sábado 17 2026

DOMINGO 18 DE OCTUBRE DE 2026 -- ¿ QUÉ QUISO DECIR JESÚS CUANDO AFIRMÓ : "DAD, PUES, AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS"

 









Reflexión 


"Dad, pues, a César lo que es de César" es una cita muy conocida que aparece en Mateo 22:21 y forma parte de la respuesta de Jesús a un intento conjunto de los herodianos y los fariseos de hacer tropezar a Jesús delante de Su propio pueblo.


Los herodianos eran un partido judío no religioso que apoyaba a la dinastía de Herodes y la política general del gobierno romano. Percibían que la enseñanza y la influencia puras y espirituales de Cristo eran contrarias a sus intereses. Los fariseos, por su parte, eran miembros de una antigua secta judía que creía en la estricta observancia de las tradiciones orales y de la Ley escrita de Moisés. No creían que Cristo fuera el Mesías, a pesar de Sus numerosos milagros durante Su ministerio terrenal. Aunque herodianos y fariseos se hallaban en extremos opuestos del espectro político, su odio común a Cristo bastó para que unieran sus fuerzas para intentar destruirlo.


He aquí el contexto del mandato de Jesús de "Dad, pues, a César lo que es de César": en Mateo 22, Jesús acababa de regresar a Jerusalén por última vez y acababa de compartir varias parábolas con la multitud. Los enemigos de Jesús vieron la oportunidad de poner a Jesús en un aprieto delante de Sus seguidores. En el versículo 17, le dicen a Jesús: "Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?". Era una pregunta capciosa, y ellos lo sabían. Si Jesús respondía "No", los herodianos lo acusarían de traición a Roma. Si respondía que sí, los fariseos lo acusarían de deslealtad a la nación judía y perdería el apoyo de la multitud. ¿Pagar impuestos o no pagar impuestos? La pregunta era un círculo vicioso.


La respuesta de Jesús es nada menos que brillante: "Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario" (Mateo 22:18-19).


El denario era una moneda que se utilizaba como impuesto en aquella época. Era de plata y tenía una imagen del emperador con una inscripción que lo llamaba "divino". Los judíos consideraban tales imágenes idolatría, prohibida por el segundo mandamiento. Esta era otra razón por la que, si Jesús respondía "Sí", estaría en problemas. Su aceptación del impuesto como "lícito" podría haberse visto como un rechazo del segundo mandamiento, lo que pondría en duda Su afirmación de ser el Hijo de Dios.


Con la moneda expuesta ante ellos, Jesús dijo: "¿De quién es esta imagen, y la inscripción?". Los herodianos y fariseos, declarando lo obvio, dijeron: "De César". Entonces Jesús puso fin a sus insensatos trucos: "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22:21). Al oír esto, los enemigos de Jesús se maravillaron y se fueron (versículo 22).


Cuando Jesús dijo: "Dad, pues, a César lo que es de César", estaba estableciendo una clara distinción entre dos reinos. Hay un reino de este mundo, y el César tiene poder sobre él. Pero hay otro reino, que no es de este mundo, y Jesús es su Rey (Juan 18:36). Los cristianos formamos parte de ambos reinos, al menos temporalmente. Bajo el César, tenemos ciertas obligaciones que implican cosas materiales. Bajo Cristo, tenemos otras obligaciones que implican cosas eternas. Si el César te pide dinero, dáselo: es solo mammón. Pero asegúrate de dar también a Dios lo que Él exige.


El César acuñaba monedas, como tenía derecho a hacer, y exigía algunas monedas a cambio, como era su derecho. Al fin y al cabo, su imagen estaba estampada en lo que había fabricado. Dios ha "acuñado" el alma humana, y ha estampado Su imagen en cada uno (Génesis 1:27). Así que dad al César lo que le corresponde—las cosas temporales de este mundo—pero aseguraos de dar a Dios lo que le corresponde: "presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia" (Romanos 6:13).





SÁBADO 17 DE OCTUBRE 2026 -- ESPÍRITU SANTO Y MARÍA

 







El Padre Nicolás nos invita a reflexionar sobre la relación entre el Espíritu Santo y la Virgen María.


Quisiera meditar con Uds. algunos momentos en la vida de María.


La Encarnación. No hay duda de que la vida de la Sma. Virgen estaba, desde su inicio, bajo la fuerte influencia del Espíritu de Dios. La Virgen es la “Toda santa” porque desde el primer momento de su existencia fue “sagrario del Espíritu Santo”.


Pero su gran encuentro con el Espíritu fue la Anunciación del ángel que culminó con la encarnación. Allí María tuvo su primer Pentecostés: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35). A partir de ese acontecimiento, Ella es llamada sagrario, tabernáculo, santuario del Espíritu. Con ello se indica la inhabitación del Espíritu Santo en María de un modo del todo singular y superior al de los demás cristianos. Como en todo ser humano, el Espíritu de santidad quiere actuar en la Virgen y a través de Ella.


Pero aquí hay algo más, algo nuevo y único: el Espíritu Santo quiere actuar junto con la Virgen. ¿Y para qué? Quiere unirse y atarse a María para que de Ella nazca Jesucristo, el Hijo de Dios. Y quiere que la Sma. Virgen diga su Sí totalmente voluntario y libre, para entregarse al Espíritu de Dios, para convertirse en Madre de Dios.


Su crecer en el orden del Espíritu. No debemos pensar que la Virgen haya entendido todo desde el primer momento. Evidentemente comprendió mucho más que nosotros. Porque tenía, como dice Santo Tomas de Aquino, la luz profética que le regaló un conocimiento mayor de las cosas de Dios.


Sin embargo, como ser humano, Ella crecía en sabiduría y desarrollaba su entendimiento a lo largo de la vida. Por eso dice el Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, que María iba adentrándose crecientemente en el orden del Espíritu.


¿Y que quiere decir eso? María tenía que ir comprendiendo, paso a paso, lo que quería Jesús y lo que debía hacer Ella a su lado. Tenía que entrar progresivamente en ese mundo de su Hijo Divino, en el que sólo el Espíritu Santo podía introducirla.


En diálogo con el Espíritu de Dios, tenía que recorrer su propio camino de fe. Pensemos en la pérdida de Jesús, al cumplir los doce años. Cuan difícil fue para Ella cuando su Hijo los abandonó y después les dijo:


“¿No saben que tengo que preocuparme de los asuntos de mi padre?” (Lc 2, 49). Como agrega el texto, María no entendió lo que Jesús acababa de decirles. Pero seguramente se dio cuenta de que su Hijo llevaba en su interior otro mundo, el mundo del Padre, en el cual también Ella tenía que adentrarse de un modo más perfecto.


Otro momento difícil surgió en las bodas de Cana. “Mujer, Tú no piensas como yo: todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2.4). El pensar de María es todavía muy humana: quiere ayudar a los novios en su necesidad. Jesús mira más allá, piensa en su gran Hora, la hora de la Cruz. Y, sin embargo, cumple el deseo de su Madre.


Y cuando llegó la gran Hora, sobre el monte Calvario, ya callan en Ella los deseos y necesidades naturales. Todo queda sujeto a la voluntad del Padre. Ya no quiere otra cosa que cumplir perfectamente con su rol en el plan de salvación.


Cumbre de ese insertarse en el orden del Espíritu fue la espera de Pentecostés. Allí María se convirtió en instrumento perfecto del Espíritu Santo. Condujo a los apóstoles y discípulos a la sala del Cenáculo. Les transmitió su anhelo profundo por el Espíritu Divino. E imploró con ellos la fuerza de lo alto sobre toda la Iglesia reunida.


En Pentecostés se colmó su ansia por el Espíritu de Dios. Allí quedó completamente compenetrada y transformada por El. Ya en su vida tuvo un cuerpo espiritualizado, es decir, transformado por el Espíritu, de modo que no podía ser destruido. Y así ya quedó preparada para su último y definitivo paso: la asunción en cuerpo y alma al cielo.


Creo que también en nuestra propia vida debe existir un insertarnos paulatinamente en el orden del Espíritu.


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Retiros y homilías del Padre Nicolás Schwizer


viernes 16 2026

SÁBADO 17 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 12, 8-12 -- EL ESPÍRITU SANTO TE ENSEÑARÁ QUÉ DECIR

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios


Efesios 1, 15-23


Hermanos: Me he enterado de su fe en el Señor Jesús y del amor que demuestran a todos los hermanos, por lo cual no dejo de dar gracias por ustedes, ni de recordarlos en mis oraciones, y le pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.


Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual, sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.


Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12







En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.


A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.


Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir’’.


Las palabras de los Papas

 El Consolador, el Espíritu Santo, estará con los Apóstoles. Cuando Cristo ya no esté en la tierra, el Espíritu Santo los acompañará en los largos períodos de aflicción, que durarán siglos (cf. Jn 16, 17 ss.). Por tanto, estará con la Iglesia y en la Iglesia, especialmente en las épocas de luchas y persecuciones, como Jesús mismo promete a los Apóstoles con aquellas palabras que refieren los evangelios sinópticos: «Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir» (Lc 12, 11-12; cf. Mc 13, 11); «No seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros» (Mt 10, 20). Esas palabras se pueden referir a las tribulaciones que sufrieron los Apóstoles y los cristianos de las comunidades fundadas y presididas por ellos; pero también a todos los que, en cualquier lugar de la tierra, en todos los siglos, tendrán que sufrir por Cristo. Y, en realidad, son muchos los que, en todos los tiempos, incluidos los recientes, han experimentado esta ayuda del Espíritu Santo. Ellos saben ―y pueden dar testimonio de ello― qué gozo produce la victoria espiritual que el Espíritu Santo les concedió alcanzar. Toda la Iglesia de hoy lo sabe y es testigo de ello.  (San Juan Pablo II - Audiencia general, 13 de marzo de 1991)






¿ QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA GEHENA ?








Gehena es un término de origen hebreo (Ge Hinnom, Valle de Hinón) que designa un valle real ubicado al sur y suroeste de la antigua Jerusalén, utilizado históricamente como basurero donde se quemaban los desperdicios y cadáveres de animales de manera continua.


Origen e Historia

• Valle de Hinón (Gai Ben Hinnom): En la antigüedad, este barranco fue escenario de oscuros ritos paganos y sacrificios infantiles al dios Moloc durante los reinados de reyes de Judá como Acaz y Manasés.


Profecía y ruina:   El profeta Jeremías lo rebautizó proféticamente como el «Valle de la Matanza» debido al juicio y la destrucción que vendría sobre Jerusalén por estas prácticas.


Basurero municipal: Con el tiempo, se convirtió en el vertedero de la ciudad, donde se encendían fuegos perpetuos para consumir la basura y evitar plagas.


Significado Religioso y Bíblico


• En el Nuevo Testamento: Jesús y sus discípulos adoptaron la imagen física del fuego y los desechos de la Gehena como una metáfora visual del juicio divino y la destrucción total, equivalente a la «muerte segunda» o aniquilación eterna (mencionada también como el lago de fuego en Apocalipsis).


Diferencia con el Infierno tradicional: Mientras que en la tradición popular la palabra se traduce simplemente como infierno, diversos estudios bíblicos señalan que la Gehena no representaba un lugar invisible de tormento consciente eterno para las almas, sino la ruina o eliminación definitiva.


Definición de la RAE: Según el Diccionario de la lengua española, se define principalmente como infierno (lugar de castigo eterno).





Traducir este sitio a tu idioma