martes 09 2026

MIÉRCOLES 10 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 5, 17-19 -- NO HE VENIDO ABOLIR LA LEY Y LOS PROFETAS

 Tiempo Ordinario


No basta cumplir con reglas para estar cerca de Dios, hay que amarlo.



Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19








«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.


Oración introductoria

Dios mío, me postro ante Ti en esta oración, quiero escucharte y ser dócil a tus inspiraciones, porque sólo Tú podrás dar plenitud a mi vida.


Petición

Señor, dame la gracia para que nunca contradiga tus mandamientos, concédeme ser un auténtico seguidor y testigo de tu amor.


Meditación del Papa 

Integración: Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a plenitud, declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión; declarando que Dios no se complace en la observancia del Sábado que desprecia al hombre y lo condena; o cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés.


Jesús revoluciona también las conciencias en el Discurso de la montaña abriendo nuevos horizontes para la humanidad y revelando plenamente la lógica de Dios. La lógica del amor que no se basa en el miedo sino en la libertad, en la caridad, en el sano celo y en el deseo salvífico de Dios, Nuestro Salvador, “que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. “Misericordia quiero y no sacrificio”» (Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).


Reflexión

Toda esa tremenda legislación se convirtió en una carga demasiado pesada. Los mismos judíos experimentan esta casi insuperable dificultad. Ser un hombre perfecto, como Dios lo quiere, sin estar unido verdaderamente a Dios desde el interior, es una tarea imposible.


Los actos externos, el culto, los ritos y todos los sacrificios, no pueden todo unido llegar al valor de un simple acto de contrición, de una simple y sencilla oración que nace del corazón y que diga: "Señor, ten piedad de mi, porque soy un pecador... un corazón contrito y humillado tú, Oh Dios, no lo desprecias", dice el salmo. Cuántos se habían olvidado de esto en aquellos tiempos, y cuántos hoy pensamos que para tranquilizar la conciencia basta un acto externo, una limosna, o ni siquiera eso... Hemos adaptado tanto a nuestro antojo la ley de Dios que su contenido casi ha desaparecido o nos contentamos con "decir algo a Dios de vez en cuando"...


El camino de una verdadera conversión interior, es el de un leal esfuerzo por interiorizar nuestra experiencia y relación con Él, pero sin dejar de aprovechar las riquezas espirituales de la Iglesia, sobre todo a través de los sacramentos. Ahí encontraremos al Señor siempre que le busquemos. Su espíritu está ahí presente y actúa por encima de las instituciones y de las personas... Yo estaré con vosotros hasta el final del mundo...


Propósito

Cumplir siempre las leyes civiles y de la Iglesia y reflexionar en qué sentido me lleva a vivir más plenamente el amor.


Diálogo con Cristo

Señor, erróneamente existe la tendencia de pensar que así como el agua y el aceite no se mezclan, tampoco lo hacen tus mandamientos y la felicidad. Por eso, con diligencia voy adormilando mi conciencia, y sutilmente hago a un lado todo lo que implique renuncia, esfuerzo, sacrificio. Gracias por recordarme que me ofreces tu gracia y amor para ser fiel siempre a tu ley, que tiene como fundamento el amor.


Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net






 




¿ QUÉ SIGNIFICA EL PASAJE DE SAN MATEO 5, 13 - 16 ?








En Mateo 5, 13-16, Jesús utiliza las metáforas de la sal y la luz para explicar la misión de los cristianos en el mundo. Significa que los creyentes deben impactar a la sociedad positivamente con sus valores y buenas obras, reflejando el amor de Dios.


1. «Ustedes son la sal de la tierra» (v. 13)

Preservar y dar sentido: En la antigüedad, la sal se utilizaba principalmente para conservar los alimentos y evitar que se corrompan. Para un cristiano, esto significa frenar la corrupción y el deterioro moral en el mundo.


Dar sabor: La sal da gusto a la comida. Espiritualmente, significa aportar sentido, alegría y esperanza a la vida diaria.


El riesgo de perder el sabor: Jesús advierte que si la sal se vuelve insípida ya no sirve para nada. Representa el peligro de un creyente que pierde su fe, su entusiasmo o su identidad, volviéndose ineficaz para la comunidad.


2. «Ustedes son la luz del mundo» (vv. 14-15)


Visibilidad: Jesús compara a sus seguidores con una ciudad en lo alto de un monte o una lámpara encendida. La fe católica no debe esconderse en la vida privada, sino ser visible y notoria en la sociedad.

Iluminar el entorno: La luz disipa las tinieblas. Los cristianos están llamados a iluminar el camino de otros, disipando la ignorancia, la injusticia y el egoísmo con la verdad y la caridad de Cristo.



3. El propósito final: las buenas obras (v. 16)

El pasaje concluye pidiendo que la luz brille a través de las buenas obras. El objetivo no es que los cristianos busquen la fama o el reconocimiento personal, sino que sus acciones sean un reflejo evidente del Evangelio para que los demás reconozcan a Dios y le den gloria.




lunes 08 2026

MARTES 9 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 5, 13-16 -- USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO Y SAL DE LA TIERRA

 Tiempo Ordinario


Si ya no alumbras, acércate a Cristo porque Él es la luz.



Por: P. Cristian González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16








«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Oración introductoria

Dios mío, me has llamado a la santidad. Ilumina mi mente y mi corazón en esta oración para descubrir dónde se encuentra la verdadera felicidad, sólo ésta quiero desear y no las burdas imitaciones que me ofrece el mundo.


Petición

Señor, te pido que deje entrar tu luz a mi conciencia para ser sal que ilumine y dé sabor a la vida de los demás.


Meditación del Papa 

¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente sencilla... Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y su afirmación se entiende precisamente como consecuencia de las Bienaventuranzas. Él quiere decir: si seréis pobres de espíritu, si seréis mansos, si seréis puros de corazón, si seréis misericordiosos... ¡Ustedes serán la sal de la tierra y la luz del mundo!


Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos "sabor" a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2014).


Reflexión

"Miren cómo se aman" decían de los primeros cristianos. Ése era su distintivo: el amor.


Parecería que Cristo nos está pidiendo que no seamos humildes: "Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras -pero es ahora donde viene lo importante:- y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


No dejemos de hacer el bien por esa falsa humildad, el secreto está en que no nos glorifiquen a nosotros sino a Dios, pero recordemos que somos luz, sal, estamos hechos para brillar, para dar sabor, que el mundo vuelva a sentir nuestra presencia, y que cuando nos vean tengan que exclamar asombrados: "Miren cómo se aman". Miren cómo brillan en el mundo, miren cómo iluminan el camino, son como una lámpara que hay que poner en lo alto, para que alumbre a todos. No se nos olvide que somos lámpara, llevamos la luz en nosotros, pero la luz es Cristo, es a Él a quien tienen que dar gloria. Se tienen que admirar de la luz, que es Cristo.


Cristo hace milagros. Dice el evangelio que si la sal se desvirtúa ya no sirve para nada, pero todo tiene solución mientras dura la vida porque Dios es omnipotente. Si tú, siendo cristiano, siendo sal de la tierra, crees que has perdido el sabor, confía plenamente en que hay uno que se lo puede devolver, confía en que hay uno que puede hacerte ser otra vez sal de la buena, de ser sal insípida a ser sal que da sabor. Si tú te consideras una lámpara sin luz, de esas que sí se tendrían que poner debajo del celemín porque ya no alumbran, acércate a Cristo porque Él es la luz, es Él el que da sentido a nuestra vida, Él nos hará ser lo que debemos ser y así prenderemos fuego al mundo entero.


Así podrán exclamar un día también de nosotros como exclamaban de los primeros cristianos: "Miren cómo se aman". ¡Ánimo! ¡Como los primeros!


Propósito

Ser el primero en disculparme u ofrecer una solución en alguna discusión que se presente.


Diálogo con Cristo

Jesús, me llamas a ser la sal y la luz para los demás, esto implica que mi testimonio de vida, palabras y acciones deben ser un reflejo de tu amor, de tu misericordia infinita. Tu gracia es la fuente para la felicidad. Ayúdame, Señor, a guiarme en todo por el Espíritu Santo, para que Él sea quien edifique, en mí, al auténtico testigo de tu amor.


Por: P. Cristian González | Fuente: Catholic.net


 


domingo 07 2026

LUNES 8 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 5, 1-12 -- ¡ALÉGRENSE Y REGOCÍJENSE, PORQUE SU RECOMPENSA ES GRANDE EN EL CIELO!

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12








En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:


"Dichosos los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los cielos.


Dichosos los que lloran,

porque serán consolados.


Dichosos los sufridos,

porque heredarán la tierra.


Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

porque serán saciados.


Dichosos los misericordiosos,

porque obtendrán misericordia.


Dichosos los limpios de corazón,

porque verán a Dios.


Dichosos los que trabajan por la paz,

porque se les llamará hijos de Dios.


Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el Reino de los cielos.


Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".


Las palabras de los Papas

En el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, que está escrita en los corazones, ya no en la piedra; es una ley que renueva nuestra vida y la hace buena, aun cuando ante el mundo parezca fracasada y miserable. Sólo Dios puede llamar realmente bienaventurados a los pobres y a los afligidos (cf. vv. 3-4), porque Él es el sumo bien que se da a todos con amor infinito. Sólo Dios puede saciar a quienes buscan paz y justicia (cf. vv. 6.9), porque Él es el justo juez del mundo, autor de la paz eterna. Sólo en Dios encuentran alegría los mansos, los misericordiosos y los puros de corazón (cf. vv. 5.7-8), porque Él es el cumplimiento de lo que esperan. En la persecución, Dios es la fuente del rescate; en la mentira, es el ancla de la verdad. Por eso Jesús proclama: «Alégrense y regocíjense» (v. 12). Estas Bienaventuranzas son una paradoja sólo para quien considera que Dios es diferente de como Cristo lo revela. Quien espera que los prepotentes sean siempre dueños de la tierra, permanece sorprendido ante las palabras del Señor. Quien está acostumbrado a pensar que la felicidad pertenece a los ricos, podría creer que Jesús sea un iluso. Y, en cambio, la ilusión está precisamente en la falta de fe en Cristo; Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el que trabaja por la paz y es perseguido hasta la muerte en cruz.  De este modo, Jesús ilumina el sentido de la historia; no la que escriben los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos. (León XIV - Ángelus, 1° de febrero de 2026)


Fuente :    www.vaticannews.va

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