lunes 02 2026

ORACIÓN POR TODOS LOS FIELES DIFUNTOS








Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.


Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.


Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.





2 DE NOVIEMBRE : CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

 Fiestas litúrgicas









Ya en el siglo II se encuentran testimonios de que los cristianos rezaban y celebraban la Eucaristía por sus difuntos. Al principio, en el tercer día después de la sepultura, luego en el aniversario. Más tarde, el séptimo día y el trigésimo. En el año 998, el abad Odilón de Cluny (994-1048) hizo obligatoria la conmemoración de los difuntos, el 2 de noviembre, en todos los monasterios a él sometidos. En 1915, Benedicto XV concedió a todos los sacerdotes el derecho a celebrar tres Misas en este día, con la condición de que: una de las tres se aplique libremente, con la posibilidad de recibir una oferta; la segunda Misa, sin ninguna oferta, se dedique a todos los fieles difuntos; y la tercera se celebre según la intención del Sumo Pontífice. La liturgia propone varias Misas para este día, todas ellas orientadas a resaltar el misterio pascual, la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte.


Del Evangelio según San Juan (primera Misa)

«Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que no pierda a ninguno de los que Él me dio, sino que los resucite en el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día» (Jn 6,37-40).


La voluntad de Dios

Encontramos aquí un mensaje revolucionario: quien "vea al Hijo y crea en Él tendrá vida eterna” y el Señor lo resucitará. Sabemos por experiencia que el cuerpo se descompone; pero el cuerpo no es todo el hombre. El hombre, como persona, es partícipe del diálogo con Dios, y Él no lo deja caer, no lo olvida, porque Dios es fiel a sus promesas. Dios nos tiene escritos en la palma de su mano a todos nosotros y no se olvida de nadie, porque es Padre. Este es el centro del mensaje que nos dejó Jesús. Por esta verdad, Jesús se hizo hombre, murió en la cruz y resucitó: para hacernos partícipes de la alegría de la resurrección. "A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz”, recitamos en el canon I de la Misa, en el momento del recuerdo de los difuntos.


Dejarse sorprender

Es seguro que sobreviviremos, ya que Jesús nos lo dijo. No sabemos cómo ocurrirá esto, pero podemos tratar de entenderlo escuchando la Palabra del Evangelio. Poseemos, sin embargo, la esperanza de sorprendernos por la bondad de Dios, por su misericordia. Nosotros tenemos nuestros parámetros, con los que medimos los acontecimientos de la vida; pero debemos dejar a Dios sus parámetros, que no son los nuestros; será precisamente esto lo que nos sorprenderá cuando crucemos el umbral del Cielo.


Un paso más allá

Morir no es desaparecer, sino existir de una manera nueva. Sabemos que los que nos han precedido en el camino de la vida han llegado a la meta, están un paso más allá, mientras que nosotros todavía estamos peregrinando. La muerte, pues, no es el fin de todo, sino el comienzo de una nueva vida para la que nos preparamos desde hace tiempo. La conmemoración de los difuntos, entonces, no consiste tan solo en recordar a los que ya no están; también nos indica que la muerte es un puente que nos espera al final de la vida y que nos conducirá a la otra orilla a la que todos estamos destinados: es una ayuda para no dejar que tantas cosas nos agobien, olvidando que todo pasa, pero que Dios permanece.


La hermana muerte

San Francisco de Asís, una vez reconciliado con Dios, consigo mismo y con la creación, hacia el final de su vida fue capaz de reconciliarse también con la muerte, hasta el punto de llegar llamarla "hermana", señal de que también para él era un misterio que había que acoger. A diferencia de la sociedad actual, que intenta por todos los medios ocultar la realidad de la muerte -engañándose a sí misma con la ilusión de que es eterna-, San Francisco nos enseña a mirarla, a aceptarla, a considerarla una "hermana", parte de nosotros. Al fin y al cabo, es un hecho tan real como la vida. Es un acto de honestidad intelectual, incluso antes que espiritual.

El miedo ante la "hermana muerte" está ciertamente dictado por lo desconocido, por no saber qué hay más allá de la "puerta"; esto crea inquietud. En segundo lugar, no lo ocultemos, tememos el "peso" de nuestros actos, porque, en definitiva, todos somos creyentes en el fondo de nuestro corazón, y al final de la vida nos preguntamos cómo hemos vivido. Esta experiencia nos lleva a rezar por los que nos han precedido, casi como si quisiéramos ayudarlos y protegerlos todavía, además de pedir que nos ayuden y protejan.

Una cosa es cierta: nosotros leemos la muerte a la luz de la resurrección de Jesús. Esta es nuestra fuerza y nuestra serenidad. Él nos ha abierto el Camino que conduce con la Verdad a la Vida. El mismo Jesús nos recordó que estamos hechos para la eternidad: mil años nuestros son como un solo día ante Dios, y este tiempo de la vida, tan breve, pasajero, no tiene sentido si no se proyecta hacia una experiencia verdadera, como nos recordó el mismo Jesús: "Quien ve al Hijo y cree en Él tiene vida eterna".

Una última cosa. Jesús se hizo hombre para ayudarnos a vivir "como Dios"; murió, fue sepultado y descendió a los infiernos para que nadie se sintiera excluido de su acción salvadora. Para que yo no tuviera miedo y me sintiera solo y abandonado, a merced de mis miedos, Jesús mismo eligió "habitar" todos los lugares, incluso los más bajos, para "hacerme compañía" en ese momento. No hay "espacio" de la vida y de la muerte que Él no haya visitado, y esto me da la certeza de que me acogerá con los brazos abiertos en cualquier situación en la que yo "caiga": ya sea hoy en el pecado, o mañana en la muerte, Él está ahí. Porque Él ha vencido el pecado y la muerte y ha preparado un lugar para mí en la Casa del Padre. Esto me basta para caminar por el sendero de la vida con confianza y esperanza. "Aunque tenga que atravesar un valle oscuro" (Sal 23), Él está ahí. Está conmigo.


Oración

Dales Señor el descanso eterno.

Brille para ellos la luz perpetua.

Descansen en paz. Amén





domingo 01 2026

LUNES 2 DE NOVIEMBRE DE 2026 -- Lucas 23,35-43. -- «JESÚS, ACUÉRDATE DE MI CUANDO VENGAS CON TU REINO»

 Meditación Diaria

Evangelio según San Lucas 23,35-43.








El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”.

También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre,

le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”.

Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.

Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?

Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”.

Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”.

El le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.



Rey del Universo


1) La burla: Todos, hasta Jesús, pasa un momento de su vida bajo la burla y la humillación. Estas cosas son las que nos deben fortalecer y dar aire para luchar. Hoy vivimos en un mundo en donde nos burlamos de todo, ridiculizamos; para qué te voy a decir de la Iglesia, hasta nos trapean… pero también en la cotidianeidad vivimos esos momentos de burla o nosotros generamos la burla. Seamos damas y caballeros, seamos amables en nuestro trato. En este domingo te propongo que pienses cómo es tu trato con los que te encontrásemos ¿Sos caballero?¿Sos una dama? ¿Ninguneás? ¿Te crees superior? ¿Sos respetuoso?


2) INRI: Jesús Nazareno Rey de los Judíos. Eso significa INRI. Pero en el momento más doloroso de su vida tiene marcada su identidad. Vos en tus momentos duros y de tristeza no te olvides nunca quién sos, esa es la clave para salir del dolor más duro. Recordando quién sos vos. No dejes que nadie te quite tu identidad y tu autenticidad; recordá siempre para qué estás y quién sos en esta vida. También es bueno tener alguien que esté a tu lado y te lo recuerde. Yo te pongo a vos el cartel: “sos lo más valioso de Dios”.


3) La Gloria: Es tan inmenso el amor de Dios que hasta un ladrón público tiene ticket para entrar al cielo. El poder de Dios se llama “misericordia”, no sumisión. Hasta el último instante Dios busca tu salvación. JESÚS ES REY y su reinado es misericordia, vos y yo somos de su propiedad.







1 DE NOVIEMBRE -- FIESTA DE TODOS LOS SANTOS








El significado de esta Solemnidad


La liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial a hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas que, superando la debilidad y las tentaciones, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo. Hoy recordamos, pues, que los santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo el ejemplo de Jesús, y que practicaron en modo eminente las Bienaventuranzas descritas en el Sermón de la Montaña. (Mt 5, 1-12). Hoy, el Pueblo de Dios se alegra por el triunfo de todos sus hermanos y hermanas que han trabajado, no sin fatiga, y a veces pagando con el precio de la vida, por la construcción del Reino de Dios, es decir, por la edificación de una nueva civilización donde reinen la justicia, la verdad, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios en la concordia y la paz.


Orígenes e historia de la fiesta

Esta fiesta nos recuerda que podemos vivir ya desde ahora en la vida eterna si nos comprometemos con determinación a transformar este mundo con la fuerza del Evangelio. Sus raíces son antiguas: en el siglo IV se empezó a celebrar la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias. Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés; san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias "de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo". En la época de Carlomagno esta fiesta ya era ampliamente conocida y celebrada.


Nadie se salva solo

Para esta importante Fiesta litúrgica -que ha sido también llamada la "Pascua de Otoño"-  el Papa Francisco mismo nos ha invitado en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate a que: "No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 9.). El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie  se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo", (cf GE, n.3)


El camino comunitario de la santificación

En otro pasaje de la misma exhortación del Papa Francisco, leemos que: "La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros. Pensemos, por ejemplo, en los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María, en las siete beatas religiosas del primer monasterio de la Visitación de Madrid, en san Pablo Miki y compañeros mártires en Japón, en san Andrés Kim Taegon y compañeros mártires en Corea, en san Roque González, san Alfonso Rodríguez y compañeros mártires en Sudamérica. Recordemos también el reciente testimonio de los monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio.


Del mismo modo, hay muchos matrimonios santos, donde cada uno fue un instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten»", (cf GE, n.141).





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