martes 07 2026

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA -- Lucas 24, 13-35. -- EN EL CAMINO DE EMAÚS

 







Evangelio (Lc 24,13-35): Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.


Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras.


Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.


Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.



lunes 06 2026

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA -- Jn 20,11-18 -- «¡ HE VISTO AL SEÑOR !»







Hechos 2,36-41:  En el día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?». Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro». Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.


Evangelio (Jn 20,11-18): En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní», que quiere decir “Maestro”». Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.


domingo 05 2026

LUNES 6 DE ABRIL 2026 -- ¿ QUÉ SIGNIFICA OCTAVA DE PASCUA ?








El Lunes de la Octava de Pascua (también conocido como Lunes del Ángel o Lunes de Pascua) es el primer día después del Domingo de Resurrección y marca el inicio de una semana de celebración continua dentro de la Iglesia Católica. 


Su significado principal se divide en tres aspectos fundamentales:

1. La Extensión de la Fiesta

Litúrgicamente, la Iglesia considera que la alegría de la Resurrección de Cristo es demasiado grande para celebrarse en un solo día. Por ello, los ocho días siguientes al Domingo de Pascua se celebran como si fueran un solo gran día de fiesta. Durante este tiempo, cada día de la semana tiene el mismo rango litúrgico que el Domingo de Pascua. 


2. El "Lunes del Ángel"

Se le llama así en recuerdo del encuentro del ángel con las mujeres en el sepulcro vacío. Según el Evangelio, el ángel les anunció: "No está aquí, pues ha resucitado, como dijo" (Mateo 28:6). Es un día dedicado a reflexionar sobre ese primer anuncio de la victoria de Cristo sobre la muerte. 


3. Tradiciones y Cultura

Dependiendo de la región, este día tiene diversas formas de celebrarse:


Gastronomía: Es tradicional comer la Mona de Pascua, un dulce que simboliza el fin de las abstinencias de la Cuaresma.


Reuniones familiares: En muchos lugares, las familias aprovechan para salir al campo o reunirse a comer, prolongando el ambiente festivo de la Semana Santa. 


En resumen, es un día que invita a vivir la experiencia del Resucitado con gratitud y alegría, extendiendo el mensaje de vida nueva que define al cristianismo. 





DOMINGO DE PASCUA -- ¡ FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN !

 







Fiestas litúrgicas


Durante el Sábado Santo, en la Iglesia no hay celebraciones. En la Edad Media, un pensamiento erróneo llevó a anticipar la Vigilia Pascual a las primeras horas de la mañana del Sábado Santo. El Papa Pío XII, en 1951 y 1955, restableció el antiguo orden, que luego sería retomado en el nuevo Misal de 1970. En esta noche santísima la "Iglesia espera, velando, la resurrección de Cristo, y la celebra con los sacramentos".


Elementos y partes de la liturgia de la Vigilia Pascual son:

El Lucernario, con la bendición del fuego, el encendido del cirio pascual y su entrada en la iglesia, hasta el canto del Exultet.

La Liturgia de la Palabra, que comprende siete lecturas del Antiguo Testamento, una tomada de San Pablo y finalmente el Evangelio de Pascua: un recorrido por la historia de la salvación que revela la fidelidad de Dios a su pueblo.

La Liturgia Bautismal, con el sacramento del bautismo de adultos o del agua lustral, seguido de la renovación de las promesas bautismales y la aspersión con el agua bendita.

La Liturgia Eucarística; la celebración del sacramento nos hace contemporáneos de Jesús y de su mandato: "Haced esto en memoria mía", de modo que nosotros "anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección, mientras esperamos su gloriosa venida". 

Así, el domingo de Pascua se celebra ya en la noche del sábado; las Misas del día de Pascua son una prolongación de esta alegría, de este asombro.


Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.

De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

El Angel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles».

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de Él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».  (Mt 28,1-10; Mc 16,1-7; Lc 24,1-2).


Jesús, el resucitado, nos ha regalado la fraternidad

¡Jesús está vivo y camina con nosotros! El don que Jesús nos hizo al morir en la cruz y resucitar al tercer día es el de una nueva humanidad, fundada en la fraternidad. Un don para el que el mismo Jesús necesitó invocar al Padre, porque la fraternidad no es automática, sino que debe construirse día a día: "Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste” (Jn 17, 21).

La fraternidad no es una operación de laboratorio, planificada, sino que sólo en el Señor es posible alcanzarla: "Que también ellos sean uno en nosotros...". No sólo "que sean uno", sino "en nosotros", dice Jesús. De lo contrario, se reduciría a una bonita amistad, a buenas intenciones. En cambio, la fraternidad debe brotar del "ser" en Dios que es Amor, el único que nos enseña a amarnos los unos a los otros "hasta el supremo don de la vida".


Hermanos todos

Que el don de la Pascua de Jesús resucitado nos ayude a convertirnos en "hermanos de todos", hasta el punto de desearnos mutuamente que crezca la unidad, para que quienes nos miren exclamen "qué hermoso y qué alegre es ver a los hermanos viviendo juntos". Cómo no reconocer que éste es precisamente el mayor obstáculo que impide a muchos acercarse a la Iglesia, hoy aún más marcada por sus muchas fragilidades.


Un regalo, un compromiso

A partir de Cristo Jesús, muerto y resucitado, aprendemos a caminar y a crecer en su Amor y a testimoniarlo con un compromiso reflexivo, en un tiempo en el que nos dejamos llevar demasiado por eslóganes superficiales ligados sólo a la emoción; a testimoniarlo con la palabra, sabiendo decir bien lo que tenemos que decir, sin ceder a las habladurías y a la denigración del otro; a dar testimonio con nuestras acciones, sabiendo que el amor que vivimos en plenitud siguiendo el ejemplo de Jesús muestra lo que nos diferencia de los demás, y no por privilegio o vanagloria, sino porque nos dejamos inspirar y guiar por el Amor misericordioso de Dios.

Que la alegría de Jesús resucitado sea un estímulo para que todos aprendan a amarse: en la familia, en el trabajo, en el deporte, en el tiempo libre, en la parroquia... Jesús, el Señor, resucitó y nos amó primero, cuando todavía éramos pecadores, y así nos hizo capaces de amar con su propio amor. Depende de nosotros creerlo, para demostrarlo con nuestras vidas.


Oración


¡Has resucitado!

Como prometiste, Señor,

¡estás vivo y estás con nosotros!

La vida ha vencido a la muerte.

El amor ha triunfado sobre el pecado.

La fe ha triunfado sobre la duda.

La esperanza ha triunfado sobre la desesperación.

La caridad ha ganado al egoísmo.

La prudencia ha ganado a la impulsividad.

La justicia ha triunfado sobre la iniquidad.

La templanza ha triunfado sobre el instinto.

La fortaleza ha triunfado sobre el miedo.

Jesús, Hijo de Dios,

Señor y Hermano nuestro,

has triunfado

porque confiaste en el Padre,

ya que has puesto todo en sus manos.

Jesús, mi amigo y hermano,

ayúdame a confiar, a ponerme en manos

del Padre tuyo y nuestro.

Ayúdame a ir adelante y más lejos,

¡Ayúdame a vivir como el Resucitado!


(Oración de A.V.)


Fuente :     www.vaticannews.va


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