lunes 08 2026

MARTES 9 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 5, 13-16 -- USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO Y SAL DE LA TIERRA

 Tiempo Ordinario


Si ya no alumbras, acércate a Cristo porque Él es la luz.



Por: P. Cristian González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16








«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Oración introductoria

Dios mío, me has llamado a la santidad. Ilumina mi mente y mi corazón en esta oración para descubrir dónde se encuentra la verdadera felicidad, sólo ésta quiero desear y no las burdas imitaciones que me ofrece el mundo.


Petición

Señor, te pido que deje entrar tu luz a mi conciencia para ser sal que ilumine y dé sabor a la vida de los demás.


Meditación del Papa 

¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente sencilla... Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y su afirmación se entiende precisamente como consecuencia de las Bienaventuranzas. Él quiere decir: si seréis pobres de espíritu, si seréis mansos, si seréis puros de corazón, si seréis misericordiosos... ¡Ustedes serán la sal de la tierra y la luz del mundo!


Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos "sabor" a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2014).


Reflexión

"Miren cómo se aman" decían de los primeros cristianos. Ése era su distintivo: el amor.


Parecería que Cristo nos está pidiendo que no seamos humildes: "Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras -pero es ahora donde viene lo importante:- y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


No dejemos de hacer el bien por esa falsa humildad, el secreto está en que no nos glorifiquen a nosotros sino a Dios, pero recordemos que somos luz, sal, estamos hechos para brillar, para dar sabor, que el mundo vuelva a sentir nuestra presencia, y que cuando nos vean tengan que exclamar asombrados: "Miren cómo se aman". Miren cómo brillan en el mundo, miren cómo iluminan el camino, son como una lámpara que hay que poner en lo alto, para que alumbre a todos. No se nos olvide que somos lámpara, llevamos la luz en nosotros, pero la luz es Cristo, es a Él a quien tienen que dar gloria. Se tienen que admirar de la luz, que es Cristo.


Cristo hace milagros. Dice el evangelio que si la sal se desvirtúa ya no sirve para nada, pero todo tiene solución mientras dura la vida porque Dios es omnipotente. Si tú, siendo cristiano, siendo sal de la tierra, crees que has perdido el sabor, confía plenamente en que hay uno que se lo puede devolver, confía en que hay uno que puede hacerte ser otra vez sal de la buena, de ser sal insípida a ser sal que da sabor. Si tú te consideras una lámpara sin luz, de esas que sí se tendrían que poner debajo del celemín porque ya no alumbran, acércate a Cristo porque Él es la luz, es Él el que da sentido a nuestra vida, Él nos hará ser lo que debemos ser y así prenderemos fuego al mundo entero.


Así podrán exclamar un día también de nosotros como exclamaban de los primeros cristianos: "Miren cómo se aman". ¡Ánimo! ¡Como los primeros!


Propósito

Ser el primero en disculparme u ofrecer una solución en alguna discusión que se presente.


Diálogo con Cristo

Jesús, me llamas a ser la sal y la luz para los demás, esto implica que mi testimonio de vida, palabras y acciones deben ser un reflejo de tu amor, de tu misericordia infinita. Tu gracia es la fuente para la felicidad. Ayúdame, Señor, a guiarme en todo por el Espíritu Santo, para que Él sea quien edifique, en mí, al auténtico testigo de tu amor.


Por: P. Cristian González | Fuente: Catholic.net


 


domingo 07 2026

LUNES 8 DE JUNIO DE 2026 -- Mateo 5, 1-12 -- ¡ALÉGRENSE Y REGOCÍJENSE, PORQUE SU RECOMPENSA ES GRANDE EN EL CIELO!

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12








En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:


"Dichosos los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los cielos.


Dichosos los que lloran,

porque serán consolados.


Dichosos los sufridos,

porque heredarán la tierra.


Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

porque serán saciados.


Dichosos los misericordiosos,

porque obtendrán misericordia.


Dichosos los limpios de corazón,

porque verán a Dios.


Dichosos los que trabajan por la paz,

porque se les llamará hijos de Dios.


Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el Reino de los cielos.


Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".


Las palabras de los Papas

En el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, que está escrita en los corazones, ya no en la piedra; es una ley que renueva nuestra vida y la hace buena, aun cuando ante el mundo parezca fracasada y miserable. Sólo Dios puede llamar realmente bienaventurados a los pobres y a los afligidos (cf. vv. 3-4), porque Él es el sumo bien que se da a todos con amor infinito. Sólo Dios puede saciar a quienes buscan paz y justicia (cf. vv. 6.9), porque Él es el justo juez del mundo, autor de la paz eterna. Sólo en Dios encuentran alegría los mansos, los misericordiosos y los puros de corazón (cf. vv. 5.7-8), porque Él es el cumplimiento de lo que esperan. En la persecución, Dios es la fuente del rescate; en la mentira, es el ancla de la verdad. Por eso Jesús proclama: «Alégrense y regocíjense» (v. 12). Estas Bienaventuranzas son una paradoja sólo para quien considera que Dios es diferente de como Cristo lo revela. Quien espera que los prepotentes sean siempre dueños de la tierra, permanece sorprendido ante las palabras del Señor. Quien está acostumbrado a pensar que la felicidad pertenece a los ricos, podría creer que Jesús sea un iluso. Y, en cambio, la ilusión está precisamente en la falta de fe en Cristo; Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el que trabaja por la paz y es perseguido hasta la muerte en cruz.  De este modo, Jesús ilumina el sentido de la historia; no la que escriben los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos. (León XIV - Ángelus, 1° de febrero de 2026)


Fuente :    www.vaticannews.va

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO

 







Corpus Christi

¿Qué se celebra en la Solemnidad de Corpus Christi?

Conocida como Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, esta fiesta honra a Jesucristo, verdadera y realmente presente substancialmente bajo las apariencias del pan y del vino. Esa Presencia ocurre gracias a un cambio que la Iglesia llama transubstanciación (cambio de sustancia), en el momento en que el sacerdote, durante la Consagración en la Misa, dice las palabras que el mismo Cristo pronunció sobre el pan y el vino: “Este es Mi Cuerpo”, “Esta es Mi Sangre”, “Hagan esto en memoria Mía”. En 2026, la Solemnidad de Corpus Christi es el 4 de junio, pero se transfiere al domingo 7 de junio en algunas diócesis.


¿Por qué celebran Corpus Christi los católicos?

La Iglesia Católica honra la Presencia de Cristo en la Santa Eucaristía con una fiesta especial que debe a Santa Juliana de Lieja, monja del siglo XIII nacida en Bélgica, que tuvo un gran amor por la Eucaristía. A los 16 años tuvo una visión de la Iglesia como una luna llena con un punto oscuro que significaba que a la Iglesia le faltaba una fiesta dedicada únicamente al Cuerpo y Sangre de Cristo. A pesar de que tuvo la misma visión varias veces, no creía que pudiera ella hacer nada para que se instituyera esa fiesta por lo que mantuvo en secreto su visión por muchos años. Una vez elegida priora de su convento, finalmente expuso a su confesor la visión y él, a su vez, lo informó al obispo. Esto, de alguna manera, inició el camino hacia la institución de la fiesta del Corpus Christi.


¿Qué significa Corpus Christi?

Las palabras latinas “Corpus Christi” se traducen como “Cuerpo de Cristo”.


¿Por qué es importante la Solemnidad de Corpus Christi?

La Eucaristía es la “fuente y culmen de la vida cristiana” (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 11). En la Eucaristía, Jesús mismo vuelve a presentar Su Sacrificio en el Calvario (Lc 22,19-20; 1 Cor 11,26-29) para beneficio nuestro y se nos da en la Santa Comunión (Ex 16,4; Jn 6,1-14, 48-51), y se queda con nosotros hasta el fin de los tiempos (Lc 24,13-35; Mt 28,18-20). Viene a nosotros en esta humilde forma, haciéndose vulnerable por amor a cada uno de nosotros. Sin embargo, es Dios Mismo, y por tanto el Cuerpo y la Sangre de Cristo merecen nuestro mayor respeto y amor, y también adoración.

En el himno “Tantum Ergo” de Santo Tomás de Aquino, rezamos:


Veneremos, pues, inclinados, tan grande Sacramento; y la antigua figura ceda el puesto al nuevo rito; la fe supla la incapacidad de los sentidos.


San Francisco de Asís expresó: "En este mundo, no veo al Altísimo Hijo de Dios pero sí a Su Santísimo Cuerpo y Sangre”.


“Todos los años, la fiesta de Corpus Christi nos invita a renovar el asombro y la alegría de este maravilloso regalo del Señor, que es la Eucaristía.” - Papa Francisco


¿Cuándo se celebra la Solemnidad de Corpus Christi?

Tradicionalmente, es el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, que es el domingo siguiente a Pentecostés. Se decidió que cayera en jueves en coincidencia con el día de la semana en que se celebra la Última Cena. Muchas provincias eclesiásticas, sin embargo, lo celebran en domingo para que pueda participar más gente de la Misa. En los lugares donde se celebra en jueves, es un día de precepto y por tanto, los católicos están obligados a asistir a Misa.


¿Qué es la procesión de Corpus Christi?

Siempre que se expone la Eucaristía para la adoración de los fieles, se la coloca en un recipiente sagrado llamado “Custodia”, que sostiene la forma sagrada en un vidrio transparente que la deja ver. Hay muchas maneras de exponer el Santísimo Sacramento: sobre el altar en una iglesia, para la adoración y la oración, en devociones públicas como la bendición eucarística o en procesión pública en la fiesta de Corpus Christi u otras fechas. En países de mayoría católica esas procesiones se dan por la ciudad. Los fieles cantan y rezan en honor del Rey eucarístico. Esta práctica se inició en el siglo XIV y ha sido difundida por papas, concilios y santos como una extraordinaria manera de mostrar la suprema importancia de la Eucaristía y el amor que tenemos por el Señor.


ADORACIÓN

“Míralo, medita y trata de imitarlo.” – Santa Clara of Asís


¿Qué es la Santa Eucaristía?

La Santa Eucaristía es el más importante de los siete sacramentos. La Iglesia Católica enseña que en la Eucaristía, el Señor Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, estampa real, verdadera y substancialmente presente bajo las apariencias de pan y de vino; su presencia no es simbólica ni depende de la fe de los fieles. Los dos elementos materiales, pan y vino, son completamente transformados en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, permaneciendo solo sus apariencias sensibles de pan y vino. Así, mediante las palabras de la consagración dichas por el sacerdote, Jesús, sin dejar su presencia natural en el Cielo, también se hace presente sacramentalmente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en las formas consagradas.


¿La Eucaristía es bíblica?

La Eucaristía se menciona muchas veces en las Sagradas Escrituras en su sentido de “acción de gracias” (Sal 9,1; Is 12,1,4; Col 3,17; 1 Tes 5,18). Dar gracias o bendecir a Dios era el elemento esencial de la oración en el tempo, la sinagoga y la vida cotidiana de Israel. También en el Antiguo Testamento, hay muchas instancias en las cuales se anticipa la Eucaristía incluso en su forma sacramental, como en la ofrenda que hace Melquisedec de pan y vino (Gen 14,18-20), la Pascua (Ex 12,1-14), y el maná que alimentó a Israel hasta que entraron en la Tierra Prometida (Ex 16,13-17).


También Cristo dio gracias a Su Padre por Sus bienes. Esto se dio especialmente en contextos en los que Jesús anticipaba las formas de adoración según la nueva alianza. Por ejemplo, las bodas de Caná (Juan 2), donde cambia el agua en vino; los milagros en los que multiplica los panes (Mt 14,13-21; Mt 15,32-39); la multiplicación de la materia para satisfacer las necesidades de una multitud; y la explicación que Él mismo da de la Eucaristía en el discurso del Pan de Vida (Juan 6).


Finalmente, en la Última Cena, Jesús instituyó la Eucaristía, como la forma oficial de conmemorar Su Sacrificio pascual en el Calvario, y nos mandó a repetirlo hasta que Él vuelva (cf. 1 Cor 11)


“Esta es la maravillosa verdad, queridos amigos: la Palabra, que se hizo carne hace dos mil años, está presente hoy en la Eucaristía.” – San Juan Pablo II


“Yo vivo por la Eucaristía.” – Madre Angélica





sábado 06 2026

DOMINGO 7 DE JUNIO DE 2026 -- Juan 6, 51-58. -- UN PAN DEL TODO ESPECIAL

 

Cuando tomamos y comemos ese Pan, somos asociados a la vida de Jesús, entramos en comunión con Él.



Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58








Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.


Oración introductoria

Jesús, ayúdame a valorar la Eucaristía. El poder vivir para siempre, por Ti, es mi gran anhelo. Quiero hablar contigo y escuchar tu Palabra para recibirte con el amor que te mereces; sin ningún interés personal, sólo la ilusión de que me llenes de Ti y me hagas experimentar tu amor.


Petición

Señor, no permitas que pierda nunca las oportunidades de recibirte en la Eucaristía. ¡Dame siempre de ese Pan!


Meditación del Papa 

Cuando tomamos y comemos ese Pan, somos asociados a la vida de Jesús, entramos en comunión con Él, nos comprometemos a realizar la comunión entre nosotros, a transformar nuestra vida en don, sobre todos a los más pobres.


La fiesta de hoy evoca este mensaje solidario y nos impulsa a acoger la invitación íntima a la conversión y al servicio, al amor y al perdón. Nos estimula a convertirnos, con la vida, en imitadores de lo que celebramos en la liturgia. El Cristo, que nos nutre bajo las especies consagradas del pan y del vino, es el mismo que nos viene al encuentro en los acontecimientos cotidianos; está en el pobre que tiende la mano, está en el que sufre que implora ayuda, está en el hermano que pide nuestra disponibilidad y espera nuestra acogida. Está en el niño que no sabe nada de Jesús, de la Salvación, que no tiene fe.  Está en cada ser humano, también en el más pequeño e indefenso.


La Eucaristía, fuente de amor para la vida de la Iglesia, es escuela de caridad y de solidaridad. Quien se nutre del Pan de Cristo ya no puede quedar indiferente ante los que no tienen el pan cotidiano. Y hoy sabemos es un problema cada vez más grave. (S.S. Francisco, Angelus 7 de junio de 2013).


Reflexión

San Justino, de familia pagana, convertido luego al cristianismo, murió mártir el año 165 d.C. Enseñó filosofía en Roma y escribió abundantes obras sobre la fe y la religión cristiana. En sus "apologías" explica lo fundamental de la fe católica, del credo y de los sacramentos, y refuta las falsas acusaciones que ya desde entonces comenzaban a circular en contra de la Iglesia. Entre otras cosas -¡para que veamos cuán absurda y atrevida es la ignorancia!- se acusaba a los primeros cristianos de antropofagia y de convites truculentos e idolátricos porque pensaban que comían carne y bebían sangre humana. Habían oído, en efecto, que el que presidía las asambleas decía: "Tomad y comed: éste es mi cuerpo. Tomad y bebed: ésta es mi sangre".


Así fue como lo interpretaron los judíos que escuchaban a nuestro Señor. Y era lógico que no lo aceptaran, que lo criticaran e, incluso, que se escandalizaran de El. El rechazo hacia Jesús se iba pronunciando cada vez más, a medida que nuestro Señor hablaba, hasta abrirse un abismo y convertirse en un camino sin retorno...


Pero nuestro Señor continúa su discurso: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Estas palabras de Jesús, tan claras como misteriosas, sólo podían ser acogidas en un clima de fe. Y es una evidente anticipación de lo que sucedería el Jueves Santo, en aquella hora solemne y de intimidad con sus apóstoles, cuando instituía la Eucaristía: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros. Esta es mi Sangre, derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados". Ahora, en este momento, estaba cumpliendo su promesa. Y les invitaba a los Doce a repetir este mismo gesto, de generación en generación: "Haced esto en memoria mía".


Cada santa Misa, cuando el sacerdote pronuncia estas palabras de nuestro Señor, está perpetuando su sacramento. Y no se trata de un simple recuerdo, sino de un "memorial". Es decir, de una celebración que "revive" y actualiza en el hoy de nuestra historia el misterio de la Eucaristía y del Calvario, por nuestra salvación. En cada santa Misa, Jesucristo renueva su Pasión, muerte y resurrección, y vuelve a inmolarse al Padre sobre el altar de la cruz por la redención de todo el género humano. De modo incruento, pero real. ¡Por eso cada Misa tiene un valor redentor infinito, que sólo con la fe podemos apreciar!


El beato Titus Brandsman, sacerdote carmelita holandés, pasó varios años en los campos de concentración alemanes durante la persecución nazi. Tenía prohibida la celebración de la Eucaristía, pero él se ponía junto con los otros prisioneros y recitaba de memoria las oraciones de la Misa, el Evangelio y les predicaba a sus compañeros de prisión; luego hacían la comunión espiritual: él fijaba los ojos en cada uno de los presos y les decía: "el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo guarde tu alma para la vida eterna". Al poco tiempo fue transferido a láger de Dachau. Allí los sacerdotes alemanes sí podían celebrar y clandestinamente pasaban la hostia santa a los otros sacerdotes que no eran alemanes, como Tito. El comulgaba, daba la comunión a los otros prisioneros y se guardaba un pedacito en el estuche de sus lentes para la adoración nocturna. De ese "pan" del todo especial sacaba fuerzas para soportar las torturas y ofrecer sus sufrimientos. Un día fue duramente golpeado por la guardia nazi del campo de concentración y aguantó la paliza sin odios ni maldiciones. Después confesó: "¡Ah, yo sabía quién estaba conmigo!". En 1942 murió mártir en Dachau.


Además del santo Sacrificio, podemos gozar de la presencia real de Jesucristo nuestro Señor en el Sagrario durante las veinticuatro horas del día. Se cuenta que el santo cura de Ars se dejaba embargar particularmente por la presencia real de Cristo Eucaristía. Ante el Tabernáculo solía pasar largas horas de adoración, durante la noche o antes del amanecer; y durante sus homilías, solía señalar al Sagrario diciendo con emoción: "El está ahí". Por ello, él, que tan pobremente vivía en su casa rectoral, no dudaba en gastar cuanto fuere necesario para embellecer la iglesia. Pronto pudo ver el buen resultado: los fieles tomaron por costumbre ir a rezar ante el Santísimo Sacramento, descubriendo, a través de la actitud de su párroco, el gran misterio de la fe.


Propósito

Ojalá que también nosotros aprendamos a valorar y a vivir con inmensa fe y amor, como los santos, el misterio sacrosanto de la Eucaristía: que cada santa Misa y Comunión sea como la primera y la última de nuestra vida. Y que acudamos con frecuencia al Santísimo para amar, agradecer, adorar a nuestro Señor, y para pedirle por las necesidades de todo el género humano. El allí nos escucha.


Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, por tu Eucaristía, por el gran don de Ti mismo, gracias por esta gran prueba de tu amor que deseo ardientemente se prologue durante todo el día. Quiero pertenecerte siempre. ¡Venga tu Reino a mi corazón! Que nunca me «acostumbre» a recibirte. Confío en que, con la intercesión de María, sepa corresponder a tanto amor.

 

Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net





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