lunes 24 2026

MARTES 25 DE AGOSTO DE 2026 -- Mateo 23, 23-26. -- ¡ AY DE VOSOTROS, ESCRIBAS Y FARISEOS !

 Tiempo Ordinario


Jesús conoce las intenciones y por eso recuerda que la principal tarea es la del amor misericordioso.



Por: Edgar Pérez | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 23, 23-26








En aquel tiempo Jesús habló diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!


Oración introductoria

Oh, Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, limpia mi conciencia para que pueda convivir permanente con tu gracia, te lo pido por intercesión de la Inmaculada Virgen María que supo actuar siempre de cara a la verdad.


Petición

Jesús, ayúdame a vivir según esta regla: «Es bueno lo que me ayuda a cumplir la voluntad de Dios, y malo lo que me estorba».


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.


No dejar lo importante por lo pasajero.


Señor, el único deseo de mi alma que valdría la pena saciar, sería el de conformar mi corazón con el tuyo. Pero, al mismo tiempo que poseo esta profunda ilusión, me dedico tan constantemente a perseguir aquellas metas que me obstaculizan tal deseo. Soy tan débil, frágil, voluble. Me conozco y al mismo tiempo no me conozco. El día de hoy cometo los errores que el día de ayer me había propuesto abandonar. Mis apegos se tornan cada vez más complicados y me encuentro lejos de la sencillez. Sí, como los fariseos, descuido lo más importante. Vivo continuamente mirando al exterior, no sólo mío, sino también el de los demás. Y pocas o ninguna vez hago una pausa para contemplar qué es lo que se encuentra en mi interior, como en el de los demás.


Quiero pedirte perdón por ceder constantemente a la tentación del componer mi día a día sin mirar alguna vez al cielo. Perdóname, Dios mío, por marchar tan inconscientemente hacia las cosas que me alejan de mi fin. Aclárame la vista, pues quiero de verdad volverme a Ti. Renueva mi esperanza de poder asemejarme a Ti. No permitas que me pierda entre las confusiones que me alejan de tu amor. Ayúdame a vivir con sencillez, y a trabajar por alcanzar más bien una belleza interior, aquella que sólo tus ojos pueden ver.


Si hay algo que me hace feliz, es que Tú hayas venido a los tuyos a enseñarnos a vivir para jamás morir, aprendiendo a descubrir lo único esencial de nuestras vidas. Así quiero hacerlo con la mía en este día, caminar como Tú, mirar como Tú, obrar y sentir como Tú. Limpia por dentro mi vaso con tu amor, purifícame, Señor, y podré ofrecer luego tu amor a los demás también.


«Aquellos fariseos eran muy religiosos en la forma, pero no estaban dispuestos a compartir la mesa con los publicanos y los pecadores; no reconocían la posibilidad de un arrepentimiento y, por eso, de una curación; no colocan en primer lugar la misericordia: aun siendo fieles custodios de la Ley, ¡demostraban no conocer el corazón de Dios! Es como si a ti te regalaran un paquete, donde dentro hay un regalo y tú, en lugar de ir a buscar el regalo, miras sólo el papel que lo envuelve: sólo las apariencias, la forma, y no el núcleo de la gracia, ¡del regalo que es dado!»


(S.S. Francisco, audiencia del 13 de abril de 2016).


Reflexión

Jesús se irrita con los escribas y fariseos porque no ponen en práctica los dictámenes más importantes de la ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad, la comprensión.


Como jefes espirituales del pueblo judío parece que han hecho de la religión un "club" en el que sólo tienen acceso unos cuantos hombres instruidos y elegidos entre ellos, mientras que el resto del pueblo forman parte de la plebe ignorante.


Jesús conocía sus intenciones y por eso les recuerda que su principal tarea es la del amor misericordioso y la de la fidelidad del testimonio. ¿Cuántas veces en nuestra vida puede sucedernos algo similar, en donde siendo los líderes espirituales de una familia, de un grupo de amigos, convertimos la fe en un conjunto de leyes que los demás deben cumplir pero que no les ayudamos a vivir mejor su fe con nuestro testimonio en el amor?


No olvidemos que es el amor lo que da sentido a toda nuestra vida y que sin él, como dijo san Pablo "no somos nada". Saquemos de este evangelio la lección del amor y compresión a los demás y busquemos hacer un acto de caridad o un favor a quien sea.


Propósito

Buscar «ser» más y mejor persona, en vez de hacer cosas para «parecer» buen cristiano.


Diálogo con Cristo

Oh, Espíritu de santidad, ven y renueva mi corazón en esta oración. Ven, Espíritu de amor, de paz, y enséñame a ser auténtico y coherente con mi fe para llegar a ser benevolente, lleno siempre de amor y comprensión con todos, especialmente con los más cercanos. Ayúdame a corresponderte con un amor fiel, verdadero y apasionado.


Por: Edgar Pérez | Fuente: Catholic.net


 




24 DE AGOSTO : SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL

 








Un israelita en quien no hay engaño

Bartolomé, uno de los doce apóstoles que siguieron a Jesús poco después del bautismo en el Jordán, aparece en los Evangelios sinópticos en la lista de los Apóstoles, siempre junto a su paisano Felipe. 


No tenemos mucha información sobre este Apóstol, cuya festividad se celebra el 24 de agosto, día en que la tradición sitúa su martirio. Era natural de Caná de Galilea, cerca de Nazaret, y de él dijo Jesús: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Jn 1,47). En el Evangelio de Juan, se refiere a Natanael, quien los exsegetas identifican con Bartolomé. Juan lo menciona en el relato de la llamada de los primeros discípulos, cuando Jesús le dice que lo había visto bajo la higuera antes de que se encontraran: En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme».


Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»


Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»


Felipe le contestó: «Ven y verás.»


Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»


Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»


Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».


Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».


Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».


Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».


 


La incredulidad de Bartolomé era clara cuando Felipe le habló del Mesías, Jesús de Nazaret. Siendo de Caná de Galilea y conociendo bien Nazaret, no podía creer que el Salvador viniera de allí. Sin embargo, tras escuchar a Jesús, Bartolomé se convenció y se hizo su discípulo. Juan vuelve a mencionar a Natanael en el capítulo 21, cuando Jesús resucitado se aparece en la orilla del mar de Tiberíades: “Después de esto, Jesús se manifestó de nuevo a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Y así fue como se manifestó: estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos” (Jn 21, 1-2).


También en los Hechos de los Apóstoles (1, 12-14) se menciona a Bartolomé entre los discípulos que se reunieron en Jerusalén con María, la Madre de Jesús: “Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de la ciudad. Entraron y subieron al piso superior, donde solían quedarse. Estaban allí Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, Simón el Zelote y Judas de Santiago. Todos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hch 1, 12-14).


Según la tradición, San Bartolomé realizó muchos viajes misioneros llevando la Buena Nueva a los pueblos más lejanos: Capadocia, la India Superior, y varias regiones del Oriente Medio, incluyendo Armenia. No obstante, no contamos con detalles exactos sobre su itinerario. En la Edad Media se consolidó la tradición que narra su martirio, en el que fue desollado y decapitado. Por ello, en la iconografía se le representa con un cuchillo en una mano y un libro en la otra, y a veces también con su propia piel, como si fuera un manto.


A lo largo de los siglos, muchas iglesias han sido dedicadas a él y su devoción ha sido grande, especialmente para pedir su intercesión en casos de enfermedades de la piel. Una tradición armenia sostiene que el cuerpo del Apóstol fue enterrado en Albanópolis, la ciudad donde sufrió el martirio. En el año 507, el emperador Anastasio I trasladó sus restos a Daras, en Mesopotamia, donde le dedicó una iglesia. En 580, parte de sus reliquias fue llevada a Lipari, en Sicilia. Durante las incursiones sarracenas en 883, las reliquias fueron trasladadas a Benevento, hasta que en 998 el emperador Otón III mandó construir una iglesia en la Isla Tiberina en su honor, para albergar los restos de dos mártires: San Bartolomé Apóstol, cuyo cuerpo reposa en el altar mayor, y San Adalberto, obispo de Praga, quien fue asesinado en 997 mientras evangelizaba a los pueblos paganos en el extremo septentrional de la Europa cristiana.




domingo 23 2026

LUNES 24 DE AGOSTO DE 2026 -- Juan 1, 45-51-- EL ENCUENTRO DE JESÚS CON NATANAEL

Solemnidades y Fiestas


Fiesta Bartolomé apóstol. Bartolomé permaneció vacilante hasta que escuchó las palabras de Jesús... ¡alabándole!



Por: P Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51








En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: Aquel de quien escribieron Moisés y la Ley y los Profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret. Natanael le replicó: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: Ven y verás. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Natanael le contesta: ¿De qué me conoces? Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Natanael respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.


Oración introductoria

Jesús, eres el hijo de Dios, el rey de mi vida y mi mejor amigo, maestro y pastor. Me tomas de la mano y me conduces al Padre. Me insistes en la conversión, pues sólo un corazón decidido puede a orar en la fe. Ayúdame a orar disponiendo mi corazón para hacer la voluntad del Padre.


Petición

Señor, concédeme buscar la santidad en la coherencia y en el cumplimiento de tu voluntad. 


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.


«Ven y lo verás». Cada uno de nosotros ha llegado a conocer a Cristo gracias a otra persona. Un sacerdote nos bautizó y nos da los demás sacramentos; en casa o en la parroquia nos enseñaron el catecismo; seguramente algún amigo o amiga en concreto nos ha atraído más hacia la fe... En cada cristiano, a lo largo de los siglos, se repite el evento de Felipe, Natanael y Jesús.


Gracias, Señor, por todos aquellos que me han llevado a Ti. ¿Qué sería de mí sin la ayuda de mis papás, de los sacerdotes, de mis amigos y hermanos en la fe? Gracias, Jesús, porque entraste en mi vida gracias a las personas que amo y sé que me aman; gracias por ser ese tesoro que he recibido de otros. Gracias, por la oportunidad de venir y verte, de conocerte más de cerca y de descubrir tu amor. Gracias porque, siendo el Hijo de Dios, has querido vivir entre nosotros. 


Quien ha conocido a  Cristo, ha recibido el mayor don de esta vida. Pero con el don viene una responsabilidad. ¡Cuánta gente no ha escuchado hablar de Cristo! ¡Cuántos saben de Él, pero no lo conocen en realidad, y por eso no lo aman! Y cuántos de ellos viven a nuestro lado, trabajan junto a nosotros, pasan por nuestras mismas calles. No podemos guardarnos el mayor tesoro de la humanidad para nosotros mismos. Tenemos que compartirlo, transmitir la gran noticia: ¡hemos encontrado a Aquél que tanto anhela el corazón humano!


Jesucristo, Tú tienes el gran deseo de que todos te conozcan, para que encuentren el verdadero Amor del Padre. Pero has querido hacerte necesitado de mi boca para hablar de Ti. Cuenta conmigo. Aquí mismo donde vivo, en mi puesto de trabajo, entre mis amigos, sé que algunos no te conocen. Dame ese fuego misionero, la gracia de transmitir el encuentro contigo.


«Dios nos ha escogido y bendecido con un propósito: “Para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia”. Nos eligió a cada uno de nosotros para ser testigos de su verdad y su justicia en este mundo. Creó el mundo como un hermoso jardín y nos pidió que cuidáramos de él. Pero, con el pecado, el hombre desfiguró aquella belleza natural; destruyó también la unidad y la belleza de nuestra familia humana, dando lugar a estructuras sociales que perpetúan la pobreza, la falta de educación y la corrupción.»


(Homilía de S.S. Francisco, 18 de enero de 2015).



Reflexión

¿De este pueblo tan pequeño puede salir algo bueno? Estas fueron las palabras que San Bartolomé, también llamado Natanael, dijo a Felipe, sorprendido ante la noticia de que había un gran hombre venido desde Nazaret.


Natanael permaneció vacilante hasta que escuchó las palabras de Jesús, alabándole. Cristo demuestra que conoce perfectamente el interior del hombre, y por eso se permite elogiarle en público. ¿Y qué diría Jesús de nosotros? ¿Podría repetir las palabras que dirigió al santo que hoy contemplamos? Y tú, ¿Qué opinión tienes de ti mismo?


Lo que en realidad somos está recogido en nuestra conciencia. Ella nos avisa ante la bondad o maldad de nuestros actos, antes y después de hacerlos. Por eso, el que actúa guiado por una conciencia recta, tiene la seguridad de llevar una vida honrada, ante sí mismo, ante los hombres y ante Dios.


Formar una buena conciencia es gran parte del secreto de nuestro obrar. ¿Y cómo se forma? Con criterios objetivos, válidos para todos y siempre. Por ejemplo, los diez mandamientos son la ayuda básica para saber qué debemos hacer y qué hay que evitar. Y una vez que hemos establecido fuertemente los principios, es necesario mantenerse firme en ellos.


Propósito

Restar importancia a mis puntos de vista, para estar más abierto a la opinión de los demás.


Diálogo con Cristo

Jesús, frecuentemente soy escéptico y desconfío en que puedo alcanzar la santidad, porque no me dejo transformar por tu gracia y no cumplo la voluntad de Dios. Por eso te pido, hoy, que abras mi espíritu, mi corazón, mi entendimiento, para que sepa reconocerte siempre y darte el lugar que te corresponde en mi vida.


Por: P Clemente González | Fuente: Catholic.net


sábado 22 2026

DOMINGO 23 DE AGOSTO DE 2026 -- MATEO 16,13-20 -- ¿ CUALES SON LAS LLAVES DEL REINO ?

 








El pasaje bíblico que hace referencia a las "llaves del reino" es Mateo 16:19. Jesús había preguntado a Sus discípulos quién creía la gente que era Él. Después de escuchar varias de las opiniones más populares, Jesús dirigió Su pregunta directamente a Sus discípulos. Pedro, respondiendo por los doce, reconoció a Jesús como el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Tras esta gran confesión, Jesús replicó: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mateo 16:17-19).


Las llaves se utilizan para cerrar o abrir puertas. Las puertas específicas que Jesús tiene en mente en este pasaje son las puertas del Reino de los Cielos. Jesús está poniendo los cimientos de Su iglesia (Efesios 2:20). Los discípulos serán los líderes de esta nueva institución, y Jesús les está dando la autoridad para, por así decirlo, abrir las puertas del cielo e invitar al mundo a entrar. En este punto es importante comprender cómo, bíblicamente hablando, se entra en el Reino de los Cielos.


Jesús dijo que, a menos que uno nazca de nuevo, no verá el Reino de los Cielos (Juan 3:3). Uno nace de nuevo cuando el Espíritu Santo obra a través de la Palabra de Dios para producir una nueva vida en un pecador muerto. El contenido del mensaje es la muerte sustitutiva de Cristo y su posterior resurrección (Romanos 10:9-10). Así que la predicación fiel del evangelio es la llave del reino.


En Mateo 16:19, Jesús se dirige específicamente a Pedro, por lo que resulta significativo que, en el libro de los Hechos, Pedro figure de forma destacada en la "apertura de puertas" a tres grupos diferentes de personas para que puedan entrar en el Reino. En Hechos 2, es Pedro quien predica en Jerusalén el día de Pentecostés; ese día se salvan unos tres mil judíos. La predicación de Pedro había "abierto la puerta" del cielo para los judíos. Más tarde, en Hechos 8, los samaritanos creen en el evangelio y reciben el Espíritu Santo; de nuevo, Pedro (y Juan) estuvo presente en este acontecimiento. Pedro había "abierto la puerta" para los samaritanos. Luego, en Hechos 10, Pedro lleva el evangelio a la casa de un centurión romano, y ellos también reciben el Espíritu Santo. Pedro había "abierto la puerta" para los gentiles. Las "llaves" que Jesús le había dado funcionaron en cada caso.


Por supuesto, las llaves pueden servir tanto para cerrar puertas como para abrirlas. Parte del mensaje del Evangelio es que la fe es necesaria. Sin fe en Cristo, la puerta del cielo está cerrada y atrancada (ver Juan 3:18). A medida que los apóstoles predicaban el Evangelio, a los que respondían con fe y arrepentimiento se les concedía el acceso al Reino de los Cielos; sin embargo, a los que seguían endureciendo su corazón y rechazando el Evangelio de la gracia salvadora de Dios se les cerraba la puerta del Reino (Hechos 8:23).


El contexto de Mateo 16 también se refiere a un "atar y desatar". Para comprender mejor este concepto, pasemos a Mateo 18:15-20, donde Jesús da las directrices para la disciplina eclesiástica, utilizando el mismo lenguaje de "atar y desatar" que encontramos en Mateo 16. Los apóstoles no debían usurpar la autoridad de Cristo sobre los creyentes individuales y su destino eterno, pero debían ejercer su autoridad para disciplinar a los creyentes descarriados y, si era necesario, excomulgar a los miembros desobedientes de la iglesia. Basándose en la Palabra de Dios, los creyentes de hoy pueden declarar que un pecador impenitente no es salvo ("atado") y que un creyente arrepentido en Jesucristo es salvo ("desatado"). El atar o desatar, basado en el rechazo o aceptación del evangelio por parte de uno, refleja la perspectiva del cielo sobre el asunto. En el cielo, Cristo ratifica lo que se hace en Su nombre y en obediencia a Su Palabra en la tierra.


La voluntad de Dios es que los pecadores tengan acceso al cielo a través de la justicia de Cristo. Consideremos la advertencia de Jesús a los fariseos: "Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando" (Mateo 23:13). Si se distorsiona o se ignora el mensaje del Evangelio, o si no se disciplina adecuadamente el pecado impenitente, se están cerrando en las narices de la gente las puertas del Reino de los Cielos.




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