domingo 01 2026

LUNES 2 DE NOVIEMBRE DE 2026 -- Lucas 23,35-43. -- «JESÚS, ACUÉRDATE DE MI CUANDO VENGAS CON TU REINO»

 Meditación Diaria

Evangelio según San Lucas 23,35-43.








El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”.

También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre,

le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”.

Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.

Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?

Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”.

Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”.

El le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.



Rey del Universo


1) La burla: Todos, hasta Jesús, pasa un momento de su vida bajo la burla y la humillación. Estas cosas son las que nos deben fortalecer y dar aire para luchar. Hoy vivimos en un mundo en donde nos burlamos de todo, ridiculizamos; para qué te voy a decir de la Iglesia, hasta nos trapean… pero también en la cotidianeidad vivimos esos momentos de burla o nosotros generamos la burla. Seamos damas y caballeros, seamos amables en nuestro trato. En este domingo te propongo que pienses cómo es tu trato con los que te encontrásemos ¿Sos caballero?¿Sos una dama? ¿Ninguneás? ¿Te crees superior? ¿Sos respetuoso?


2) INRI: Jesús Nazareno Rey de los Judíos. Eso significa INRI. Pero en el momento más doloroso de su vida tiene marcada su identidad. Vos en tus momentos duros y de tristeza no te olvides nunca quién sos, esa es la clave para salir del dolor más duro. Recordando quién sos vos. No dejes que nadie te quite tu identidad y tu autenticidad; recordá siempre para qué estás y quién sos en esta vida. También es bueno tener alguien que esté a tu lado y te lo recuerde. Yo te pongo a vos el cartel: “sos lo más valioso de Dios”.


3) La Gloria: Es tan inmenso el amor de Dios que hasta un ladrón público tiene ticket para entrar al cielo. El poder de Dios se llama “misericordia”, no sumisión. Hasta el último instante Dios busca tu salvación. JESÚS ES REY y su reinado es misericordia, vos y yo somos de su propiedad.







1 DE NOVIEMBRE -- FIESTA DE TODOS LOS SANTOS








El significado de esta Solemnidad


La liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial a hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas que, superando la debilidad y las tentaciones, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo. Hoy recordamos, pues, que los santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo el ejemplo de Jesús, y que practicaron en modo eminente las Bienaventuranzas descritas en el Sermón de la Montaña. (Mt 5, 1-12). Hoy, el Pueblo de Dios se alegra por el triunfo de todos sus hermanos y hermanas que han trabajado, no sin fatiga, y a veces pagando con el precio de la vida, por la construcción del Reino de Dios, es decir, por la edificación de una nueva civilización donde reinen la justicia, la verdad, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios en la concordia y la paz.


Orígenes e historia de la fiesta

Esta fiesta nos recuerda que podemos vivir ya desde ahora en la vida eterna si nos comprometemos con determinación a transformar este mundo con la fuerza del Evangelio. Sus raíces son antiguas: en el siglo IV se empezó a celebrar la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias. Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés; san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias "de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo". En la época de Carlomagno esta fiesta ya era ampliamente conocida y celebrada.


Nadie se salva solo

Para esta importante Fiesta litúrgica -que ha sido también llamada la "Pascua de Otoño"-  el Papa Francisco mismo nos ha invitado en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate a que: "No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 9.). El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie  se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo", (cf GE, n.3)


El camino comunitario de la santificación

En otro pasaje de la misma exhortación del Papa Francisco, leemos que: "La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros. Pensemos, por ejemplo, en los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María, en las siete beatas religiosas del primer monasterio de la Visitación de Madrid, en san Pablo Miki y compañeros mártires en Japón, en san Andrés Kim Taegon y compañeros mártires en Corea, en san Roque González, san Alfonso Rodríguez y compañeros mártires en Sudamérica. Recordemos también el reciente testimonio de los monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio.


Del mismo modo, hay muchos matrimonios santos, donde cada uno fue un instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten»", (cf GE, n.141).





sábado 31 2026

DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE DE 2026 -- Mateo 5, 1-12a -- LAS BIENAVENTURANZAS

 Evangelio de hoy y lecturas








Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14


Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar diciéndoles:

«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».


Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.


Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:

«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».


Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:

«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».


Y uno de los ancianos me dijo:

«Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».


Yo le respondí:

«Señor mío, tú lo sabrás».


Él me respondió:

«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».


Salmo

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor


Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos. R/.


¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,

que no confía en los ídolos. R/.


Ese recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,

que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.


Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:


Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.


Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.


Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a







En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:


«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.


Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.


Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.


Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.


Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.


Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.


Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».






MARÍA, LA VIRGEN HUMILDE Y OBEDIENTE

 

¡Medita en la humildad de María desde su infancia!








A veces imaginamos y concebimos algunas páginas del evangelio, demasiado teñidas de azul celeste o excesivamente bañadas en un marcado tinte poético. Sin duda en cierta casa de Nazaret se respiraría un penetrante perfume de paraíso, pero a la vez la vida allí discurriría dentro de una gran normalidad. Y debió desenvolverse con todos los colores. Los colores de todos los días. Grises también.


La vida de la Santísima Virgen se vio salpicada de eventos extraordinarios. Es verdad. Pero la mayor parte transcurrió de un modo muy ordinario y sencillo. A blanco y negro. Incluso esos episodios sublimes y grandiosos, María los debió vivir con la humildad y sencillez habituales en Ella.


María tenía motivos más que suficientes para crecerse, engreírse, reconocerse superior a sus semejantes. Se vio adornada de dones y gracias que excedían con mucho a los de las demás personas. Recibió privilegios que la situaban muy por encima de los más privilegiados de este mundo. Sin embargo, Ella vivió siempre y en todo momento con una humildad y simplicidad que nos llenan de asombro.


“Su humildad -dirá San Luis M. Grignion de Montfort fue tan profunda que no tuvo en esta tierra otro deseo más fuerte y más continuo que el de esconderse a sí misma y a todos, para ser conocida únicamente por Dios”.


Basta contemplarla en algunos de los momentos que conocemos de su vida para percatarnos de ello.


Humildad en su infancia.


Humildes fueron sus padres. Según una antigua tradición, de la que hay constancia ya desde el siglo II, fue hija de Joaquín y Ana. Dos personajes que, de no haber sido los padres de María, hubieran pasado desapercibidos para todo el mundo. Eran originarios de Nazaret, pequeña aldea de Galilea a unos 170 kilómetros de Jerusalén.


A decir verdad, no conocemos más que esos escasísimos datos de la humilde niñez e infancia de María. Es de suponer que vivió esos años preciosos en la más absoluta normalidad. Una niña más de un pueblo desconocido. Pero que debió llenar de gozo a todos cuantos la trataron por su sencillez y alegría contagiosas.


Humildad en el momento de la Anunciación


Es admirable ir comparando cada frase del anuncio del ángel del Señor y la reacción de María. Él la llama “Llena de gracia...” y Ella se turba, se sonroja. Él le asegura: “has hallado gracia delante de Dios”; es decir, le has encantado a Dios... Y Ella agacha su cabeza más ruborizada aún.


El mensajero celeste continúa anunciando grandezas sublimes: “Tu Hijo será grande; será llamado Hijo del Altísimo... Reinará sobre el trono de David, y su reino no tendrá fin..”. Y a Ella no se le ocurrió contestar: “he aquí la Vara de Jesé, he aquí la Flor de Cades, he aquí la Turris eburnea”; ni tampoco “he aquí la Reina de Israel” o “la Madre del Altísimo...” No se le ocurrió despedir al ángel diciéndole con ese típico aire de altivez: “Gabriel, puedes retirarte de mi presencia. Comunicaré mi decisión directamente al Altísimo, cuando lo juzgue oportuno, después de pensarlo mejor”. No. María dijo sencillamente: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.


Y a partir de ese momento, a eso se dedicó. A comportarse como esclava, siendo Reina. Se puso a reinar sirviendo. De hecho lo primero que hizo fue irse de prisa a servir y ayudar a su prima Isabel que estaba en cinta.


Humildad en la visita a su prima Isabel


Antes de nada sería interesante prestar atención al viaje hacia la región montañosa. No viajó como una Reina. No dispuso de carroza y ni estuvo rodeada de pajes que la atendían... Claro que no. La mayor parte del trayecto lo hizo, sin duda, a pie (y era más bien largo: varios días de camino). Además, iba -dice el evangelio- “con presteza”, con prisa. Prisa por servir. No iba de excursión, ni aprovechó para hacer turismo...


Tras el duro viaje -que se hizo más llevadero al saber a quién llevaba en su seno-, por fin llegó María a casa de Isabel. Cuando se saludaron, de nuevo se puso a prueba su humildad ante las palabras de su prima: “de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a verme”. Aquello fue como para recordarle a María quién era Ella... Pero, por lo visto, se le olvidó de inmediato. Su corazón no conoció ni el más leve orgullo. Pemán lo ilustra con esta acertada comparación: “Si tuviera lengua la fuente cuando la embellece el sol de una clara mañana, ¿Qué orgullo habría en que la fuente dijera, con aire de canción, que magnificaba al sol porque la había llenado de luz?... María magnificó al Señor”. Devolvió a Dios con su Magnificat los honores y glorias salidos de la boca de Isabel y se puso a servir.


Sí, la Madre de Dios, la Madre del Señor, de sirvienta. Y no lo hizo girando órdenes al personal de servicio. No lo hizo dando instrucciones con guantes de seda blancos. No, no. A mano limpia. Barriendo, fregando, cosiendo, yendo por agua a la fuente del pueblo, o llevando la basura a tirar al barranco... Quitando a su prima de las manos los platos sucios para lavarlos Ella, la ropa sucia para tallarla en el lavadero junto al río, las prendas rotas para zurcirlas...


E Isabel, que sabía quién era María, mortificada... Pero María a lo que iba... a servir... y no a ser tratada como la Madre del Señor de cielos y tierra. No. Nunca aprendió María a distinguir bien cuáles son esas cosas que no pueden hacer las señoras y esas cosas que sólo pueden hacer las sirvientas.


En María descubrimos que el prójimo (su prima o quien sea) es más importante que Ella, hasta el punto de dedicarle su tiempo y su vida, incluso estando como estaba en el centro de la historia porque llevaba en sí al Señor de la misma.


¡Qué sencilla y humilde, la Virgen, nuestra Madre! Su dignidad y grandeza las manifestó en un amor hecho servicio sencillo y alegre.


Por: P. Marcelino de Andrés | Fuente: El paraíso de Nazaret




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