sábado 08 2026

DOMINGO 9 DE AGOSTO DE 2026 -- Mateo 14,22-33. -- "SEÑOR SI ERES TÚ, MÁNDAME IR A TI CAMINANDO SOBRE EL AGUA"

 19º domingo de tiempo ordinario



Por: H. Hiram Samir Galán Jaime, L.C. | Fuente: missionkits.org




En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


 Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!



Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)



Ven, Espíritu Santo, ilumina y guía mi oración para que pueda descubrir tu voluntad en mi vida. Te ofrezco mi corazón, te necesito.


Gracias, Señor, por estar conmigo.





Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Mateo 14,22-33 








En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes. Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.


Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".


Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".


En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios". Cristianismo


Palabra del señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio


Por lo general todas las personas que solemos hacer oración y tener una cierta vida espiritual creemos tener una fe fuerte y sólida. Estas acciones nos permiten sentirnos en paz y creer que estamos cumpliendo con nuestro deber de  cristianos.


Y si bien todo esto contribuye en el crecimiento y en la madurez espiritual, no son indicadores directos de nuestra fe, pues tenemos que recordar que, en primer lugar, ésta es un don y, como tal, no realizamos nada para merecerla o adquirirla. En cambio, sí podemos decir que la fe crece y aumenta en el ejercicio de la misma. Así vemos que Pedro recibió la fe como don y por ello le pidió a Jesús que lo llamara hacia Él. Pero en el ejercicio de la fe es necesario confiar y abandonarse en Dios, a pesar de que las circunstancias que se nos presenten nos inquieten y nos hagan dudar.


Es por ello que Pedro, al sentir la fuerza del viento y de la naturaleza, en lugar de aferrarse más a Jesús, dudó y pensó en sí mismo, por ello se hundió.


Señor, enséñanos a tener una fe fuerte y operante para que seamos capaces de realizar maravillas en tu nombre, y que cada día nos conduzca hacia Ti a pesar de que todo parezca gris y oscuro.


Pero en todo esto el Señor sigue diciéndonos, como decía a los discípulos de su tiempo: "¡No tengáis miedo!". No olvidemos esta palabra: siempre, cuando nosotros tenemos alguna tribulación, alguna persecución, alguna cosa que nos hace sufrir, escuchamos la voz del Señor en el corazón: "¡No tengáis miedo! ¡No tener miedo, ve adelante! ¡Yo estoy contigo!". No tengáis miedo de quien se ríe de vosotros y os maltrata, y no tengáis miedo de quien os ignora o "delante" os honora pero "detrás" combate el Evangelio. Hay muchos que delante nos sonríen, pero luego, por detrás, combaten el Evangelio. Todos les conocemos. Jesús no nos deja solos porque somos preciosos para Él. Por esto no nos deja solos: cada uno de nosotros es precioso para Jesús, y Él nos acompaña.

(Homilía de S.S. Francisco, 25 de junio de 2017). Realeza


Diálogo con  Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.


Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.


Pondré en manos de Dios ese problema que siempre viene a mi pensamiento y me roba la paz, al traer consigo angustia y desconfianza.


Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!


Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén. 


 Por: H. Hiram Samir Galán Jaime, L.C. | Fuente: missionkits.org




SÁBADO 8 DE AGOSTO 2026 -- CREDO MARIANO

 







¿Qué pensamos de María? ¿Quién es para nosotros la Virgen? ¿Cuáles son las gracias de que Dios llenó a la que es “La llena de gracia”? ¿Qué enseña la Iglesia sobre la Virgen María, la Madre de Jesús?...

Un Mariólogo insigne nos dejó un “Credo” precioso, que él llamó “Profesión de Fe Mariana”, y que hoy va a ser nuestra confesión, dirigida como oración ferviente a la misma Virgen María. Con ella expresamos lo que la Iglesia nos propone por el Magisterio, por la Teología o por el sentir de todos los cristianos.

Convencidos de que estamos en la verdad, llenos de fe y de gozo le decimos a la Celestial Señora:

* “Virgen María, profesamos de corazón la doctrina de la Iglesia Católica, según la cual Tú fuiste predestinada en el decreto mismo de la encarnación del Hijo de Dios, para estar estrechamente unida a Jesucristo en la obra de la Salvación. 

“Creemos que Tú, elegida desde la eternidad para Madre de Jesucristo, fuiste también, como Madre suya, amada por Dios con amor único, y adornada y enriquecida con privilegios y dones del todo singulares.

“Confesamos, oh María, que fuiste llena de gracia, colmada de bendiciones sobre todas las mujeres, nunca sujeta al pecado, como redimida por Cristo con redención eminente y singularísima.

“Creemos firmemente que eres Inmaculada desde el primer instante de tu Concepción; libre de toda culpa personal hasta la más leve, y sin el más pequeño desorden que te inclinase al pecado.

“Confesamos, María, que Tú concebiste y diste a luz a tu Hijo Jesús virginalmente, y que después permaneciste siempre Virgen, sin dar más cabida en tu corazón y en tu seno que al Dios de la santidad.

“Profesamos, Virgen María, que el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en tu seno con previo consentimiento tuyo, pues aceptabas consciente y libremente la maternidad virginal que Dios te ofrecía, y te convertías así en la Nueva Eva y Madre Espiritual de todos nosotros.

“Guiados por la doctrina de la Iglesia, creemos que, con la fe y el amor de tu asentimiento, concurriste a la encarnación redentora del Hijo de Dios, te consagraste por entero a la persona y obra de Jesús, y con Él y en dependencia de Él, colaboraste activamente a la obra de la Redención.

“Te proclamamos, Virgen María, como Asociada a la obra salvadora de tu Hijo, en la que actuaste con tu obediencia, fe, esperanza y caridad ardientes para la restauración de la vida de las almas.

“Sostenemos, como revelado por Dios, que Tú, acabado el término de tu carrera mortal, no pudiste quedar bajo el imperio de la muerte, sino que, resucitada, fuiste en tu Asunción elevada en cuerpo y alma al Cielo, asemejada en todo a Jesucristo, vencedor de la muerte y del pecado.

“Afirmamos, con la fe de la Iglesia y el pensar de todos los cristianos, que Tú, Virgen María, eres nuestra Abogada y Medianera ante Dios, en dependencia de Jesucristo, el único Mediador, y ejerces así una función maternal “que la Iglesia experimenta y recomienda a los fieles, para que lleguemos y nos unamos más íntimamente a Cristo”.

“Te reconocemos, Virgen María, como Reina del Universo, exaltada por Dios sobre todos los ángeles y santos, por tu dignidad, tu excelencia y la eficaz mediación ante tu Hijo.

“María, te proclamamos gozosamente Madre nuestra, porque contribuiste eficazmente a restaurar la vida en las almas. Esa tu maternidad, extendida a toda la Iglesia, la ejerces de continuo en la regeneración y formación de los nuevos hijos de Dios, maternidad que perdurará hasta la consumación de todos los elegidos.

“Virgen María, conocedores de tu excelencia tan singular y de tu eficacísima intercesión maternal, profesamos la legitimidad del culto que te tributa la Iglesia. Y “Virgen María, conocedores de tu excelencia tan singular y de tu eficacísima

intercesión maternal, profesamos la legitimidad del culto que te tributa la Iglesia. Y reconocemos que nuestra devoción a Ti es garantía y contraseña de la verdadera fe.

“Creemos, oh María, que al venerarte, amarte e invocarte como Madre de Dios, nos alentamos en el afán de ser cada vez más semejantes a Ti, Madre nuestra, purísima y llena de gracia.

“Esto creemos de Ti, querida Virgen Santísima, porque Dios nos lo ha dicho y porque así nos lo enseña la Iglesia, guiada siempre por el Espíritu Santo.

“Tú nos llevas a Cristo, y, Medianera con nuestro único Mediador, por Ti y contigo estaremos en la eternidad feliz gozando de tu amor de Madre en la gloria del Señor”.

¿Qué hacemos, qué hemos hecho ahora, al dirigirle a la Virgen una profesión de fe mariana semejante?...

Hemos hecho una realidad lo que la Iglesia le pide a la celestial Señora con aquella plegaria ardiente de la Liturgia: “¡Concédeme el poderte alabar, oh Virgen sagrada!”

 Y hemos alabado a la que dijo, llena del Espíritu Santo: Me llamarán dichosa todas las gentes. ¡Qué bien que nos lo va a pagar la Virgen María, con lo agradecida que es!...


Nota.- Esta Profesión de Fe Mariana es del Padre Narciso García Garcés, Misionero

Claretiano





viernes 07 2026

SÁBADO 8 DE AGOSTO DE 2026 -- Mateo 17, 14-20. -- SI TUVIERAN FE, NADA SERÍA IMPOSIBLE

Tiempo Ordinario. 

Milagros de Jesús


La fe, aunque es un don de Dios, debe crecer y fortalecerse con nuestra colaboración.




Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20








En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron, aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.


Oración introductoria

Señor, me falta fe... para ser perseverante en mi oración, para amar mejor a los demás, para ser fiel a mi misión. Inicio mi oración haciendo silencio en mi corazón; no un silencio vacío, sino lleno de esperanza al estar ante ti, poniéndome humildemente ante tu presencia, con la seguridad que por el gran amor que me tienes, fortalecerás mi fe.


Petición

Jesús, dame la gracia de asimilar que la verdadera oración consiste en unir mi voluntad a la de Dios.


Meditación del Papa 

La liturgia del día presenta el pasaje del evangelio en el que los discípulos no pueden curar a un niño; debe intervenir el mismo Jesús que se queja de la falta de fe de los presentes; y al padre del niño que pide ayuda le dice que todo es posible para el que cree.


Los que quieren amar a Jesús, a menudo no arriesgan demasiado en la fe y no se confían totalmente a Él. Pero ¿por qué esta falta de fe? Creo que es el corazón, que no se abre, el corazón cerrado, el corazón que quiere tener todo bajo control.


Es un corazón, por lo tanto, que no se abre, que no le da el control de las cosas a Jesús, y cuando los discípulos le preguntan por qué no podían sanar al joven, el Señor dice que aquella especie de demonios no pueden ser expulsados por nada, excepto por la oración.


Todos nosotros tenemos un poco de incredulidad en el interior. Es necesaria una oración fuerte, y esta oración humilde y fuerte hace que Jesús pueda hacer el milagro. La oración para pedir un milagro, para pedir una acción extraordinaria, debe ser una oración que involucre, que nos involucre a todos. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de mayo de 201, en Santa Marta).


Reflexión

Se puso de rodillas. ¿Te imaginas a un padre de familia, desesperado, poniéndose de rodillas delante de alguien que aparentemente es un hombre como los demás? ¿Qué le movió a hacerlo? El amor a su hijo.


Primero lo había intentado con los discípulos, pero ellos no pudieron curar al chico de los ataques de epilepsia. Luego ve al Señor, se acerca y cae de rodillas ante Él. No tiene ninguna vergüenza. No le importa lo que digan de él. Únicamente busca el bien de aquel a quien ama.

Jesús, conociendo el amor que brotaba del corazón de ese hombre, curó al hijo.


Por su parte, los discípulos no entendían en qué habían fallado. Jesús les respondió que les faltaba fe. No dice que no tienen fe, sino que aún es muy pequeña.


La fe, aunque es un don de Dios, debe crecer y fortalecerse con nuestra colaboración. Es como ir a un gimnasio: al levantar las pesas una y otra vez, nuestros músculos se desarrollan. La fe también debe ejercitarse, ponerse a prueba, alimentarse. Si nos conformamos con la fe que teníamos a los diez años, cuando hicimos la primera comunión, es lógico que nuestro “músculo” espiritual esté raquítico.


Necesitamos una fe adulta, resistente, alimentada con las lecturas adecuadas, con la oración diaria, con los sacramentos y con todo aquello que nos ayude a fortalecerla.


Propósito

Rezar con mucha fe, diariamente, la oración a mi ángel custodio


Diálogo con  Cristo

El ingrediente secreto para tener éxito en cualquier cosa es la fe. No es necesario nada más. Jesús, ahora veo que la oración no es opcional, sino que es el medio por el cual podemos crecer en la fe. Sólo quien reza, es decir, quien confía en Dios, con un amor filial, puede sanarse a sí mismo y a los demás.


Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net



jueves 06 2026

VIERNES 7 DE AGOSTO DE 2026 -- Mateo 16, 24-28. -- EL QUE QUIERA VENIR CONMIGO, CARGUE CON SU CRUZ

Tiempo Ordinario


Cargar la cruz que tenemos con alegría, Cristo va por delante.



Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 16, 24-28








En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.


Oración introductoria

Padre santo, ayúdame a buscar lo que me haga crecer en el amor, para darte gloria y servir mejor a los demás: bienes que duren y valgan para la eternidad. Y, aunque no me guste ni me atreva a buscarla, que sepa renunciar a mí mismo para tomar mi cruz y seguirte.


Petición

Señor, dame la fortaleza para tomar mi cruz y seguir los pasos de tu Hijo.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Que tome su cruz y me siga.


El Evangelio de hoy nos alienta a la alegría y, asimismo, a aceptar el sufrimiento, la cruz, inseparables del seguimiento de Jesús. ¿Tengo experiencia de ambas realidades? ¿Sé armonizarlas en mi vida? A nadie le gusta sufrir. Pero el sufrimiento viene sin que lo busquemos. Todos podemos hablar de nuestra cruz de cada día. También de la lucha diaria por seguir a Jesús en medio de una sociedad que piensa y vive lo contrario.


En este Evangelio de Mateo, Jesús nos anima a seguirlo, a poner nuestros pasos en sus huellas. Jesús nos invita a superar nuestro egoísmo, a tomar nuestra cruz y a dar la vida por su reino.


La recompensa será enorme: Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.


Y quien sigue a Cristo tiene que aceptar llevar su cruz. Lo dice Jesús, en seguida, para hacer comprender a sus discípulos que sería una ilusión pensar en seguirlo, pero sin llevar con Él la cruz: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.” ¿Después del pecado, es éste el único camino de salvación para los individuos y para la humanidad entera?


Pedro no entendía las cosas de Dios, del mismo modo, por no situarnos nosotros en el plan del Padre, se nos hace difícil entender sus obras, sus planes para con nosotros. Tenemos necesidad de despojarnos de los criterios del hombre, de nuestros quereres, preferencias y egoísmo y adoptar sólo y únicamente el de Jesucristo.


«No se trata de una cruz ornamental, o de una cruz ideológica, sino que es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor —por los padres, los hijos, la familia, los amigos, también por los enemigos—, la cruz de la disponibilidad para ser solidarios con los pobres, para comprometerse por la justicia y la paz. Asumiendo esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que “quien perderá la propia vida [por Cristo], la salvará”. Es un perder para ganar.»

(Homilía de S.S. Francisco, 19 de junio de 2016).


Reflexión

Un sacerdote tuvo que realizar un viaje a Estados Unidos y en el avión coincidió con un empresario muy importante. Después de un rato de diálogo, el millonario le contó esta confidencia: Daría con gusto gran parte de mi dinero con tal de volver a tener la experiencia de Dios que viví hace muchos años.


La amistad con Cristo no se paga con dinero, es gratis. Por eso es tan difícil lograrla, porque no se vende en ningún establecimiento. No es una mercancía, pero es el bien más cotizado del mundo. Y por desgracia, también el más desconocido.


¿Cómo se logra esa amistad? En primer lugar, haciéndose como Cristo. Para eso hay que empezar a conocerlo; leer el Evangelio, acudir a los sacramentos, dedicar momentos diarios a la oración, etc. Es necesario "empaparse" de sus enseñanzas, que son divinas. Es entonces cuando damos un fundamento sólido a nuestra vida cristiana.


Jesús nos avisa que esa transformación en Él es costosa, como cargar con una cruz sobre los hombros. No hay que engañarse. Pero también es la manera más plena de vivir, despreocupándose de los propios intereses y tratando a los demás como Cristo lo haría. Es así como podremos experimentar su amistad y cercanía. Así "recobramos" nuestra alma para el Señor y ayudamos, con nuestro testimonio, a los otros.


Diálogo con Cristo

Es mejor si este diálogo se hace espontáneamente, de corazón a Corazón

Señor, no es fácil ser tu amigo en la cruz. La tentación a escapar o renegar de la realidad, cuando se presentan los problemas, fácilmente me domina. Gracias por esta meditación que me confirma que puedo confiar en que, con tu gracia, puedo perseverar hasta el final. No puedo esperar gozar de una eternidad gloriosa, llena de fiesta y de alegría, si no derramo, por amor a Ti y a mis hermanos, un poco de sangre, sudor y lágrimas en la tierra.


Propósito

Adoptar una actitud positiva, y no quejarme, ante las dificultades de este día para seguir a Cristo en el camino de la cruz.


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net





 


 


 



 


 









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