miércoles 21 2026

JUEVES 22 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 12, 49-53 -- HE VENIDO A ARROJAR FUEGO SOBRE LA TIERRA

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 

Efesios 3, 14-21


Hermanos: Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los fortalezca interiormente y que Cristo habite por la fe en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán comprender con todo el pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, y experimentar ese amor que sobrepasa todo conocimiento humano, para que así queden ustedes colmados con la plenitud misma de Dios.


A él, que, con su poder que actúa eficazmente en nosotros, puede hacer infinitamente más de lo que le pedimos o entendemos, le sea dada la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las edades y por todos los siglos. Amén.


Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 49-53








En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!


¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’’.


Las palabras de los Papas

Hoy el Evangelio nos presenta un texto exigente (cf. Lc 12,49-53), en el que Jesús, con imágenes fuertes y gran sinceridad, dice a los discípulos que su misión, y también la de quienes lo siguen, no es toda “color de rosa”, sino que es “signo de contradicción” (cf. Lc 2,34). Diciendo esto, el Señor anticipa lo que deberá afrontar cuando en Jerusalén sea agredido, arrestado, insultado, golpeado, crucificado; cuando su mensaje, aun hablando de amor y de justicia, sea rechazado; (…) Todo esto nos recuerda que el bien no siempre encuentra una respuesta positiva en su entorno. Es más, en ocasiones, precisamente porque la belleza de ese bien molesta a quienes no lo acogen, aquel que lo pone en práctica termina encontrando duras oposiciones, hasta sufrir maltratos y abusos. Obrar en la verdad cuesta, porque en el mundo hay personas que eligen la mentira, y porque el diablo, aprovechándose de ello, a menudo busca obstaculizar el obrar de los buenos. Pero Jesús, con su ayuda, nos invita a no rendirnos ni a equipararnos con esta mentalidad, sino a seguir obrando por nuestro bien y el de todos, incluso de quienes nos hacen sufrir. Nos invita a no responder a la prepotencia con la venganza, sino a permanecer fieles a la verdad en la caridad.  (León XIV - Ángelus, 17 de agosto de 2025)




martes 20 2026

MIÉRCOLES 21 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 12, 39-48. -- FIEL Y PRUDENTE A LA VOLUNTAD DE DIOS

 Parábolas


Cumple tu misión en la vida. ¿Cómo?...cada uno ha de descubrirlo con la oración y la lucha.




Del santo Evangelio según san Lucas 12, 39-48








Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.


Oración introductoria

Padre ayúdanos a vivir nuestras vidas de modo que dejemos espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad.


Petición

Dios mío, ayúdame a usar los dones que se se me han dado.


Meditación del Papa 

Representa una responsabilidad. Y Jesús ha dicho: "Al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más". Por lo tanto, preguntémonos: en esta ciudad, en esta Comunidad eclesial, ¿somos libres o somos esclavos, somos sal y luz? ¿Somos levadura? O ¿estamos apagados, sosos, hostiles, desalentados, irrelevantes y cansados?


Sin duda, los graves hechos de corrupción, surgidos recientemente, requieren una seria y consciente conversión de los corazones, para un renacer espiritual y moral, así como un renovado compromiso para construir una ciudad más justa y solidaria, donde los pobres, los débiles y los marginados estén en el centro de nuestras preocupaciones y de nuestras acciones de cada día. ¡Es necesaria una gran y cotidiana actitud de libertad cristiana para tener la valentía de proclamar, en nuestra Ciudad, que hay que defender a los pobres, y no defenderse de los pobres, que hay que servir a los débiles y no servirse de los débiles! (Homilía de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2014).


Reflexión

Uno de los aspectos más chocantes del cristianismo es su concepción de la vida como una misión. En el cristianismo no rige eso del «come y bebe que la vida es breve» ni el «vivir a tope» entendido como aprovechar cada instante para conseguir más placer y más bienestar.


Cristo nos presenta la vida como una misión: «estar al frente de la servidumbre para darle a tiempo su ración» de la cual tendremos que dar cuenta. La vida es una misión. Venimos a la tierra para algo, y ese algo es tan importante que de él depende la felicidad eterna de otras personas. Ese «dar de comer a la servidumbre» es el testimonio que Cristo quiere que durante el tiempo que tiene dispuesto concederme en la tierra. El famoso psiquiatra vienés Víctor Frankl, cuando habla de los casos que se le presentan de enfermos con depresión que ya no encuentran ninguna razón para vivir, que no esperan nada de la vida ni del mundo, se percata de que quizás puede faltar una pregunta esencial y es preguntarse acerca de qué espera el mundo de mí.


Porque, aunque tengamos razones para abandonar no tenemos razón, pues la vida espera algo de nosotros y tenemos una misión en este mundo. Una misión que lleva nuestro nombre y nadie más puede hacer. Si no la hacemos nosotros nadie lo va a hacer. Hemos de descubrir cuál es nuestro camino y cuál es nuestra misión. La salvación del mundo y de las almas tienen muchos matices, la gracia es única pero las formas de alcanzarla son múltiples, por eso nuestra existencia no es casual, ni insignificante.


Propósito

Tenemos que salvar el mundo, sí, pero ¿cómo?, cada uno de una forma diferente que ha de descubrir con la oración y la lucha.


Diálogo con Cristo

Padre mío, ayúdame a ser un servidor fiel y prudente. Me has dado unos talentos que implican gran responsabilidad. Te pido perdón por todas las veces en que no he sabido corresponder a tu confianza. Te prometo que me esforzaré por ser un buen discípulo y misionero de tu amor; sé que con tu gracia puedo ser fiel y servir a todos aquellos que has puesto a mi cuidado.


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net


 











  

lunes 19 2026

MARTES 20 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 12, 35-38. -- QUE EL SEÑOR AL VENIR LOS ENCUENTRE DESPIERTOS

 Tiempo Ordinario


La salvación no es cosa de un día. Requiere estar siempre en actitud vigilante.




Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38








Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!


Oración introductoria

Señor, creo, confío y te amo sobre todas las cosas. Me acerco a Ti en esta oración para reanimar la fe, para recibir la energía espiritual que mueva mi corazón y que me mantenga en vigilante espera.


Petición

Dios mío, concédeme vivir alerta, de cara a la eternidad, con mi alma limpia, lista para el encuentro definitivo contigo.


Meditación del Papa 

El evangelista Lucas nos muestra Jesús que está caminando con sus discípulos hacia Jerusalén, hacia su Pascua de muerte y resurrección, y en este camino les educa confiándoles lo que Él mismo lleva en el corazón, las actitudes profundas de su alma.


Entre estas actitudes están el desapego de los bienes terrenos, la confianza en la providencia del Padre y, también, la vigilancia interior, la espera activa del Reino de Dios. Para Jesús es la espera de la vuelta a la casa del Padre. Para nosotros es la espera de Cristo mismo, que vendrá a cogernos para llevarnos a la fiesta sin fin, como ya ha hecho con su Madre María Santísima, que la ha llevado al Cielo con Él.


Este Evangelio quiere decirnos que el cristiano es uno que lleva dentro de sí un deseo grande, un deseo profundo: el de encontrarse con su Señor junto a los hermanos, a los compañeros de camino. Y todo esto que Jesús nos dice, se resume en un famoso dicho de Jesús: "Dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón". El corazón que desea, todos nosotros tenemos un deseo. La pobre gente que no tiene deseos, deseo de ir hacia adelante, hacia el horizonte. Para nosotros cristianos este horizonte es el encuentro con Jesús, el encuentro precisamente con Él, que es nuestra vida, nuestra alegría, lo que nos hace felices. (Homilía de S.S. Francisco, 11 de agosto de 2013).


Reflexión

¿Se salvan todos? ¿No será mejor vivir bien la vida y arrepentirse al final? Estos y otros interrogantes aparecen con frecuencia entre los jóvenes. Algunos piensan que Dios, como es Padre misericordioso, hará la vista gorda el día del Juicio y nos meterá a todos en el cielo. Otros dicen que, como lo importante es el último momento, basta con una buena confesión justo antes de la muerte. Estos han leído muy bien la historia del "buen ladrón" crucificado junto a Cristo.


Los más viejos del lugar ya no saben qué decir. Las cosas van tan deprisa que lo que antes era verdad ahora parece que ha cambiado. Eso de la "salvación de las almas" ya no les dice mucho.


¿Y nosotros qué pensamos?


La salvación no es cosa de un día. Requiere estar siempre en actitud vigilante. Puede ayudarnos el hacer un examen de conciencia al final del día. De hecho, quienes se examinan con frecuencia sobre el estado de su alma, difícilmente sucumben. Al examinarnos, estamos tomando la "temperatura" de nuestra alma y descubrimos si está fría o caliente. Sabemos si vamos por buen camino o hay algo que corregir. Nos damos cuenta si estamos o no preparados para abrir la puerta "al señor que vuelve de la boda".


Por eso, no hay que arriesgarlo todo para el último momento, porque es posible que nos sorprenda cuando menos lo esperemos. Es más prudente seguir el consejo que Jesús nos dio: "El que persevere hasta el final, ése se salvará".


Propósito

Vivir responsablemente este día, aprovechando mi tiempo, esforzándome por «ganar tiempo al tiempo», para comprometerme más en la nueva evangelización.


Diálogo con Cristo

Sean pocos o muchos los años que me quedan de vida, necesito estar listo para lo que la Providencia permita. Jesús, Tú conoces todas mis acciones, mis pensamientos y guías siempre mi camino, por eso te doy gracias; pero también conoces mis temores y mi fragilidad, por eso te pido la fortaleza y la sabiduría que necesito para sentir la urgencia de trabajar por tu Iglesia.


Por: P. Luis Gralla | Fuente: Catholic.net






LA AVARICIA : LOS PECADOS CAPITALES

 Pecados Capitales









El Eclesiástico 14, 3 al 19 dice: “Al avaro no le sienta bien la riqueza, tampoco los bienes al envidioso. El que atesora a costa de privaciones, atesora para los demás. Otros gozarán de sus bienes. El que es malo consigo mismo, ¿con quien será bueno? No goza de sus riquezas... El hombre de mirada codiciosa es un malvado, que aparta los ojos y desprecia a las personas. El ambicioso no está contento con lo que tiene, la injusticia mala seca el corazón. El ojo envidioso codicia el pan del otro, en su mesa estará triste y hambriento... Antes de morir, haz el bien a tu amigo y de acuerdo a tus bienes sé generoso... Como hojas verdes en árbol frondoso; caen unas y brotan otras; así las generaciones de carne y sangre; una muere y otra nace. Toda obra corruptible desaparece, y su autor se va con ella”.


La avaricia es el afán desquiciado de poseer riquezas para atesorarlas, sin importar los medios empleados para conseguirlas. Esta anomalía se parece a la codicia que es el apetito desordenado de posesiones y el frenesí por obtener lo que se cree es provechoso, pero que no lo es y que sirve solo para saciar las pamplinas mundanas.


Las propuestas hedonistas del modernismo, motivan las ganas de adherirse a lo material. El bombardeo publicitario y la competencia personal y social, acondicionan la mente para avivar las ansias y fascinaciones de obtener lo frívolo: Yates, aviones, vehículos suntuosos y extravagantes, mansiones fastuosas, joyas rimbombantes, continuos viajes placenteros, juegos de azar, sexo descarriado, comilonas exóticas, posesión de aparatos electrónicos, vestidos finos, consumo de estupefacientes, bebidas embriagantes y otras expectativas de dispendio, no indispensables para ser austeros y vivir felices. La ambición por todo eso, desespera a quienes las echan de menos. Los medios de comunicación y otras influencias extra sensoriales, las exhiben como imprescindibles. La competencia comercial estimula los instintos y por eso no se percibe la torpeza derrochadora. En la brega por adquirir lo ansiado, muchos transitan las veredas del mal.


La avaricia es dañina, pues la vida se hace artificiosa y anticristiana. La ambición de comprar y ostentar, cimienta costumbres materialistas de existir y arrolla a quienes padecen esos deterioros y al círculo familiar, especialmente a los hijos. El patrón de aprendizaje es que para ser mejores, se debe tener de todo y alardear de ello. Hay personas que nunca tuvieron contacto con Dios, porque desde niños sus padres los llenaron de inutilidades y ellas son la representación de su mundo; el valor humano y el poder dependen de los bienes que se tengan. Si por casualidad cumplieron con algún Sacramento, éste no se efectuó por acendradas convicciones cristianas, sino por la celebración del evento y por simular finuras y exquisiteces.


La avaricia es difícil de superar en la etapa adulta, y la gravedad del mal se propagará en las sucesivas generaciones. Los descendientes serán esclavos del diablo, pues para los avaros poder vivir bien, no deben tener restricciones sociales ni pobreza terrenal y para atrapar ese objetivo, es valedero cualquier medio así sea malévolo.


Los codiciosos ansían la comodidad, dejando lo arduo a los demás; acaparan lo agradable y ganan dinerales para dejarlos improductivos, en detrimento de los que nada tienen. Lo primordial es amasar fortuna y repudiar la generosidad.


Una bribonada común en los usureros, es cobrar altos intereses cuando prestan dinero. Muchos acuden a los agiotistas, avarientos y bancos comerciales, para requerir préstamos que les posibilite solucionar algún inconveniente. Para acceder al capital tramitado, exigen garantías como la hipoteca de bienes o fiadores que respalden el empréstito, pero con intereses a veces impagables. La codicia se evidencia, cuando ejecutan las pertenencias del prestatario o fiador que no pudo amortizar el capital.


La usura no se da solamente en los negocios entre individualidades. Los dueños del poder económico, político y financiero de los países desarrollados, así como los organismos financieros multilaterales: Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Fondo Monetario Internacional, y otras instituciones similares, someten a las naciones débiles a la infernal explotación y rapacería de sus recursos naturales, fiscales y humanos, sin ninguna compasión por los que padecen extremada miseria.


Es casi nula la caridad de los opulentos, hacia los menesterosos. Con frecuencia, hartos de lujos y comida, esta se bota o se quema, debido a que en oportunidades la producción es abundante y la oferta mayor que la demanda. Si no destruyen los productos que sobran, disminuirán los precios. La avaricia no tolera el descenso del costo de los alimentos, mucho menos los disponen para regalarlos a los pobres, ya que las ganancias merman. Con esas maldades, el valor de los artículos primarios se agranda y son inaccesibles para quienes devengan sueldos bajos. Los márgenes de ganancias nunca se reducen y con la excusa del incremento del costo en los insumos, fraguan inflaciones exageradas que merman el poder adquisitivo de los pobres. En muchas naciones, más de la mitad de sus habitantes padece hambre y la tendencia va en aumento. Mientras tanto, los ricos se niegan a suministrar la asistencia tecnológica a los desvalidos, para ayudarlos en la producción de los víveres que puedan mitigar su hambruna. Casi todas las naciones de África, Asia y Latinoamérica, tienen extremas necesidades de alimentos y los ricos del mundo son indiferentes ante tal calamidad; esta atrocidad, demanda equidad ante Dios.


La masificación del dinero en las naciones desarrolladas y las penurias de los países pobres, hizo que estos contrajeran compromisos monetarios, sin tener en cuenta la imposibilidad de sus economías para pagar la deuda externa. Aunado a esto, la gran corrupción de los gobernantes, dilapidó los fondos entregados por los centros financieros internacionales. Esos pueblos cayeron en la desdicha generada por las injusticias políticas, sociales, económicas y culturales. La banca transnacional, las entidades financieras y las naciones ricas, son sordas ante el clamor de los menesterosos que requieren auxilio, para aminorar la indefensión que sufren.


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