lunes 25 2026

MARTES 26 DE MAYO DE 2026 -- Marcos 10, 28-31.-- RECOMPENSA A LOS QUE DEJAN TODO POR JESÚS

 Tiempo Ordinario


No tengamos miedo. Optar por Cristo siempre será la mejor empresa de nuestra vida.



Por: Andrés Pérez Apablaza | Fuente: Catholic.net




Del santo Evangelio según san Marcos 10, 28-31








En aquel tiempo Pedro se puso a decirle a Jesús: Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» Jesús dijo: Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.


Oración introductoria

Señor, gracias por darme la oportunidad de estar contigo en esta oración. Aunque me prometes retribuir el ciento por uno, hoy me conformo con poder experimentar tu cercanía para que mi corazón pueda amarte como al único totalmente amable; mi inteligencia pueda creer en Ti como en él único que no engaña y mi libertad pueda elegirte a Ti como lo único que colma mis ansias y anhelos.


Petición

Señor, dame el don de saber orar y encontrarme contigo en esta oración.


Meditación del Papa

Para una sociedad rica, un nuevo obstáculo para un encuentro con el Dios vivo está en la sutil influencia del materialismo, que por desgracia puede centrar muy fácilmente la atención sobre el "cien veces más" prometido por Dios en esta vida, a cambio de la vida eterna que promete para el futuro. Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar, nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia. Benedicto XVI, 16 de abril de 2008.


Reflexión

Hoy es Pedro quien se gloría de haberlo dejado todo. Cuando antes todos se espantaban de las palabras del Señor: quién podrá salvarse. Tan duras les resultaban las palabras de Maestro cuando decía que ningún rico se salvaría. Ellos no eran ricos. Pero bien que entendieron las palabras de Cristo. Con mucho o con poco se es rico, esto es, todo hombre se apega a las cosas. Pedro, hablando más con el espíritu que con la carne, dice bien: "lo han dejado todo y le siguieron".


Jesús le responde, esperando que sus oidores entiendan también como antes el fondo de sus palabras: "recibirán el ciento por uno". Cierto que les habla de cosas, de bienes que aumentarán. Cierto que para ello han de hacer una opción radical por Él, una opción que no es despreciar las cosas sino desapegarse de ellas para apegarse a Dios y amar en Dios esas cosas que han dejado, con un amor rectificado por la experiencia de Cristo. Es más, el que haya logrado experimentar la plenitud liberalizadora de la opción radical por Cristo, no sentirá gusto sino sólo en Dios. Y las creaturas, tan bellas como su Hacedor, serán los medios para mejor amarle y servirle.


Pero entre las cosas que se nos prometen está una poco agradable, poco comprensible: las persecuciones. Se nos prometen persecuciones como premio por el seguimiento de Cristo. ¿Quién, en efecto, está libre de las cruces de esta vida? ¿Quién en esta tierra ha vivido sin sufrir algo? Nadie. Todos somos pasto de las fieras del egoísmo de nuestros hermanos. Y sin embargo Cristo nos promete estos sufrimientos por Él. ¡Qué extraño regalo! Muy extraño. Pero extraño es para el que no ama. Es una locura sufrir por Cristo si no se le tiene. Quien lo tiene lo da todo porque lo ama. Quien sufre por alguien amado crece, se enaltece, siente que recibe más de lo que ha podido dar. Pero también sabe que esos padeceres no son eternos. Eterna será la Gloria junto a Cristo en el cielo. Y por eso lo sufre todo, se deja querer por Jesús plenamente. No tengamos miedo. Optar por Cristo siempre será la mejor empresa de nuestra vida. Hay que vivirlo para comprenderlo.


Propósito

Desprenderme de alguna posesión material para ayudar a un necesitado.


Diálogo con Cristo

Señor auméntame la fe, auméntame mi amor a Ti, porque cuando hay fe sincera y amor verdadero, nada ni nadie será más importante en mi vida que el cumplir tu voluntad. Permite que sea tu discípulo y misionero para hacer partícipes a los demás de tu amor, de esa felicidad que sólo Tú puedes dar.


Por: Andrés Pérez Apablaza | Fuente: Catholic.net




 





25 DE MAYO : BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

 







¿Por qué celebramos a María, como Madre de la Iglesia?

Las raíces teológicas de este título se remontan a la Iglesia primitiva. Los Padres de la Iglesia, obispos santos y estudiosos de los primeros siglos, hablaban a menudo de María como la nueva Eva. Así como la Mujer Eva fue "la madre de todos los vivientes" (Gén. 3:20), la Mujer María fue la madre de todos los que viven en Cristo. En Apocalipsis 12:17, San Juan dice que la descendencia de esta Mujer es "los que guardan los mandamientos de Dios y dan testimonio de Jesús".


En 2026, la memoria de María, Madre de la Iglesia se celebra el 25 de mayo. (Continúa abajo)

¿Por qué celebramos a María, como Madre de la Iglesia?(continuación)

La popularidad de la expresión específica “Madre de la Iglesia” creció especialmente en los siglos XX y XXI. En 2018, el Papa Francisco agregó un día festivo con este título para el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, considerado el cumpleaños de la Iglesia.


¿Qué significa Madre de la Iglesia?

El Papa San Juan Pablo II dijo:


El título “Madre de la Iglesia” … refleja la profunda convicción de los fieles cristianos, que ven en María no sólo a la madre de la persona de Cristo, sino también de los fieles. La que es reconocida como madre de la salvación, de la vida y de la gracia, madre de los salvados y madre de los vivos, es justamente proclamada Madre de la Iglesia.


¿Qué día de fiesta es el lunes después de Pentecostés?

El memorial de María, Madre de la Iglesia, se celebra el lunes después de Pentecostés. El domingo de Pentecostés, celebramos el cumpleaños de la Iglesia, y en el memorial de María, Madre de la Iglesia, los católicos celebran el hecho de que María, como madre de Nuestro Señor, está intrínsecamente vinculada a la Iglesia como su madre.


¿Qué significa Mater Ecclesiae?

Mater Ecclesiae en latín significa "Madre de la Iglesia".


“[María] es madre dondequiera que [Jesús] es Salvador y cabeza del Cuerpo Místico”. - El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafo 973)


¿Se encuentra el título “Madre de la Iglesia” en la Biblia?

El título “Madre de la Iglesia” no se encuentra en la Sagrada Escritura, pero el Papa San Juan Pablo II cubrió varias formas en las que la Biblia alude a este título:


Aunque el título "Madre de la Iglesia" se le atribuyó a María sólo recientemente, expresa la relación maternal de la Santísima Virgen con la Iglesia, como ya se muestra en varios textos del Nuevo Testamento.


Desde la Anunciación, María fue llamada a dar su consentimiento para la llegada del reino mesiánico, que se produciría con la formación de la Iglesia.


Cuando en Caná María pidió al Hijo que ejerciera su poder mesiánico, hizo una contribución fundamental a la implantación de la fe en la primera comunidad de discípulos, y colaboró en la iniciación del reino de Dios, que tiene su “semilla” y “comienzo” en la Iglesia (cf. Lumen gentium, n. 5).


En el Calvario, María se unió al sacrificio de su Hijo e hizo su propia contribución materna a la obra de la salvación, que tomó la forma de los dolores de parto, el nacimiento de la nueva humanidad.


Al dirigir las palabras "Mujer, ahí tienes a tu hijo" a María, el Crucificado proclama su maternidad no sólo en relación con el apóstol Juan, sino también con cada discípulo. El mismo evangelista, al decir que Jesús tuvo que morir `` para reunir en uno a los hijos de Dios que están dispersos '' (Jn 11, 52), indica el nacimiento de la Iglesia como fruto del sacrificio redentor con el que María está asociada maternalmente.


El evangelista san Lucas menciona la presencia de la Madre de Jesús en la primera comunidad de Jerusalén (Hch 1,14). De esta manera destaca el papel maternal de María en la Iglesia recién nacida, comparándolo con su papel en el nacimiento del Redentor. La dimensión materna se convierte así en un elemento fundamental de la relación de María con el nuevo Pueblo de los redimidos. (Audiencia general, 17 de septiembre de 1997)


¿Cómo se convirtió María en Madre de la Iglesia?

El Padre eligió a María de entre todas las mujeres para ser la madre, según la naturaleza humana, de su Divino Hijo. Como es Madre de Cristo en el orden natural, es también la Madre de Su Cuerpo Místico, la Iglesia, de la cual Él es la Cabeza en el orden de la gracia.


En el Libro de Hebreos 2: 9-13, el autor deja en claro que Jesús es nuestro hermano:


Vemos a Jesús, que por un tiempo fue hecho menor que los ángeles, coronado de gloria y honra a causa del sufrimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustara la muerte por todos.


Porque convenía que aquel para quién y por quien existen todas las cosas, al llevar a muchos hijos a la gloria, perfeccionara mediante el sufrimiento al pionero de su salvación. Porque el que santifica y los que son santificados tienen un solo origen. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo:


“Proclamaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré”.


Y de nuevo, “confiaré en él".”


Y nuevamente, “Aquí estoy, y los hijos que Dios me ha dado.” (énfasis añadido)


Dado que Jesús es nuestro hermano y María es su madre, se deduce que María también es nuestra madre.


Finalmente, cuando Jesús estaba en la cruz, vemos el tierno momento en que le dio a María al apóstol Juan. En el Evangelio de Juan 19: 26-27, leemos:


Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba que estaban cerca, dijo a su madre: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "¡Ahí tienes a tu madre!" Y a partir de esa hora el discípulo la llevó a su propia casa.


Así, la Tradición de la Iglesia, procedente de los Apóstoles, nos enseña a comprender que el Señor confiaba todos sus discípulos a María, en la persona de San Juan.


"Tú eres la madre de la justificación y de los justificados, la Madre de la reconciliación y de los reconciliados, la madre de la salvación y de los salvados". - San Anselmo


Fuente :  www. ewtn.com


domingo 24 2026

LUNES 25 DE MAYO DE 2026 -- Jn 19,25-34 -- «AHÍ TIENES A TU MADRE»

 Solemnidades y Fiestas


María, Nuestra Señora de los Dolores, fiel como siempre, a los pies de la cruz.



Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27







 

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.


Oración

Dios mío, ¡qué gran misterio de amor me propones hoy para mi meditación! A pesar de que una espada atravesó el corazón de tu Madre Santísima, ella siempre se mantuvo firme en la fe y con gran amor hoy me acoge, me ama y me enseña las virtudes que me pueden llevar a la santidad.


Petición

María, intercede por mí para que pueda hacer una buena oración.


Meditación del Papa 

Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: “He ahí a tu madre”. Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la “mujer” se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.


La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz; y la invocamos todos juntos: ¡Santa Madre de Dios! (Homilía de S.S. Francisco, 1 de enero de 2014).


Reflexión

Cuando Dios había decidido venir a la tierra había pensado ya desde toda la eternidad en encarnarse por medio de la criatura más bella jamás creada. Su madre habría de ser la más hermosa de entre las hijas de esta tierra de dolor, embellecida con la altísima dignidad de su pureza inmaculada y virginal. Y así fue. Todos conocemos la grandeza de María.


Pero María no fue obligada a recibir al Hijo del Altísimo. Ella quiso libremente cooperar. Y sabía, además, que el precio del amor habría de ser muy caro. “Una espada de dolor atravesará tu alma” le profetizó el viejo Simeón. Pero, ¡cómo no dejar que el Verbo de Dios se entrañara en ella! Lo concibió, lo portó en su vientre, lo dio a luz en un pobre pesebre, lo cargó en sus brazos de huida a Egipto, lo educó con esmero en Nazaret, lo vio partir con lágrimas en los ojos a los 33 años, lo siguió silenciosa, como fue su vida, en su predicación apostólica...


Lo seguiría incondicionalmente. No se había arrepentido de haber dicho al ángel en la Anunciación: “Hágase”. A pesar de los sufrimientos que habría de padecer. ¡Pero si el amor es donación total al amado! Ahora allí, fiel como siempre, a los pies de la cruz, dejaba que la espada de dolor le desencarnara el corazón tan sensible, tan puro de ella, su madre. A Jesús debieron estremecérsele todas las entrañas de ver a su Purísima Madre, tan delicada como la más bella rosa, con sus ojos desencajados de dolor. Los dos más inocentes de esta tierra. Aquella única inocente, a la que no cargaba sus pecados. La Virgen de los Dolores. La Corredentora.


Ella nos enseña la gallardía con que el cristiano debe sobrellevar el dolor. El dolor no es ya un maldito hijo del pecado que nos atormenta tontamente; es el precio del amor a los demás. No es el castigo de un Dios que se regocija en hacer sufrir a sus criaturas, es el momento en que podemos ofrecer ese dolor por el bien espiritual de los demás, es la experiencia de la corredención, como María. Ella miró la cruz y a su Hijo y ofreció su dolor por todos nosotros.


¿No podríamos hacer también lo mismo cuando sufrimos? Mirar la cruz. Salvar almas. La diferencia con Nuestra Madre es que en esa cruz el sufrir de nuestra vida está cargado en las carnes del Hijo de Dios. Él sufrió por nuestros pecados. Él nos redimió sufriendo. Ella simplemente miró y ayudó a su Hijo a redimirnos.


Propósito

En este día rezar a la Virgen Dolorosa para que interceda por nosotros en los momentos de enfermedad y sufrimiento y encomendar a su cuidado a los enfermos o personas que sufren que están cerca de nosotros.


Diálogo con Cristo

Jesús, aunque experimente dificultades y problemas, situaciones de sufrimiento y dolor, momentos difíciles de comprender y de aceptar, siguiendo el ejemplo de María, tengo la seguridad que todo tendrá una razón y un sentido. Sin embargo soy débil para ofrecerte que quiero ser purificado en el dolor… simplemente sé y confío en que me darás lo que necesito para entrar un día en el cielo, ¡gracias Padre mío!


Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net


DOMINGO 24 DE MAYO 2026 -- PENTECOSTÉS








En el año 2026, el Domingo de Pentecostés se celebra el 24 de mayo. Esta importante solemnidad religiosa se fija exactamente 50 días después del Domingo de Resurrección (que en 2026 fue el 5 de abril), marcando de forma oficial el final del tiempo pascual en el calendario litúrgico de la Iglesia.


Aspectos clave de la celebración en 2026


Significado espiritual: Conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María, acontecimiento considerado históricamente como el nacimiento de la Iglesia Católica.


Color litúrgico: Durante las celebraciones de este día se utiliza el rojo, tono que simboliza el fuego del Espíritu Santo y el fervor de la fe.


Lunes de Pentecostés: El día posterior (25 de mayo) funciona como día festivo oficial en varias naciones europeas, tales como España, Alemania y Francia, mientras que en la mayoría de países de América Latina se mantiene como jornada laborable regular.


Transición litúrgica: Tras el cierre de las festividades de Pentecostés, el calendario eclesiástico retoma las semanas del Tiempo Ordinario.  Para profundizar en las lecturas específicas asignadas a este día, puedes revisar los textos litúrgicos correspondientes en el portal de los Dominicos o consultar las guías de oración y preparación espiritual que ofrece la agencia católica ACI Prensa.




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