domingo 26 2026

LUNES 27 DE JULIO DE 2026 -- Mateo 13, 31-35. -- SI TUVIERAS FE COMO UN GRANO DE MOSTAZA

 Parábolas


Si bien es la más pequeño de todas las semillas, crece hasta volverse la más grande que todas.



Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35








En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: "Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo."


Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo, ilumina mi meditación para que, como la semilla de mostaza, crezca y sea el fermento para que mis actividades de este día produzcan los frutos de amor que Tú tienes dispuesto.


Petición

Padre Santo, haz que tenga el anhelo de llevar a todos los hombres, mis hermanos, la Buena Nueva de tu Evangelio.


Meditación del Papa 

La parábola utiliza la imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse 'más grande que todas las plantas de huerto'.


Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes.


Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de  Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.


De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el Reino de Dios pide nuestra colaboración, si bien es sobre todo iniciativa y un don del Señor. Nuestra débil obra aparentemente pequeña delante de los problemas del mundo, si se inserta en la de Dios y no tiene miedo de las dificultades.» (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).


Reflexión

Cuando vemos que la sociedad vive cada vez más descristianizada, nos lamentamos y vemos lo poco que podemos hacer. Ese sentimiento de impotencia es natural. Sin embargo, los mecanismos del Reino de los Cielos funcionan de manera diferente. ¿Por qué? Porque el verdadero actor es Dios, y como Él es Todopoderoso puede hacer que cambie hasta lo más difícil.


Al contemplar la vida de los santos, como la de S. Francisco de Asís, vemos cómo se realiza una gran obra a través de ese "pequeño instrumento". Esto es lo que Jesús quiere decirnos: "no te preocupes si sólo eres una semilla diminuta. Siémbrate en mi Corazón y verás hasta dónde puedes".


Así lo hicieron un grupo de gente sencilla que siguió a Jesús: sus apóstoles. ¿Quién les iba a decir que después de dos mil años la Iglesia estaría presente en tantos lugares y atendería las necesidades materiales y espirituales de millones de personas? Esto se debe a que la fuerza de la Iglesia no está en lo que pueda hacer cada uno por su cuenta, sino en el poder de Dios con las personas que se entregan a fondo.


El secreto consiste en cambiar el propio corazón por el de Jesús, pareciéndonos a Él en todo lo posible. Así se transforma también nuestra familia y las personas de nuestro entorno. Y entre todos, impulsados por Cristo, podemos traer a este mundo la civilización del amor.


Propósito

Sembrar amor al escribir un correo electrónico o una nota a quien se ha alejado de Cristo.


Diálogo con Cristo

Señor, gracias por la semilla de la fe que recibí el día de mi bautismo. Quiero que ésta crezca para que pueda convertir, con tu gracia, mi vida en tierra buena, sin obstáculos ni cizaña que detengan los frutos de amor que Tú produces.


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net


26 DE JULIO : FIESTA DE SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA

 Los padres de la Virgen María



Por: P. Jesús Martí Ballester | Fuente: Catholic.net









Un  matrimonio santo

Martirologio Romano: Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos. Cristianismo


Breves Biografías


San Joaquín


Joaquín (Yahvé prepara) fue el padre de la Virgen María, madre de Dios. Según San Pedro Damián, deberíamos tener por curiosidad censurable e innecesaria el inquirir sobre cuestiones que los evangelistas no tuvieron a bien relatar, y, en particular, acerca de los padres de la Virgen.


Con todo, la tradición, basándose en testimonios antiquísimos y muy tempranamente, saludó a los santos esposos Joaquín y Ana como padre y madre de la Madre de Dios.


Ciertamente, esta tradición parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador; este origen es normal que levantara sospechas bastante fundadas.


No debería olvidarse, sin embargo, que el carácter apócrifo de tales escritos, es decir, su exclusión del canon y su falta de autenticidad no conlleva el prescindir totalmente de sus aportaciones.


En efecto, a la par que hechos poco fiables y legendarios, estas obras contienen datos históricos tomados de tradiciones o documentos fidedignos; y aunque no es fácil separar el grano de la paja, sería poco prudente y acrítico rechazar el conjunto indiscriminadamente.


Algunos comentaristas, que opinan que la genealogía aportada por San Lucas es la de la Virgen, hallan la mención de Joaquín en Helí (Lucas, 3, 23; Eliachim, es decir, Jeho-achim), y explican que José se había convertido a los ojos de la ley, a fuer de su matrimonio, en el hijo de Joaquín. Que esa sea el propósito y la intención del evangelista es más que dudoso, lo mismo que la identificación propuesta entre los dos nombres Helí y Joaquín.


Tampoco se puede afirmar con certeza, a pesar de la autoridad de los Bollandistas, que Joaquín fuera hijo de Helí y hermano de José; ni tampoco, como en ocasiones se dice a partir de fuentes de muy dudoso valor, que era propietario de innumerables cabezas de ganado y vastos rebaños.


Más interesantes son las bellas líneas en las que el Evangelio de Santiago describe, cómo, en su edad provecta, Joaquín y Ana hallaron respuesta a sus oraciones en favor de tener descendencia.


Es tradición que los padres de Santa María, que aparentemente vivieron primero en Galilea, se instalaron después en Jerusalén; donde nació y creció Nuestra Señora; allí también murieron y fueron enterrados.


Una iglesia, conocida en distintas épocas como Santa María, Santa María ubi nata est, Santa María in Probática, Sagrada Probática y Santa Ana fue edificada en el siglo IV, posiblemente por Santa Elena, en el lugar de la casa de San Joaquín y Santa Ana, y sus tumbas fueron allí veneradas hasta finales del siglo IX, en que fue convertida en una escuela musulmana.


La cripta que contenía en otro tiempo las sagradas tumbas fue redescubierta en 1889. San Joaquín fue honrado muy pronto por los griegos, que celebran su fiesta al día siguiente de la de la Natividad de Ntra. Señora. Los latinos tardaron en incluirlo en su calendario, donde le correspondió unas veces el 16 de septiembre y otras el 9 de diciembre.


Asociado por Julio II [el de la capilla Sixtina] al 20 de marzo, la solemnidad fue suprimida unos cinco años después, restaurada por Gregorio XV (1622), fijada por Clemente XII (1738) en el domingo posterior a la Asunción, y fue finalmente León XIII [el de la Rerum Novarum] quien, el 1 de agosto de 1879, dignificó la fiesta de estos esposos que se celebró por separado hasta la última reforma litúrgica.


Santa Ana


Ana (del hebreo Hannah, gracia) es el nombre que la tradición ha señalado para la madre de la Virgen. Las fuentes son las mismas que en el caso de San Joaquín. Aunque la versión más antigua de estas fuentes apócrifas se remonta al año 150 d.C., difícilmente podemos admitir como fuera de toda duda sus variopintas afirmaciones con fundamento en su sola autoridad.


En Oriente, el Protoevangelio gozó de gran autoridad y de él se leían pasajes en las fiestas marianas entre los griegos, los coptos y los árabes. En Occidente, sin embargo, como ya te adelanté con San Joaquín, fue rechazado por los Padres de la Iglesia hasta que su contenido fue incorporado por San Jacobo de Vorágine a su Leyenda Áurea en el siglo XIII.


A partir de entonces, la historia de Santa Ana se divulgó en Occidente y tuvo un considerable desarrollo, hasta que Santa Ana llegó a convertirse en uno de los santos más populares también para los cristianos de rito latino.


El Protoevangelio aporta la siguiente relación: En Nazaret vivía una pareja rica y piadosa, Joaquín y Ana. No tenían hijos. Cuando con ocasión de cierto día festivo Joaquín se presentó a ofrecer un sacrificio en el templo, fue arrojado de él por un tal Rubén, porque los varones sin descendencia eran indignos de ser admitidos.


Joaquín entonces, transido de dolor, no regresó a su casa, sino que se dirigió a las montañas para manifestar su sentimiento a Dios en soledad. También Ana, puesta ya al tanto de la prolongada ausencia de su marido, dirigió lastimeras súplicas a Dios para que le levantara la maldición de la esterilidad, prometiendo dedicar el hijo a su servicio.


Sus plegarias fueron oídas; un ángel se presentó ante Ana y le dijo: "Ana, el Señor ha visto tus lágrimas; concebirás y darás a luz, y el fruto de tu seno será bendecido por todo el mundo". El ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió al lado de su esposa. Ana dio a luz una hija, a la que llamó Miriam.


Dado que esta narración parece reproducir el relato bíblico de la concepción del profeta Samuel, cuya madre también se llamaba Hannah, la sombra de la duda se proyecta hasta en el nombre de la madre de María.


El célebre Padre John de Eck de Ingolstadt, en un sermón dedicado a Santa Ana (pronunciado en París en 1579), aparenta conocer hasta los nombres de los padres de Santa Ana. Los llama Estolano (Stollanus) y Emerencia (Emerentia).


Afirma que la santa nació después de que Estolano y Emerencia pasaran veinte años sin descendencia; que San Joaquín murió poco después de la presentación de María en el templo; que Santa Ana casó después con Cleofás, del cual tuvo a María de Cleofás; la mujer de Alfeo y madre de los apóstoles Santiago el Menor, Simón y Judas Tadeo, así como de José el Justo.


Después de la muerte de Cleofás, se dijo que casó con Salomas, de quien trajo al mundo a María Salomé (la mujer de Zebedeo y madre de los apóstoles Juan y Santiago el Mayor).


La misma leyenda espuria se halla en los textos de Gerson y en los de muchos otros. Allí surgió en el siglo XVI una animada controversia sobre los  matrimonios de Santa Ana, en la que Baronio y Belarmino defendieron su monogamia.


En Oriente, al culto a Santa Ana se le puede seguir la pista hasta el siglo IV. Justiniano I hizo que se le dedicara una iglesia. El canon del oficio griego de Santa Ana fue compuesto por San Teófanes, pero partes aún más antiguas del oficio son atribuidas a Anatolio de Bizancio.


Su fiesta se celebra en Oriente el 25 de julio, que podría ser el día de la dedicación de su

primera iglesia en Constantinopla o el aniversario de la llegada de sus supuestas reliquias a esta ciudad (710).


Aparece ya en el más antiguo documento litúrgico de la Iglesia Griega, el Calendario de

Constantinopla (primera mitad del siglo VIII). Los griegos conservan una fiesta común de San Joaquín y Santa Ana el 9 de septiembre.


En la Iglesia Latina, Santa Ana no fue venerada, salvo, quizás, en el sur de Francia, antes del siglo XIII. Su imagen, pintada en el siglo

VIII y hallada más tarde en la Iglesia de Santa María la Antigua de Roma, acusa la influencia bizantina.


Su fiesta, bajo la influencia de la Leyenda Áurea, se puede ya rastrear (26 de julio) en el siglo XIII, en Douai. Fue introducida en Inglaterra por Urbano VI el 21 de noviembre de 1378, y a partir de entonces se extendió a toda la Iglesia occidental. Pasó a la Iglesia Latina universal en 1584.


Santa Ana es la patrona de Bretaña. Su imagen milagrosa (fiesta, 7 de marzo) es venerada en Notre Dame d´Auray, en la diócesis de Vannes.

También en Canadá -donde es la patrona principal de la provincia de Québec- el santuario de Santa Ana de Beaupré es muy famoso.


Santa Ana es patrona de las mujeres trabajadoras; se la representa con la Virgen María en su regazo, que también lleva en brazos al Niño Jesús. Es además la patrona de los mineros, que comparan a  Cristo con el oro y con la plata a María.


Fuente :       Jesús Martí Ballester

sábado 25 2026

DOMINGO 26 DE JULIO DE 2026 -- Mateo 13, 44--52. -- EL REINO DE LOS CIELOS SE PARECE A UN TESORO

 Tiempo Ordinario


Vale la pena encontrar en Dios al único Tesoro por el cual luchar en la vida.



Por: P. Francisco Javier Arriola, LC | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44 – 52









El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».


Oración Introductoria

Señor mío y Dios mío, concédeme la gracia de encontrar el tesoro de tu Palabra para hacer crecer tu Reino en mi corazón. Vengo ante ti para mostrarte mi pobreza y para pedirte que concedas lo que más necesito para serte fiel, para amarte más y para llevarte a los demás. Concédeme una fe inquebrantable y una confianza que me haga esperarlo todo de ti, mi único Bien.


Petición

Jesus manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Haz que mis sentimientos sean los tuyos, que mis pensamientos sean los tuyos y que mi voluntad sea la tuya para agradarte a ti y edificar a los demás.


Meditación

Cada uno de nosotros somos un negociante de perlas finas. En la vida vamos buscando las más bellas y las mejores. Las buscamos en la felicidad, en nuestras relaciones con nuestros familiares y amigos, en el trabajo y también en el éxito de cada una de nuestras obras. Pero estas joyas carecen de valor cuando descubrimos que sólo una las supera en belleza y precio. Ese diamante precioso de valor incalculable será siempre Dios, que brilla en cada uno de sus lados: su Palabra en el Evangelio, su gracia, sus dones, sus virtudes, la vida eterna.


Si somos buenos comerciantes, seremos capaces de vender todo con tal de adquirir el campo donde hemos encontrado la joya que verdaderamente vale. Y en términos de inversiones, la herencia por la que hay que luchar en la vida es la eterna: ¡hay que invertir en el cielo! San Pablo nos dice que si hemos resucitado con Cristo, busquemos las cosas de arriba, donde no hay ni ladrones ni polilla que pueda corroer nuestro tesoro.


¿Cuáles son nuestras joyas? ¿Dónde está nuestro tesoro? ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Dónde queremos que esté? Puesto en lo que no pasará, porque no queremos cosas que perecen y se acaban. Deseamos llevarnos lo único que podemos tener después de la muerte: nuestras buenas obras y el amor con que hemos vivido y que hemos transmitido a los demás. Por este motivo, hay que escoger, como dice el pasaje del Evangelio, lo bueno y tirar lo malo. Hay que desechar de nuestra vida lo que no agrada a Dios, lo que hiere a las demás personas que nos rodean y guardar lo que realmente sirve, en el “cesto” que llevaremos con nosotros mismos y que presentaremos delante de Dios. ¿Ya está lleno o aún falta? Pues comencemos a trabajar por este Reino porque aún es tiempo de merecer.


Reflexión Apostólica

Cristo trata de ilustrar con ejemplos y escenas de la vida diaria lo que podría compararse con el Reino de los cielos al que Él se refiere. La gente de entonces lo entendía bien porque se dedicaban a esos menesteres. Hoy también entendemos los ejemplos de Jesús, pero el materialismo, el hedonismo y la falta de sentido no nos dejan aplicarnos a trabajar por este Reino de los cielos. Parece que entendemos mucho pero trabajamos poco.


Hay que trabajar para la eternidad. San Pablo dice que “quien sembrare en su carne, de la carne cosechará la corrupción; pero quien siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna” (Gal 6, 8). Este es el tesoro que todos buscamos: gozar de Dios en la felicidad eterna, pero que no acertamos a encontrarlo porque para poseerlo, primero hay que creer en él sin verlo. Quien encuentra el tesoro escondido, es capaz de dejarlo todo por conseguirlo; quien encuentra la perla fina, nunca la vuelve a dejar; quien ha obtenido el trabajo de una buena pesca, sabrá desechar lo malo y quedarse con lo bueno. Los santos han constatado que esto es real y verdadero. Si buscamos, hay que estar seguros de que encontraremos, porque el comenzar a buscar a Dios es haberlo encontrado ya (cfr. San Agustín).


Propósito

Al final del día haré un breve balance para ver en qué cosas he buscado a Dios y en cuáles me he buscado a mí mismo. De este modo presentaré a Dios lo las buenas obras y pediré perdón por las que le pudieron haber ofendido.


Diálogo con Cristo

Oh sacratísimo Corazón de Jesús que estás inflamado de amor por mí, concédeme abrirte mi corazón para que lo enciendas de amor por ti. Ayúdame, Señor, valorar mi vida de cara a la eternidad, para que así no pueda menos que trabajar por tu gloria y buscar las cosas del cielo, donde me tienes un lugar que me has ganado por tu pasión, muerte y resurrección. Quiero encontrarte, Señor, sé Tú mi tesoro por el cual venda todo mi pecado a cambio de tu gracia. Quiero poseerte, se Tú mi piedra preciosa, mi pesca milagrosa y el puerto seguro al que me lleve tu mano amorosa para gozar de ti por toda la eternidad.


«Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta» Santa Teresa de Jesús, Poesías, 30.


 Por: P. Francisco Javier Arriola, LC | Fuente: Catholic.net



 


 

¿ CUÁLES SON LOS LIBROS MÁS FAMOSOS QUE SE HAN ESCRITO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN ?








Los libros más famosos y trascendentales escritos sobre la Santísima Virgen María combinan teología profunda, mística y piedad popular. La obra cumbre y más universalmente reconocida en la historia católica es el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, redactado por San Luis María Grignion de Montfort.


A continuación se detallan las obras más célebres de la literatura mariana, organizadas por su enfoque espiritual:


Clásicos de Espiritualidad y Consagración


Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen (San Luis María Grignion de Montfort): Considerado el manual definitivo sobre la consagración total a Jesús por medio de María. Fue la base del lema pontificio de San Juan Pablo II ("Totus Tuus").


El secreto de María (San Luis María Grignion de Montfort): Una versión más breve, directa y sencilla que expone el camino rápido y seguro para encontrar la gracia divina a través de la Virgen.


Las glorias de María (San Alfonso María de Ligorio): Una defensa teológica y pastoral de los privilegios de la Virgen basada en la oración de la Salve Regina. Es rica en ejemplos históricos y doctrinales sobre su papel como Madre de la Misericordia.


Imitación de María (Tomás de Kempis): Siguiendo la estructura del famoso clásico Imitación de Cristo, recopila reflexiones sobre cómo copiar las virtudes y el silencio de la Virgen.


Revelaciones Místicas y Biografías


Mística Ciudad de Dios (Sor María de Jesús de Ágreda): Una colosal obra mística del siglo XVII que narra de forma detallada la vida interna de la Virgen María y los misterios divinos que le fueron revelados a la autora.


La Vida de la Virgen María (Beata Ana Catalina Emmerick): Recopilación de las visiones sobrenaturales de esta estigmatizada alemana, las cuales describen el nacimiento, la vida cotidiana en Nazaret y la Asunción de la Virgen con impresionante realismo.


Teología y Apologética Moderna


Dios te salve, Reina y Madre (Scott Hahn): El célebre teólogo ex-pastor protestante explica de manera brillante las raíces bíblicas del dogma mariano, vinculando a María con Eva, el Arca de la Alianza y la Reina Madre del Antiguo Testamento.


El primer amor del mundo (Fulton J. Sheen): Una conmovedor análisis del Arzobispo Sheen que explora la figura de la Virgen María como el ideal perfecto de mujer que Dios diseñó desde antes de la creación del mundo.




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