domingo 01 2026

1 DE FEBRERO 2026 -- ORACIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA PARA REZAR EL PRIMER DÍA DEL MES

 

 

 


  

 

 

Como una bella tradición que hemos recibido de nuestros mayores, los católicos encendemos una vela en nuestro hogar cada primero de mes y la dejamos consumirse en honor a la Divina Providencia. Esta es una oración para rezar y encomendarse mientras encendemos esa vela.

 

En esta oración a la Santísima Trinidad agradecemos a Dios todo lo que nos da como nuestro Padre bueno. Y en ella también le pedimos humildemente que durante el mes no nos falte lo necesario.

 

De acuerdo con la tradición, en ese día también vamos la Iglesia, participamos en la Misa de la Divina Providencia, oramos ante la imagen de la Santísima Trinidad y depositamos tres monedas en la alcancía especial que suele tener tres ranuras para la ofrenda.

 

La palabra “providencia” viene del Latín y significa “ver por”. Por eso se dice que los papás tienen providencia sobre sus hijos, pues siempre están viendo que no les falte salud, educación, comida. Ni siquiera esperan a que los hijos lo pidan. De la misma forma, Dios, que es Amor, está al pendiente de nuestras necesidades, y cuando le pedimos con humildad, Él las resuelve con generosidad.

 

Oración para encender la vela a la Divina Providencia

  

¡Oh Divina Providencia!

¡Concédeme Tu clemencia y Tu infinita bondad!

Arrodillado a Tus plantas

a Ti caridad portento.

Te pido para los míos:

casa, vestido y sustento.

Concédeles salud y

llévalos por el buen camino

y que sea siempre la virtud

la que los guíe en su destino.

Tú eres toda mi esperanza.

Tú eres el consuelo mío,

en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío.

Tu, Divina Providencia se extienda en cada momento,

para que nunca nos falte:

casa, vestido y sustento,

ni los santos Sacramentos en el último momento.

Amén.

 

Fuente :   Diócesis de Tenancingo

Agregado por :  Sonia Jazmín

sábado 31 2026

DOMINGO 1 DE FEBRERO DE 2026 -- Mt 5,1-12 -- LAS BIENAVENTURANZAS, UN CAMINO A LA FELICIDAD








Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


Las bienaventuranzas, un camino a la felicidad


Los seres humanos vivimos esforzándonos por encontrar el camino a la felicidad, y pasamos toda nuestra vida trabajando en ello, es un trabajo que inconscientemente hacemos. Desafortunadamente en muchas ocasiones optamos por caminos y veredas equivocadas, provocándonos grandes frustraciones y desacatos.


Toda nuestra vida gira en torno a la búsqueda de la felicidad, el Papa Benedicto XVI en la JMJ en 2008 explicaba que “La vida (…) es una búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. Con ese fin tomamos nuestras decisiones, ejercemos nuestra libertad y, en esto, en la verdad, en el bien y en la belleza, encontramos la felicidad y la alegría” (JMJ Sydney Australia, 2008/VII)


Es por ello que ser felices, implica que de manera individual nos esforcemos por vivir ante la presencia de Dios y seguir la regla de vida que Jesús nos dejó plasmada en las bienaventuranzas que han sido consideradas como el corazón del evangelio.


Con las bienaventuranzas Jesús quiere llevarnos a tener una mente y un corazón despejado y feliz. Es justo lo contrario a las ofertas de felicidad que nos ofrece el mundo. En lugar de ofrecernos cosas y elementos exteriores lo que nos propone es el crecimiento interior, llenar nuestra vida de unos valores que no fallan en el camino de la felicidad.


Jesús contrapone la felicidad entendida según el mundo: los que son ricos en múltiples cosas: dinero, cultura, poder, placeres… y nos da una noción totalmente distinta. Ser feliz no es tener sino ser.


Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar el cómo llevar y vivir nuestra vida mientras peregrinamos hacia la casa del Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Sólo así hemos de caminar hacia la felicidad, tanto personal como también de todos aquellos que nos rodean, convirtiéndonos así en referentes de santidad para los demás.


En la primera bienaventuranza Jesús elogia a los “pobres de espíritu” y de corazón sencillo, que actúan sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenidos por la autoridad humilde de Jesús y por su evangelio, su única riqueza es vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Cuando se cumple la voluntad de Dios se hace nuestro verdaderamente es el reino de Dios.


Jesús no es ajeno a que en muchas ocasiones padeceremos tristeza y aflicción, por ello trata de consolarnos al afirmar “Felices los que están tristes porque Dios los consolará.” Muchos están afligidos por sus pecados, ésta es la aflicción que produce el arrepentimiento en la vida de los seres humanos. Dios consolará a los arrepentidos les ungirá con el bálsamo de su amor y su perdón, entonces su lagrimas serán de alegría. Cuando nos dejamos alcanzar por el perdón suyo, nos volvemos humildes y comenzamos a heredar la tierra prometida, el cielo. “Felices los de corazón humilde, porque recibirán la tierra que Dios le ha prometido.” Son humildes de corazón los que se someten de verdad a la voluntad de Dios.


Un hombre o una mujer que no busca la paz, no puede llamarse cristiano, creo que la búsqueda de la felicidad comienza por la búsqueda de la paz, interior en primer lugar. “Felices los que procuran la paz entre los hombres, porque Dios los llamará hijos suyos.” Debemos siempre de sembrar la paz interior y exterior para lograr la auténtica armonía espiritual donde quiera que nos encontremos.


Ahora bien, surge en las últimas dos bienaventuranzas un contraste bastante difícil, porque nos cuesta aceptar que la persecución y los maltratos son parte de la felicidad y el crecimiento, es duro entenderlo, mas sin embargo es parte del ser cristiano “Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.” La persecución surge cuando vivimos con autenticidad y transparencia la voluntad de Dios, esta actitud provoca persecuciones y tensiones. “Felices ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.” Incluso en los momentos más difíciles y duros de la vida el seguidor de Jesús siempre lo sentirá cercano.


En conclusión las bienaventuranzas, son un camino para encontrar la santidad y sobre todo para ser felices en la gracia de Dios. En un mundo marcado por la desigualdad y el egoísmo, donde todo lo que no da placer o poder es mal visto, es necesario implantar el espíritu de las bienaventuranzas. Cuando se vive el evangelio con autenticidad y sin miedo, es entonces cuando la felicidad comienza a florecer y se tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.


Fuente :      Padre Alexander Díaz ( vicario parroquial de la Iglesia de la Sagrada Familia en Dale City.)



VIDEO : 31 DE ENERO -- SAN JUAN BOSCO -- Padre José de Jesús Aguilar Valdés

 


viernes 30 2026

SÁBADO 31 DE ENERO DE 2026 -- Marcos 4, 35-41-- ¿ QUIÉN ES ÉSTE QUE HASTA EL VIENTO Y EL MAR LE OBEDECEN ?

 Tiempo Ordinario


Cristo está cerca de nosotros en cualquier tempestad de nuestra vida.



Por: Estanislao Mª García | Fuente: Catholic.net




Del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41








Aquel día, al atardecer, les dice: Pasemos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?


Oración introductoria

Señor, aunque creo tener fe, necesito de tu gracia para acrecentarla porque me parezco a tus discípulos, ante los problemas y angustias me acobardo. Te suplico que esta oración me ayude a creer con fe viva en tu nombre, a actuar mi fe de manera filial, recordando que Tú eres un Padre que vela con infinita ternura sobre mí. Ayúdame a descubrir tu mano amorosa detrás de todo, porque Tú sólo buscas mi bien.


Petición

Señor, te pido me concedas caminar por la senda de una fe viva, operante y luminosa.


Meditación del Papa 

El amor de Dios es estable y seguro, como los peñascos rocosos que reparan de la violencia de las olas. Jesús lo manifiesta en el milagro narrado por el Evangelio, cuando aplaca la tempestad, mandando al viento y al mar. Los discípulos tienen miedo porque se dan cuenta de que no pueden con todo ello, pero Él les abre el corazón a la valentía de la fe. Ante el hombre que grita: '¡ya no puedo más!', el Señor sale a su encuentro, le ofrece la roca de su amor, a la que cada uno puede agarrarse, seguro de que no se caerá. ¡Cuántas veces sentimos que ya no podemos más! Pero Él está a nuestro lado, con la mano tendida y el corazón abierto. […]


Podemos preguntarnos, si hoy estamos firmes en esta roca que es el amor de Dios. Cómo vivimos el amor fiel de Dios hacia nosotros. Siempre existe el riesgo de olvidar ese amor grande que el Señor nos ha mostrado. También nosotros, los cristianos, corremos el riesgo de dejarnos paralizar por los miedos del futuro y de buscar seguridades en cosas que pasan, o en un modelo de sociedad cerrada que tiende a excluir, más que a incluir. En esta tierra han crecido tantos santos y beatos que han acogido el amor de Dios y lo han difundido en el mundo, santos libres y testarudos. Sobre las huellas de estos testigos, también nosotros podemos vivir la alegría del Evangelio, practicando la misericordia, podemos compartir las dificultades de mucha gente, de las familias, en especial de las más frágiles y marcadas por la crisis económica.  (Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2015).


Reflexión

Han pasado más de dos mil años desde que Jesucristo fundó la Iglesia. Han pasado más de dos mil años de cristianismo y parece que todo se viene abajo; parece que las nuevas doctrinas religiosas están tomando el puesto de la Iglesia, pero no es así.


La Iglesia parece naufragar en la tempestad del mundo y en los problemas que se le presentan; pero cada vez que los hombres dudamos se alza una voz que parece despertar de un largo sueño: ¡No temáis, tened fe! Y el mar vuelve a la calma; la barca de Pedro sigue su rumbo a través de los años, los siglos y los milenios.


Cristo no está lejos de nosotros; duerme junto al timón, para que cuando nuestra fe desfallezca, cuando estemos tristes y desamparados, Él tome el timón de nuestra vida.


Además en el mar de nuestra vida brilla una estrella; relampaguea en el cielo de nuestra alma la estrella de María, para que no perdamos el rumbo.


Propósito

Ante las dificultades, preocupaciones y angustias, decir la jaculatoria: ¡Jesús, en ti confío!


Diálogo con Cristo

Señor, la tormenta más grande que debo combatir diariamente es el pecado. Necesito esforzarme constantemente para no caer en la tentación y decidirme, con entusiasmo y confianza, a conquistar la santidad mediante la caridad. Por eso te pido me ayudes a ser perseverante en mis propósitos.


Por: Estanislao Mª García | Fuente: Catholic.net


 



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