domingo 14 2026

EL PECADO DE OMISIÓN Y LA IGNORANCIA

 








Todo el sufrimiento que se genera en el mundo, se genera por la maldad que en él existe, pero también se produce por la apatía o la omisión de las personas de buena fe.



Por: Jose Luis Perez Gallego | Fuente: Catholic.net




El Pecado de omisión y la ignorancia.


Para el Misionerismo es uno de los grandes pecados por evitar.


Todo el sufrimiento que se genera en el mundo, se genera por la maldad que en él existe, pero también se produce por la apatía o la omisión de las personas de buena fe.


El mal actúa mientras el Bien lo permite.


Tenemos que encontrar mecanismos que nos permitan levantar la voz o testimoniar nuestra oposición a tantos crímenes y aberraciones cometidas muchas veces por los gobiernos de diferentes países.


No debemos permitir que la gente se esté muriendo de hambre, que existan las guerras, los maltratos a la naturaleza, asesinatos, robos, abortos, etc. Así mismo, resulta muy caro para una sociedad la poca formación de sus integrantes.


Como sociedad debemos de entender que la pérdida de tiempo y la ignorancia, son lujos que no nos podemos permitir. El precio que se paga, por esto, es muy alto.


La omisión también está en la falta de formación, cuando siendo conscientes de que debe ser integral, permitimos que sea parcial y generamos personas incompetentes.


Cometemos, también, pecado de omisión contra la Iglesia, a la cual pareciera que la abandonamos en un asilo y la vamos a ver de vez en cuando, para descargar nuestra conciencia.


Todo lo malo que ocurre en el mundo, ocurre porque dejamos que ocurra, pero lo más importante que debemos de concientizar, es...que si dejamos que esto ocurra, que si dejamos que el mal actué, esto siempre nos va a alcanzar.


El mal o el bien, se haga donde se haga, siempre acaba repercutiendo a toda la humanidad.


Debemos de ser conscientes que nuestro mundo cada día es más pequeño, por la velocidad de las comunicaciones.


Debemos de concientizar que, a nivel espiritual, todos estamos conectados, no somos seres independientes, sino que pertenecemos a un todo.


El Mar es Mar porque cada gota que lo forma tiene la conciencia de unidad, tiene la conciencia de que es Mar.


Somos seis mil millones de gotas humanas, de las cuales sólo podemos formar un pequeño charquito con las que sí tienen esa conciencia de unidad.


Pero el resto de los demás miles de millones de gotas humana, tienen que concientizar, que con la omisión de nuestros actos a favor del Bien, se fortalece el mal, y que no podemos pensar que no nos va a afectar en nuestras vidas cotidianas, tanto a nosotros, como a nuestros hijos.


Debemos de darnos cuenta de la pequeñez de nuestra conciencia, cuando pensamos que, con que nosotros estemos bien, lo demás no importa.


Somos tan pequeños y retrogradas, que no alcanzamos a ver que no podemos quedarnos sentados en casa, y dejar que el mundo continúe girando sin pensar y tomar conciencia de que si el bien no actúa, el mal sí actúa.


Todo el mal que permitamos que se haga, no importa en que parte del mundo, algún día nos alcanzara.


Por: Jose Luis Perez Gallego | Fuente: Catholic.net


sábado 13 2026

DOMINGO 14 DE JUNIO DE 2026 -- San Mateo 9, 36-10, 8.-- JESÚS NO SE DA ABASTO

11º domingo de tiempo ordinario



Por: Álvaro García, LC | Fuente: somosrc.mx





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.


Cristo, Rey nuestro.

¡Venga tu Reino!


Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)


Espíritu Santo, ven. Te pido que desciendas sobre los que están sufriendo esta pandemia. Yo creo que estás en mi corazón. Te ofrezco mi oración, como el Sagrado Corazón de Jesús, abre mis oídos para escucharte.


Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8








En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.


Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio


Jesús envía a los doce Apóstoles: Juan, Santiago, Mateo, tú y yo… Es bonito cómo el Evangelio remarca que Pedro era «el primero de todos». Esta es una buena ocasión para unirme al Papa e interesarme por sus exhortaciones y discursos. ¿Qué ha dicho? ¿Cuál es el centro de su mensaje? ¿Me he preocupado por extenderlo? Nuestro buen pastor, papa Francisco, nos está llevando por los caminos de la misericordia del Padre.


Jesús vio a las multitudes como ovejas sin pastor. Y nos podemos preguntar: ¿pero no podría haber hecho algo con su omnipotencia para atender a todos sin excepción? ¿Por qué no se quedó entre nosotros para guiarlas? ¿No podría haberse multiplicado? Si nos ponemos a reflexionar, el Señor sí ha hecho algo extraordinario para cuidar a cada persona, para atender cada alma sin excepción: nos envió su Espíritu.


Ya ha pasado la Navidad. La Pascua ya se fue. Ahora estamos en el tiempo litúrgico más largo que es el tiempo ordinario. Es el tiempo del Espíritu Santo, en el que quiere transformar cada minuto de nuestra vida cotidiana. Jesús nos lo envió para que hiciera nuestros corazones como el suyo, de forma que cada cristiano sea otro Cristo, disponible y dispuesto a amar su rebaño como Él lo haría. Jesús sí se ha multiplicado: está en la Eucaristía (claramente), y está en nosotros. Ha querido que su amor llegue a cada persona a través nuestro.


Todos somos esos apóstoles enviados. Todos tenemos la misión de ser santos y expandir el Reino. Sin embargo, hoy el Evangelio también nos invita a rezar por las vocaciones al sacerdocio, por esos elegidos que segarán el plantío del Señor in Persona Christi.


«Cuántas veces hemos escuchado en el Evangelio esta emoción de Jesús, con esa frase que se repite: “Viendo, tuvo compasión”. Jesús no puede mirar a la gente y no sentir compasión. Sus ojos miran con el corazón; Jesús ve con sus ojos, pero ve con su corazón y es capaz de llorar. Hoy, ante un mundo que sufre tanto, ante tanta gente que sufre las consecuencias de esta pandemia, me pregunto: ¿soy capaz de llorar, como seguramente lo habría hecho Jesús y lo hace ahora? ¿Mi corazón se parece al de Jesús? Y si es demasiado duro, si bien soy capaz de hablar, de hacer el bien, de ayudar, pero mi corazón no entra, no soy capaz de llorar, debo pedir esta gracia al Señor: Señor, que yo llore contigo, que llore con tu pueblo que en este momento sufre. Muchos lloran hoy. Y nosotros, desde este altar, desde este sacrificio de Jesús, de Jesús que no se avergonzó de llorar, pedimos la gracia de llorar. Que hoy sea para todos nosotros como el domingo del llanto».

(Homilía SS Francisco, 20 de marzo de 2020)


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.


Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.


En familia o a través de los medios de comunicación, voy a rezar por las vocaciones al sacerdocio.


Despedida


Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!


Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.


Por: Álvaro García, LC | Fuente: somosrc.mx




13 DE JUNIO -- MEMORIAL DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

 







¿Cuál es el significado del Inmaculado Corazón de María?

Ante todo, significa la gran pureza y amor del corazón de la Santísima Virgen María por Dios. Esa pureza se puso de manifiesto en el “Sí” que ella dio al Padre en la Anunciación; en su amor por su Hijo encarnado, y la cooperación de María en la misión redentora de Jesús; y también en la docilidad que mostró al Espíritu Santo, por lo cual permaneció durante toda su vida libre de ninguna mancha de pecados personales. El Corazón Inmaculado de María, por lo tanto, nos señala la profunda vida interior de María, con la que ella experimento tanto los gozos como los sufrimientos permaneciendo, igualmente, fiel a Dios, como estamos todos llamados a vivir.


¿Por qué honramos el Inmaculado Corazón de María?

San Juan Pablo II expresó: “De María aprendemos a amar a Cristo, su Hijo y el Hijo de Dios… De ella aprendemos a ser siempre fieles, a confiar en que la Palabra de Dios se cumplirá en nosotros, que nada es imposible para Dios.”


Cuando honramos al Inmaculado Corazón de María, honramos también a Jesús. Al honrar a la Madre, se honra al Hijo. Además, María también es nuestra madre (cf Apocalipsis 12,17), y su corazón de madre es incomparable. San Luis de Montfort afirmó: “Ni todo el amor de todas las madres alcanzaría a equiparar el amor del corazón de María por sus hijos”.


¿Cómo es la historia del Inmaculado Corazón de María?

El Inmaculado Corazón de María recibe honra, de alguna manera, desde antes del siglo XVI, pero San Juan Eudes, sacerdote francés del siglo XVI, popularizó esta devoción por su gran amor a la Santísima Virgen.


¿Qué relación hay entre el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María?

La sierva de Dios Lucía de Jesús Rosa dos Santos, una de las visionarias de Fátima, lo expresó de la siguiente forma: “La obra de nuestra redención comenzó en el momento en que la Palabra descendió del Cielo y asumió un cuerpo humano en el vientre de María. Desde ese momento y durante los siguientes nueve meses, la Sangre de Cristo fue la sangre de María, tomada del Inmaculado Corazón de la Madre; el Corazón de Cristo latió al unísono con el Corazón de María”.


Y Jesús mismo, cuando se apareció a Sor Lucía, le dijo: “Quiero que Mi Iglesia ponga la devoción al Inmaculado Corazón junto con la devoción a Mi Sagrado Corazón”.


¿Qué es la devoción de los primeros sábados?

Parte del mensaje de Fátima consiste en el pedido que Dios nos hace de reparación por los pecados del mundo. En 1916, el ángel que se apareció a los niños les enseñó oraciones de reparación y les pidió que hicieran penitencia. La Santísima Virgen también pidió oraciones y actos de reparación; y el 13 de julio de 1917, prometió que volvería para pedir una forma especial de reparación. Esto se dio en 1925, cuando se le apareció a Lucía, que era novicia en una comunidad española.


“Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado de mes se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen cinco misterios del Rosario y me hagan compañía durante quince minutos meditando en los quince misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para la salvación.”


Este pedido está vigente y es tan necesario hoy como en 1929, si no más. No solo está al alcance de todo católico, sino que se agrada así al Señor, que, como cualquier hijo, agradece que otros defiendan el honor de su madre.


“Nunca temas amar demasiado a la Santísima Virgen María. No hay forma de amarla más de lo que Jesús la amó.” – San Maximiliano Kolbe


No debe separarse lo que Dios ha unido tan perfectamente. Están tan juntos Jesús y María que quien contemple a Jesús ve a María; quienquiera que ame a Jesús, ama a María; toda persona devota de Jesús, es devota de María. – San Juan Eudes


¿Por qué se representa a María con una espada en su corazón?

Muchas imágenes del Inmaculado Corazón de María muestra una o varias espadas que lo atraviesan. Simeón le advirtió a la Santísima Madre: “¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!” (Lc 2,35). Eso señala los sufrimientos que María iba a experimentar, en particular la Pasión de Jesús.


¿Se menciona el Corazón de María en la Biblia?

En el Evangelio de San Lucas, se menciona el corazón de María en dos pasajes. Luego del nacimiento de Jesús, San Lucas relata (2,19): “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. Y luego de que María y San José hallaran a Jesús en el Templo después de haber estado perdido durante tres días, San Lucas (2,51) afirma: “Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”. Ambas referencias apuntan a la vida interior de María en la que ella meditaba los Misterios que rodeaban a su Hijo.


¿Qué significa consagrarse al Inmaculado Corazón de María?

Consagrar algo es reservarlo para Dios. Este “hacerlo sagrado” identifica a la persona o el objeto como consagrado al servicio de Dios. Esto se ve en el Antiguo Testamento cuando las personas o los objetos (el primogénito, los sacerdotes, las ofrendas, etc.) se entregan a Dios; y en el Nuevo Testamento cuando Cristo aparece como el consagrado enviado por el Padre (Juan 10,36), que se consagró a sí mismo al Padre en nombre nuestro (Juan 17,19) y a través de quien nosotros somos consagrados (1 Pedro 2,9).


Cuando nos consagramos al Inmaculado Corazón, dedicamos nuestra persona a Dios a imitación de la consagración plena de sí misma que hizo nuestra Señora en el momento de la Encarnación (Lucas 1,38) y a los pies de la Cruz (Lucas 2,35; Jn 19,25-27); y nos encomendamos a ella para cumplir acabadamente con nuestro compromiso bautismal. Como expresó San Juan Pablo II en su oración de consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María el 25 de marzo de 1984:


. . . Ante ti, Madre de Cristo, delante de tu Corazón inmaculado, yo deseo en este día, juntamente con toda la Iglesia, unirme con nuestro Redentor en esta su consagración por el mundo y por los hombres, la única que en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y procurar la reparación.


Oración de consagración a María:


¡Oh María, Virgen poderosa y Madre de misericordia, Reina del cielo y refugio de los pecadores!, nos consagramos a vuestro Inmaculado Corazón.


Os consagramos nuestro ser y toda nuestra vida; todo cuanto tenemos, todo lo que amamos, todo lo que somos. A Vos, nuestros cuerpos, nuestros corazones, nuestras almas. A Vos, nuestros hogares, nuestras familias, nuestra Patria.


Queremos que todo, en nosotros y en torno nuestro, os pertenezca, y participe de los beneficios de vuestras maternales bendiciones. Y, para que esta consagración sea verdaderamente eficaz y duradera, renovamos hoy, a vuestros pies, ¡oh María!, las promesas de nuestro bautismo y de nuestra primera Comunión.


Nos obligamos a profesar siempre y valerosamente las verdades de la Fe, a vivir como católicos, enteramente sumisos a todas las normas del Papa y de los Obispos en comunión con él.


Nos obligamos a observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia, en particular la santificación del Domingo.


Nos obligamos a introducir en nuestra vida, en lo posible, las consoladoras prácticas de la Religión cristiana, sobre todo la Sagrada Comunión.


Os prometemos, finalmente, ¡oh gloriosa Madre de Dios y tierna Madre de los hombres!, consagrarnos de todo corazón al servicio de vuestro culto bendito, a fin de apresurar y asegurar, por el reinado de vuestro Corazón Inmaculado, el reinado del Corazón de vuestro adorable Hijo, en nuestras almas y en todas las almas, en nuestra Nación y en todo el universo, así en la tierra como en el cielo. Amén.







viernes 12 2026

SÁBADO 13 DE JUNIO DE 2026 -- SAN LUCAS 2, 41-51.-- ENCONTRAR A JESÚS

 Santo Evangelio según  Inmaculado Corazón de María



Por: H. Jesús Salazar L.C. | Fuente: missionkits.org




En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!


Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)



Dame, Señor un corazón inquieto que te busque con ansia; no permitas que me acostumbre a Ti.


Evangelio del día (para orientar tu meditación)




Del santo Evangelio según san Lucas 2,41-51







Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.


Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y Yo te hemos estado buscando llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No saben que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?". Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.


Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio


En nuestra vida podemos acostumbrarnos a muchas cosas y personas pensando "ahí están y ahí seguirán estando". Así podemos acostumbrarnos a Jesús y buscarlo sólo cuando nos acordamos que lo ocupamos.


Algo similar les ocurrió a María y José, no por olvido, ni porque no lo quisieran, sino por pensar "ahí estará, al rato vendrá". Cuando nos damos cuenta de la supuesta ausencia de Jesús podemos tomar dos actitudes. La primera es la más sencilla para un corazón conformista, olvidarme de un Dios que siento lejano. La segunda brota de un corazón inquieto que busca la paz y la verdad: ¡Quiero buscarlo!


Si María y José hubieran tenido un corazón conformista, se hubieran limitado a preguntarle a la gente de la caravana; pero dieron un paso más, se devolvieron en el camino en su búsqueda. A veces es necesario devolverse un poco en el camino de nuestra vida para reconocer esos momentos que hemos tenido a Dios más cerca y no solamente recordarlos, sino buscar vivir otros mejores. Jesús realmente nunca se alejó, fueron sus padres quienes caminaron un buen rato sin Él.


Encontrar a Jesús es muy sencillo, sólo requiere de un corazón inquieto, que a la vez guarde las experiencias como el de María y quiera tener la experiencia de caminar junto al Señor. A Jesús lo encontramos en el hermano: "Todo lo que hagas a uno de estos más pequeños, a mí me lo hiciste."(Mt 25,40); en el Evangelio: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él."(Jn 14, 23); en la cruz: "el que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga."(Mt 16,24) y por último en la Eucaristía: "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él." (Jn 6,56)


El Evangelio concluye con esta expresión: "El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él" (v. 40). Que el Señor Jesús pueda, por la maternal intercesión de María, crecer en nosotros, y aumentar en cada uno el deseo del encuentro, la custodia del estupor y la alegría de la gratitud. Entonces los demás serán atraídos por su luz, y podrán encontrar la misericordia del Padre.

(Homilía de S.S. Francisco, 2 de febrero de 2016).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.


Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.


Intentaré ser consciente de que Cristo está realmente presente en cada persona a mi alrededor y/o me acercaré unos minutos a contemplar la presencia de Dios en la Eucaristía.


Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!


Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.


 Por: H. Jesús Salazar L.C. | Fuente: missionkits.org













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