domingo 09 2026

LUNES 10 DE AGOSTO DE 2026 -- Juan 12, 24-26 -- SI EL GRANO DE TRIGO MUERE, DA MUCHO FRUTO.

 Solemnidades y Fiestas


Fiesta San Lorenzo. Es necesario dejar de ser grano, renunciar, para dar el mejor fruto. El distintivo de todo verdadero  cristiano es el amor.



Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26








En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y  muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.


Oración introductoria

Señor, ayúdame a servirte siempre y en todo. A saber vivir sostenido por tu amor, dispuesto a dejarme cribar con una confianza ilimitada en tu Providencia, por un amor apasionado y abrazado a tu cruz.


Petición

Señor, dame la generosidad para pasar mi vida sirviendo a los demás.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo.


El evangelista Juan desea resaltar que ha llegado «la hora» de Jesús, la hora de su pasión-glorificación. Sólo ahora la obra de Cristo se abre a todos, cayendo todo límite que la frenaba. De ahí la metáfora del grano de trigo. Sabemos que no perece todo, pero tiene que ser sepultado, enterrado para producir vida nueva.


Jesús ha de morir si quiere «llevar fruto», si ha de tener éxito; pero también esa muerte será fecunda. La muerte de Jesús es la muerte de la que procede todo «fruto». De ahí que se designe como una muerte salvadora, como una muerte de la que brota la vida eterna, «la vida otra». En todo caso, la imagen del «producir fruto» ha de mantener la mayor apertura posible. Cristianismo


Jesús nos presenta, una sencilla parábola pero con un gran significado, la rutina de una semilla, una forma simple para comunicarse con la gente. Y como con las palabras no podía convencerlos suficientemente, se vale de un ejemplo, porque el trigo da mucho más fruto después que muere. «Y si esto sucede en las semillas, con mayor razón en Mí.» (Crisóstomo).


La gente conoce el recorrido de la semilla, desde los recovecos del suelo que la asfixia, la pudre y allí muere, pero con gran asombro, aparece viva sobre los surcos y se convierte en una dorada espiga con muchos granos nuevos. En otras palabras, la semilla muere sola y resucita multiplicando sus frutos. Nuestro Señor Jesucristo, «murió solo y resucito acompañado de muchos». (San Beda)


Jesús nos invita a seguirle en esa entrega total. Nos invita a tener una actitud de confianza completa y sin reservas a la salvación del reinado de Dios. Cristianismo


Esta actitud y conducta nos la enseña Jesús no sólo con palabras sino con su misma vida, muerte y resurrección. Recordemos las palabras de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por los que ama». El que entrega su vida por los demás, ama de veras, se olvida de su propio interés y de su propia seguridad y lucha por una vida digna y libre para todos.


El martirio de san Lorenzo sucedió en los orígenes de la Iglesia, pero siempre los mejores  cristianos han dado su vida por los demás siguiendo el ejemplo de Jesús. Ahora nos toca a nosotros y nos podemos preguntar cada uno de nosotros: ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar?


«Jesús usa una imagen sencilla y sugestiva, la del “grano de trigo” que, al caer en la tierra, muere para dar fruto. En esta imagen encontramos otro aspecto de la Cruz de Cristo: el de la fecundidad. La cruz de Cristo es fecunda. La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios. Inmersos en este amor por el Bautismo, los cristianos pueden convertirse en “granos de trigo” y dar mucho fruto si, al igual que Jesús, “pierden la propia vida” por amor a Dios y a los hermanos.» 


(Homilía de S.S. Francisco, 22 de marzo de 2015).


Reflexión

Jesucristo dice: "Si el grano de trigo no  muere, no dará fruto". El grano que quiera seguir como grano, que le tenga miedo a la humedad, que no esté dispuesto a desaparecer como grano, ¿Cómo ha de dar fruto? Si el grano muere, nacerá una nueva planta. Si es de maíz, dará muchos elotes, que tendrán muchos granos cada uno. Pero es necesario dejar de ser grano para dar todo ese fruto.


Así, Jesucristo habría de morir para darnos un gran fruto: la salvación de nuestras almas, el perdón de los pecados, la apertura nuevamente del Cielo para nosotros, la vida eterna, la gracia santificante, recobrar nuevamente la amistad con Dios. Todo ello es parte del fruto que Jesucristo dará al morir como grano de trigo en la cruz.


Luego, inmediatamente, el mismo Jesús dice: "El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna".


Estas palabras son muy importantes para un  cristiano, para un verdadero seguidor de Jesucristo, para todos aquellos que quieren imitarle en sus vidas. Él nos dice que las personas que son egoístas, que piensan en su comodidad, en su bienestar, en su placer, olvidándose de los demás no obtendrán la vida eterna. Si pasarán esta vida con placer, con comodidad, cumpliéndose todos sus caprichos, pero perderán los más importante, la vida eterna. Aquél que busca lo mejor para sí mismo, que no le importa dañar a los demás, u ofenderlos, o maltratarlos con tal de lograr sus placeres no vivirá con el Señor la vida eterna. Cambia el placer que se va pronto, que dura "nada", por toda la vida eterna.


Por el contrario, quien no se interesa por los placeres, por las comodidades, por cumplir sus caprichos y egoísmos, quien piensa en los demás, se entrega por ellos y los ama, ese alcanzará lo más importante, lo que nunca ha de acabarse: la vida eterna.


Y Jesucristo que nos dice esas palabras, es el primero en darnos el ejemplo: pues Él ha de ofrecer su vida, ha de perderla, ha de morir, para darnos la vida eterna, para perdonarnos los pecados, para darnos la salvación. "El que se aborrece a sí mismo". Nuestro Señor, un verdadero ejemplo de amor por nosotros. No le importó morir, ni sufrir tanto, ni ser despreciado, abofeteado, escupido, azotado, ridiculizado, golpeado, coronado de espinas, despreciado, crucificado y ajusticiado en la cruz, con tal de buscar nuestro bien. ¡Eso es amor! ¡Eso es amar al prójimo! ¡¡Eso es vivir la ley de Dios: amar a Dios y al prójimo! Por eso nuestro Señor será capaz de decirnos: “Ámense como yo los he amado” ¡Hasta dar la vida por los demás!


Recordemos lo que decían de los primeros cristianos hace ya dos mil años: "¡Miren cómo se aman!". Los pueblos paganos quedaban maravillados por el amor con que se trataban entre sí los  cristianos y el amor con que trataban a todos los demás. El verdadero cristiano ha de ser como Jesucristo: Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. ¿Acaso Jesucristo no hizo eso en la cruz por todos y cada uno de nosotros? Imitémosle.


El auténtico cristiano, el verdadero católico es quien ama al prójimo y no se preocupa de sí mismo. Tengamos cuidado de los placeres, de las comodidades, de los caprichos, de los deseos, pues lo único que hacen es convertirnos en el centro de nuestro amor: nos buscaremos a nosotros mismos.


Quien verdaderamente ama a su prójimo pensará en ellos continuamente: el esposo, en su esposa; la esposa, en el esposo; los padres, en los hijos; el ciudadano, en sus conciudadanos; el maestro, en sus alumnos;


El mundo pagano se distingue por el egoísmo. El mundo cristiano se ha de distinguir por el amor. ¿Cuál mundo estamos construyendo? ¿Soy pagano o soy cristiano? El mundo pagano termina con la  muerte. El mundo cristiano empieza con la vida eterna.


Jesucristo muere en la cruz para perdonarnos los pecados, para darnos nuevamente la amistad con Dios, nos vuelve a abrir las puertas del Cielo, nos hace partícipes de la vida eterna, nos da su gracia. El Señor nos enseña: "El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna", y "Si el grano de trigo no muere, no dará fruto". El distintivo de todo verdadero cristiano es el amor.


Sabemos que por mucho tiempo que pueda vivir un hombre en la tierra, no será más que una gota en medio de la inmensidad del océano, un punto en medio de la eternidad. ¿No será preferible dejar un poco las comodidades de aquí para entrar en la eternidad por la puerta grande?


¿Cuántas veces pensamos en ella? ¿La tenemos como una realidad? ¿O sólo es algo lejano e imaginario? Los santos mártires, como San Lorenzo, nos ponen ante los ojos el valor de la vida futura. Antes de padecer los sufrimientos a los que le sometieron -ser quemado vivo- reflexionó unos instantes y optó por  Cristo a pesar de todo. Porque sabía muy bien qué encontraría después de su muerte.


Propósito

Darme el tiempo para escuchar a las personas con las que convivo diariamente: oír, comprender, acompañar, sin buscar alguna ventaja personal.


Diálogo con Cristo

Generosidad, valentía, fe, perseverancia, paciencia, tenacidad, celo apostólico y humildad son las virtudes que deben abonar la semilla de mi vida, para que dé el fruto para lo cual fue creada. Señor, dame tu gracia para dejar a un lado todo lo que me aparte de cumplir tu voluntad.


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net


 


 


 


 


 


 


 


 


 









sábado 08 2026

DOMINGO 9 DE AGOSTO DE 2026 -- Mateo 14,22-33. -- "SEÑOR SI ERES TÚ, MÁNDAME IR A TI CAMINANDO SOBRE EL AGUA"

 19º domingo de tiempo ordinario



Por: H. Hiram Samir Galán Jaime, L.C. | Fuente: missionkits.org




En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


 Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!



Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)



Ven, Espíritu Santo, ilumina y guía mi oración para que pueda descubrir tu voluntad en mi vida. Te ofrezco mi corazón, te necesito.


Gracias, Señor, por estar conmigo.





Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Mateo 14,22-33 








En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes. Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.


Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".


Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".


En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios". Cristianismo


Palabra del señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio


Por lo general todas las personas que solemos hacer oración y tener una cierta vida espiritual creemos tener una fe fuerte y sólida. Estas acciones nos permiten sentirnos en paz y creer que estamos cumpliendo con nuestro deber de  cristianos.


Y si bien todo esto contribuye en el crecimiento y en la madurez espiritual, no son indicadores directos de nuestra fe, pues tenemos que recordar que, en primer lugar, ésta es un don y, como tal, no realizamos nada para merecerla o adquirirla. En cambio, sí podemos decir que la fe crece y aumenta en el ejercicio de la misma. Así vemos que Pedro recibió la fe como don y por ello le pidió a Jesús que lo llamara hacia Él. Pero en el ejercicio de la fe es necesario confiar y abandonarse en Dios, a pesar de que las circunstancias que se nos presenten nos inquieten y nos hagan dudar.


Es por ello que Pedro, al sentir la fuerza del viento y de la naturaleza, en lugar de aferrarse más a Jesús, dudó y pensó en sí mismo, por ello se hundió.


Señor, enséñanos a tener una fe fuerte y operante para que seamos capaces de realizar maravillas en tu nombre, y que cada día nos conduzca hacia Ti a pesar de que todo parezca gris y oscuro.


Pero en todo esto el Señor sigue diciéndonos, como decía a los discípulos de su tiempo: "¡No tengáis miedo!". No olvidemos esta palabra: siempre, cuando nosotros tenemos alguna tribulación, alguna persecución, alguna cosa que nos hace sufrir, escuchamos la voz del Señor en el corazón: "¡No tengáis miedo! ¡No tener miedo, ve adelante! ¡Yo estoy contigo!". No tengáis miedo de quien se ríe de vosotros y os maltrata, y no tengáis miedo de quien os ignora o "delante" os honora pero "detrás" combate el Evangelio. Hay muchos que delante nos sonríen, pero luego, por detrás, combaten el Evangelio. Todos les conocemos. Jesús no nos deja solos porque somos preciosos para Él. Por esto no nos deja solos: cada uno de nosotros es precioso para Jesús, y Él nos acompaña.

(Homilía de S.S. Francisco, 25 de junio de 2017). Realeza


Diálogo con  Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.


Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.


Pondré en manos de Dios ese problema que siempre viene a mi pensamiento y me roba la paz, al traer consigo angustia y desconfianza.


Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!


Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén. 


 Por: H. Hiram Samir Galán Jaime, L.C. | Fuente: missionkits.org




SÁBADO 8 DE AGOSTO 2026 -- CREDO MARIANO

 







¿Qué pensamos de María? ¿Quién es para nosotros la Virgen? ¿Cuáles son las gracias de que Dios llenó a la que es “La llena de gracia”? ¿Qué enseña la Iglesia sobre la Virgen María, la Madre de Jesús?...

Un Mariólogo insigne nos dejó un “Credo” precioso, que él llamó “Profesión de Fe Mariana”, y que hoy va a ser nuestra confesión, dirigida como oración ferviente a la misma Virgen María. Con ella expresamos lo que la Iglesia nos propone por el Magisterio, por la Teología o por el sentir de todos los cristianos.

Convencidos de que estamos en la verdad, llenos de fe y de gozo le decimos a la Celestial Señora:

* “Virgen María, profesamos de corazón la doctrina de la Iglesia Católica, según la cual Tú fuiste predestinada en el decreto mismo de la encarnación del Hijo de Dios, para estar estrechamente unida a Jesucristo en la obra de la Salvación. 

“Creemos que Tú, elegida desde la eternidad para Madre de Jesucristo, fuiste también, como Madre suya, amada por Dios con amor único, y adornada y enriquecida con privilegios y dones del todo singulares.

“Confesamos, oh María, que fuiste llena de gracia, colmada de bendiciones sobre todas las mujeres, nunca sujeta al pecado, como redimida por Cristo con redención eminente y singularísima.

“Creemos firmemente que eres Inmaculada desde el primer instante de tu Concepción; libre de toda culpa personal hasta la más leve, y sin el más pequeño desorden que te inclinase al pecado.

“Confesamos, María, que Tú concebiste y diste a luz a tu Hijo Jesús virginalmente, y que después permaneciste siempre Virgen, sin dar más cabida en tu corazón y en tu seno que al Dios de la santidad.

“Profesamos, Virgen María, que el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en tu seno con previo consentimiento tuyo, pues aceptabas consciente y libremente la maternidad virginal que Dios te ofrecía, y te convertías así en la Nueva Eva y Madre Espiritual de todos nosotros.

“Guiados por la doctrina de la Iglesia, creemos que, con la fe y el amor de tu asentimiento, concurriste a la encarnación redentora del Hijo de Dios, te consagraste por entero a la persona y obra de Jesús, y con Él y en dependencia de Él, colaboraste activamente a la obra de la Redención.

“Te proclamamos, Virgen María, como Asociada a la obra salvadora de tu Hijo, en la que actuaste con tu obediencia, fe, esperanza y caridad ardientes para la restauración de la vida de las almas.

“Sostenemos, como revelado por Dios, que Tú, acabado el término de tu carrera mortal, no pudiste quedar bajo el imperio de la muerte, sino que, resucitada, fuiste en tu Asunción elevada en cuerpo y alma al Cielo, asemejada en todo a Jesucristo, vencedor de la muerte y del pecado.

“Afirmamos, con la fe de la Iglesia y el pensar de todos los cristianos, que Tú, Virgen María, eres nuestra Abogada y Medianera ante Dios, en dependencia de Jesucristo, el único Mediador, y ejerces así una función maternal “que la Iglesia experimenta y recomienda a los fieles, para que lleguemos y nos unamos más íntimamente a Cristo”.

“Te reconocemos, Virgen María, como Reina del Universo, exaltada por Dios sobre todos los ángeles y santos, por tu dignidad, tu excelencia y la eficaz mediación ante tu Hijo.

“María, te proclamamos gozosamente Madre nuestra, porque contribuiste eficazmente a restaurar la vida en las almas. Esa tu maternidad, extendida a toda la Iglesia, la ejerces de continuo en la regeneración y formación de los nuevos hijos de Dios, maternidad que perdurará hasta la consumación de todos los elegidos.

“Virgen María, conocedores de tu excelencia tan singular y de tu eficacísima intercesión maternal, profesamos la legitimidad del culto que te tributa la Iglesia. Y “Virgen María, conocedores de tu excelencia tan singular y de tu eficacísima

intercesión maternal, profesamos la legitimidad del culto que te tributa la Iglesia. Y reconocemos que nuestra devoción a Ti es garantía y contraseña de la verdadera fe.

“Creemos, oh María, que al venerarte, amarte e invocarte como Madre de Dios, nos alentamos en el afán de ser cada vez más semejantes a Ti, Madre nuestra, purísima y llena de gracia.

“Esto creemos de Ti, querida Virgen Santísima, porque Dios nos lo ha dicho y porque así nos lo enseña la Iglesia, guiada siempre por el Espíritu Santo.

“Tú nos llevas a Cristo, y, Medianera con nuestro único Mediador, por Ti y contigo estaremos en la eternidad feliz gozando de tu amor de Madre en la gloria del Señor”.

¿Qué hacemos, qué hemos hecho ahora, al dirigirle a la Virgen una profesión de fe mariana semejante?...

Hemos hecho una realidad lo que la Iglesia le pide a la celestial Señora con aquella plegaria ardiente de la Liturgia: “¡Concédeme el poderte alabar, oh Virgen sagrada!”

 Y hemos alabado a la que dijo, llena del Espíritu Santo: Me llamarán dichosa todas las gentes. ¡Qué bien que nos lo va a pagar la Virgen María, con lo agradecida que es!...


Nota.- Esta Profesión de Fe Mariana es del Padre Narciso García Garcés, Misionero

Claretiano





viernes 07 2026

SÁBADO 8 DE AGOSTO DE 2026 -- Mateo 17, 14-20. -- SI TUVIERAN FE, NADA SERÍA IMPOSIBLE

Tiempo Ordinario. 

Milagros de Jesús


La fe, aunque es un don de Dios, debe crecer y fortalecerse con nuestra colaboración.




Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20








En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron, aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.


Oración introductoria

Señor, me falta fe... para ser perseverante en mi oración, para amar mejor a los demás, para ser fiel a mi misión. Inicio mi oración haciendo silencio en mi corazón; no un silencio vacío, sino lleno de esperanza al estar ante ti, poniéndome humildemente ante tu presencia, con la seguridad que por el gran amor que me tienes, fortalecerás mi fe.


Petición

Jesús, dame la gracia de asimilar que la verdadera oración consiste en unir mi voluntad a la de Dios.


Meditación del Papa 

La liturgia del día presenta el pasaje del evangelio en el que los discípulos no pueden curar a un niño; debe intervenir el mismo Jesús que se queja de la falta de fe de los presentes; y al padre del niño que pide ayuda le dice que todo es posible para el que cree.


Los que quieren amar a Jesús, a menudo no arriesgan demasiado en la fe y no se confían totalmente a Él. Pero ¿por qué esta falta de fe? Creo que es el corazón, que no se abre, el corazón cerrado, el corazón que quiere tener todo bajo control.


Es un corazón, por lo tanto, que no se abre, que no le da el control de las cosas a Jesús, y cuando los discípulos le preguntan por qué no podían sanar al joven, el Señor dice que aquella especie de demonios no pueden ser expulsados por nada, excepto por la oración.


Todos nosotros tenemos un poco de incredulidad en el interior. Es necesaria una oración fuerte, y esta oración humilde y fuerte hace que Jesús pueda hacer el milagro. La oración para pedir un milagro, para pedir una acción extraordinaria, debe ser una oración que involucre, que nos involucre a todos. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de mayo de 201, en Santa Marta).


Reflexión

Se puso de rodillas. ¿Te imaginas a un padre de familia, desesperado, poniéndose de rodillas delante de alguien que aparentemente es un hombre como los demás? ¿Qué le movió a hacerlo? El amor a su hijo.


Primero lo había intentado con los discípulos, pero ellos no pudieron curar al chico de los ataques de epilepsia. Luego ve al Señor, se acerca y cae de rodillas ante Él. No tiene ninguna vergüenza. No le importa lo que digan de él. Únicamente busca el bien de aquel a quien ama.

Jesús, conociendo el amor que brotaba del corazón de ese hombre, curó al hijo.


Por su parte, los discípulos no entendían en qué habían fallado. Jesús les respondió que les faltaba fe. No dice que no tienen fe, sino que aún es muy pequeña.


La fe, aunque es un don de Dios, debe crecer y fortalecerse con nuestra colaboración. Es como ir a un gimnasio: al levantar las pesas una y otra vez, nuestros músculos se desarrollan. La fe también debe ejercitarse, ponerse a prueba, alimentarse. Si nos conformamos con la fe que teníamos a los diez años, cuando hicimos la primera comunión, es lógico que nuestro “músculo” espiritual esté raquítico.


Necesitamos una fe adulta, resistente, alimentada con las lecturas adecuadas, con la oración diaria, con los sacramentos y con todo aquello que nos ayude a fortalecerla.


Propósito

Rezar con mucha fe, diariamente, la oración a mi ángel custodio


Diálogo con  Cristo

El ingrediente secreto para tener éxito en cualquier cosa es la fe. No es necesario nada más. Jesús, ahora veo que la oración no es opcional, sino que es el medio por el cual podemos crecer en la fe. Sólo quien reza, es decir, quien confía en Dios, con un amor filial, puede sanarse a sí mismo y a los demás.


Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net



Traducir este sitio a tu idioma