus manos toda mi vida.


Diálogo con Cristo

Jesucristo, Rey y Señor de mi alma, dame la gracia de conocerte cada día más para poder amarte con mayor sinceridad. Te entrego mi corazón, muchas veces lleno de soberbia y egoísmo, para que lo modeles según tu voluntad. Señor, la soberbia y el egoísmo son actitudes contrarias al amor, pues tu mismo me has enseñado que el amor es donación y entrega. Enséñame, pues a amarte como tú me has amado.


Jesús vive ahora y habla ahora con nosotros y vive para nosotros. Esta es la verdadera forma de conocer a Jesús y de acoger la tradición sobre él (Benedicto XVI, Audiencia, 8 de octubre de 2008)


 Por: Diego Calderón | Fuente: Catholic.net



jueves 26 2026

VIERNES 27 DE MARZO DE 2026 ( CUARESMA ) -- EL ORIGEN DEL VÍA CRUCIS

 







El origen del Vía Crucis ("Camino de la Cruz") se remonta a la veneración de los primeros cristianos por la Vía Dolorosa en Jerusalén, el recorrido de Jesús hacia su crucifixión. Se consolidó en la Baja Edad Media, impulsado por los franciscanos en los siglos XIV-XV para recrear esta peregrinación fuera de Tierra Santa, fijándose en 14 estaciones durante el siglo XVII. 


Aspectos clave de su origen:

Raíces: Desde los primeros siglos, los peregrinos visitaban los lugares de la pasión de Jesús en Jerusalén.


Difusión franciscana: Los franciscanos, encargados de la custodia de Tierra Santa desde 1342, fueron claves en la popularización de esta devoción.


Figura Clave: El Beato Álvaro de Córdoba (fallecido en 1430) fue pionero en establecer el Vía Crucis fuera de Jerusalén, construyendo estaciones en el convento de Scala Coeli en Córdoba, España.


Estructura: Aunque el número de estaciones varió durante siglos, en 1731 el Papa Clemente XII fijó el número en 14, basándose en la estructura popularizada por el fraile San Leonardo de Porto Maurizio.


Propósito: Es una devoción de Cuaresma y Semana Santa diseñada para meditar sobre la pasión y muerte de Jesucristo, y a veces se añade una decimoquinta estación dedicada a la Resurrección. 




VIERNES 27 DE MARZO DE 2026 -- Juan 10, 31-42. -- AUNQUE A MÍ NO ME CREÁIS, CREED POR LAS OBRAS

 Cuaresma y Semana Santa


Ánimo y fuerza para continuar acompañando a Cristo hasta el pie del Calvario.



Por: Carlos Andrés Gómez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 10, 31-42








En aquel tiempo los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?» Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». Jesús les respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois? Si la escritura llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios - y no puede fallar la Escritura -a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿Cómo le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre». Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos acudieron a Él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad». Y muchos allí creyeron en Él.


Oración introductoria

Señor, ayúdame a limpiar mi corazón para conocerte en todo lo que realizo; que pueda ver tu mano y amor en todo lo que me rodea. Ayúdame a estar contigo en esta meditación y haz que mi corazón sea más semejante al tuyo, sobre todo en la virtud de la humildad.  Tú conoces mis intenciones más íntimas y quiero ponerlas en tus manos. En el corazón de María, pongo a todos mis seres queridos, y también todo aquello que perturba mi corazón.


Petición

Señor, que me dé cuenta del gran amor que me tienes, y concédeme la gracia de ser humilde en mi deber como cristiano.


Meditación del Papa 

Esta palabra introduce en la dinámica de la fe, que es una relación: la relación entre la persona humana, todos nosotros, y la persona de Jesús, donde el Padre juega un papel decisivo, y naturalmente, también el Espíritu Santo, que está implícito aquí. No basta encontrar a Jesús para creer en Él, no basta leer la Biblia, el Evangelio, eso es importante ¿eh?, pero no basta. No basta ni siquiera asistir a un milagro, como el de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron, es más, también lo despreciaron y condenaron. Y yo me pregunto: ¿por qué, esto? ¿No fueron atraídos por el Padre? No, esto sucedió porque su corazón estaba cerrado a la acción del Espíritu de Dios. Y si tú tienes el corazón cerrado, la fe no entra. Dios Padre siempre nos atrae hacia Jesús. Somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos.


En cambio la fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y ahí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe. (Homilía de S.S. Francisco, 9 de agosto de 2015).


Reflexión

De Dios provienen todas las cosas, nosotros somos una simple herramienta en sus manos. La humildad nos ayuda a no llenarnos de soberbia, que es creer que todo lo que hacemos lo hacemos con nuestras propias fuerzas. Con la humildad, dejamos que Dios actúe en nosotros y que Él haga el bien al hombre por nuestro medio.


Esta misión Dios ya la puesto en mis manos antes de que yo naciera, y además, no me deja solo, sino que me da su fuerza para que la lleve a cabo (cf. Jeremías 1, 1-10). Por eso, debo de ser muy humilde, o al menos tender a la humildad todos los días para poder escuchar mejor la Santísima voluntad de Dios, que me la expresa todos los días por medio de la oración y de los sacramentos.


Faltan pocos días para terminar de acompañar a Cristo en su travesía a Jerusalén. Durante la cuaresma hemos caminado junto Él y llega el momento en que se demostrará cómo ha sido nuestra cercanía a lo largo de estos días. Una vez más Cristo prepara no sólo a sus apóstoles, sino sobre todo pretende enseñar los preceptos de su Padre a los escribas y fariseos. Enseñanzas muy difíciles de aceptar por los eruditos en la ley, por no decir imposible. Sin embargo, Cristo debe actuar guste o no los "expertos" en la ley.


Convendría examinar cuál es la única confianza humana de Jesús en sus predicaciones. Y no es otra que la certeza de predicar y vivir lo que su Padre le enseña. El amor a Dios y al prójimo. Por este motivo buscan apedrear a Jesús y como no apagarán su odio sólo con unas piedras buscarán llevarlo a la cruz.


No nos debería parecer extraña la actitud de los fariseos, porque que un hombre como ellos se declare el Hijo de Dios sí que debió ser costoso aceptarlo. Lo que nos debería asombrar de los fariseos es la forma cómo estaban viviendo pues, ya era tanto su orgullo que ya no defendían la doctrina que enseñaban sino la fama y el honor que habían logrado hasta entonces. Por eso, ni siquiera eran capaces de aceptar el testimonio de un ciego recién curado, o la resurrección de Lázaro o los pasos de un paralítico curado en sábado. ¿Le condenarían también por predicar el mandamiento del amor, por enseñar doctrinas como "ama a tus enemigos" o "perdona quien te ha ofendido"? ¿Por cuál de todas ellas le van a apedrear?


Cobremos ánimo y fuerza para continuar acompañando a Cristo hasta el pie del calvario. Hemos seguido sus huellas durante estos 40 días y no vamos a abandonarle en el momento más difícil. Es necesario seguir acompañándole con nuestra oración diaria, con nuestra responsabilidad en nuestros compromisos y con todo aquello que nos mantenga unido a Él.


Propósito

Buscaré ver a Dios en todo lo que hago, dándole gracias por lo bueno y lo malo.


Diálogo con Cristo

Señor, Tú sabes mejor que nadie cuán frágil soy y cuánta ayuda necesito para obrar como Tú deseas.  Por eso, vengo ante ti este día, para pedirte perdón por no escucharte ni ver el gran amor que me tienes. Este día quiero ser un reflejo de tu amor; que los demás vean en mí el gran amor por el cual Cristo se hizo el más humilde de todos para salvarnos.


Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y se me puso delante, a mi parecer, sin considerarlo, esto: que es porque Dios es suma Verdad y la humildad es andar en verdad. (Sta. Teresa Las Moradas, VI, 10)

 

Por: Carlos Andrés Gómez | Fuente: Catholic.net


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