miércoles 28 2026

28 DE OCTUBRE : SAN SIMÓN Y SAN JUDAS TADEO

 







San Judas Tadeo es uno de los santos más populares, a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con fe. En Alemania, Italia, América y muchos sitios más, tiene numerosos devotos que consiguen por su intercesión admirable ayuda de Dios, especialmente en cuanto a conseguir empleo, casa u otros beneficios.


Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo. Judas es una palabra hebrea que significa: "alabanzas sean dadas a Dios".


Tadeo quiere decir: "valiente para proclamar su fe".



Simón significa: "Dios ha oído mi súplica".


A San Simón y San Judas Tadeo se les celebra la fiesta en un mismo día porque según una antigua tradición los dos iban siempre juntos todas partes a predicar la Palabra de Dios. Ambos fueron llamados por Jesús para formar parte del grupo de sus 12 escogidos o apóstoles. Ambos recibieron el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego el día de Pentecostés y presenciaron los milagros de Jesús en Galilea y Judea y oyeron sus sermones; le vieron ya resucitado y hablaron con Él después de su santa muerte en la Cruz, le vieron luego de Su gloriosa resurrección y fueron testigos presenciales Su ascensión al cielo.


A Judas se le llama Tadeo para diferenciarlo de Judas Iscariote que fue el que entregó a Jesús.


San Judas Tadeo escribió una de las Cartas del Nuevo Testamento. En la misma, ataca a los gnósticos y dice que los que tienen fe pero no hacen buenas obras son como nubes que no tienen agua, árboles sin fruto, y olas con sólo espumas, y que los que se dedican a los pecados de impureza y a hacer actos contrarios a la naturaleza, sufrirán la pena del fuego eterno.


La antigua tradición cuenta que a San Simón lo mataron aserrándolo por medio y, a San Judas Tadeo, cortándole la cabeza de un hachazo. A San Judas le pintan muchas veces con un hacha en la mano.






martes 27 2026

MIÉRCOLES 28 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 6, 12-19. -- ELECCIÓN DE LOS DOCE

Tiempo Ordinario. 


Nuestras decisiones deben surgir tras un encuentro con Dios en la oración.




Del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19









Sucedió que por aquellos días se fue Jesús al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.


Oración Introductoria

Señor Jesús, en varias ocasiones el Evangelio hace mención que pasaste la noche en oración… y yo que batallo para hacer mi meditación de 10, 15 ó 20 minutos. Tu oración es fruto de tu amor, de tu dependencia a Dios. Ilumíname para yo pueda crecer también en mi amor y que ahora sepa disponer mi corazón para hacer la voluntad del Padre en este día.


Petición

Jesucristo, enséñame a orar. Haz que te ame a tal punto, que me sea imposible no seguirte.


Meditación del Papa

Cuando las decisiones se convierten en algo urgente y complejo, su oración se hace cada vez más larga e intensa. En la inminente elección de los Doce Apóstoles, por ejemplo, Lucas destaca la duración de la oración preparatoria de Jesús: "En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles". Observando la oración de Jesús, deben surgirnos diversas preguntas: ¿Cómo rezo yo? ¿Cómo rezamos nosotros? ¿Qué tiempo dedicamos a la relación con Dios? ¿Es suficiente la educación y formación a la oración actualmente? ¿Quién nos puede enseñar? [...] Escuchar, meditar, callar ante el Señor que habla, es un arte que se aprende practicándolo con constancia. Ciertamente, la oración es un don que exige, sin embargo, el ser acogido; es una obra de Dios, pero que exige compromiso y continuidad por nuestra parte, sobre todo la continuidad y la constancia son importantes. Benedicto XVI, 30 de noviembre de 2011.


Reflexión

La oración fue una compañera inseparable de Jesús. En todo el Evangelio le vemos orando, sobre todo en los momentos más decisivos de su vida: antes del Bautismo, al realizar varios milagros, en la Última Cena, en el Huerto de los Olivos, en la Cruz, etc.


Aquí se nos narra la elección de los Doce apóstoles. Eran los hombres con los que iba a comenzar la Iglesia y debían ser aptos para llevarla a buen término con paso firme. Por tanto, era una decisión importante, que no podía hacerse con prisas y a la ligera. Necesitaba dedicar una noche entera para consultarla con su Padre.


De la misma manera, todas nuestras grandes decisiones deberían surgir tras un encuentro con Dios en la oración. Por ejemplo, al elegir una carrera, al optar por la vida matrimonial o seguir una vocación religiosa, etc. También debemos rezar cuando llegan situaciones difíciles en el trabajo o en la familia, ya que Dios nos puede ayudar a encontrar la solución más adecuada.


¿Y cómo sabemos si la respuesta viene realmente de Dios? Cuando Dios "ilumina" un alma por la acción del Espíritu Santo le envía algunas señales, por ejemplo, una profunda paz interior, alegría, amor, etc. Es lo que llamamos "frutos del Espíritu". Y por si hubiera dudas, nos damos cuenta de que esa solución está completamente de acuerdo con lo revelado en las Sagradas Escrituras. También es provechoso contar con la ayuda de un buen sacerdote que nos pueda orientar a encontrar la voluntad de Dios para nosotros, ya que ellos reciben unas gracias especiales para ejercer su ministerio.


Propósito

Sabernos amados por Nuestro Padre, Dios, con un único amor, grande y fuerte. Buscar un buen sacerdote que nos pueda orientar a encontrar la voluntad de Dios para nosotros.


Diálogo con Cristo

¡Oh Dios, que desde la eternidad pensaste en mí y que en un momento concreto de la historia pronunciaste mi nombre para llamarme a la vida. Gracias por el amor que me regalas cada día. Te pido tu gracia para que siempre pueda cumplir la misión que me encomiendas y así cooperar a la salvación del mundo en nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.


Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net

 





DEL REINO DE DIOS

 







Todos los laicos debemos seguir orando y trabajando con mucha confianza para que "venga a nosotros tu Reino".


¿Cuál es el reino bendito que pedimos llegue en cada Padre Nuestro? El Reino es Jesús mismo en su donación a nosotros por amor incondicional, para hacernos hijos y hermanos e incorporarnos, desde nuestra respuesta libre, a su intimidad divina. (PGP numerales 109, 116, 119).


Desde el inicio de su ministerio en Galilea, Jesús muestra que la realidad del Reino de Dios nos involucra a todos. Los tiempos de Jesús, como los nuestros, eran tiempos difíciles. Pobreza, explotación de los poderosos sobre los débiles, injusticia. Pero el pueblo no dejaba de esperar. Esperaban al Mesías, portador del Reino de Dios. Los contemporáneos de Jesús tenían diversas expectativas sobre el reino, había quienes lo esperaban en forma nacionalista como un Mesías político que los liberaría de la dominación romana; o quienes imaginaban el Reino como el cumplimiento de la ley de Moisés hasta las últimas consecuencias o como la destrucción de este mundo y el inicio de otro totalmente nuevo.


Para Jesús, el Reino no es un territorio ni un grupo selecto de cumplidores de la ley, el Reino es más bien la presencia nueva, gratuita, misericordiosa de Dios Padre amando sin condiciones. El Padre ama a todos sus hijos porque es Amor, no porque su amor se merezca o se conquiste. Los pecadores ante Jesús, experimentan lo que jamás habían esperado, Dios los acepta, aunque sus manos estén vacías, los convierte.


La propuesta del Reino se traduce entonces en la vida de una comunidad fraterna donde las relaciones entre los hombres no están basadas en razas ni en condiciones sociales, sino en la convicción profunda de tener un Padre común. El Reino de Dios no es una promesa futura para después de la muerte, sino una realidad que ha comenzado ya en la persona de Jesús. Esta realidad tiene valores concretos que pueden descubrirse en la vida de la comunidad: santidad y gracia, verdad y vida, justicia, amor y paz.


El Reino que Jesús anuncia es redentor porque inunda el corazón de libertad, la libertad de los hijos de Dios. El reino está entre aquellos hombres y mujeres sanados que nos cuentan los evangelios, pero también en los que hoy siguen experimentando la Redención de Jesucristo, en aquellos que encuentran la luz en el camino cuando todo parece oscuro, en las familias que dan pequeños pasos para vivir el amor y la paz, en los logros de los grupos humanos por tener sociedades más justas y fraternas. Falta mucho más, “para que llegue El reino”, eso es evidente, pero por eso todos los laicos debemos seguir orando y trabajando con mucha confianza para que “venga a nosotros su Reino”.


Por: Lisseth Valenzuela Delfín | Fuente: Semanario Alégrate














lunes 26 2026

MARTES 27 DE OCTUBRE DE 2026 -- Lucas 13, 18-21-- ¿ CÓMO ES EL REINO ?

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 


Efesios 5, 21-33


Hermanos: Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.


Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.


Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.


Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.


En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.


Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 18-21








En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”.


Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.


Las palabras de los Papas

Hay una vida (…) una nueva posibilidad de vida y de salvación que proviene de la fe, porque la fe no sólo nos ayuda a resistir al mal perseverando en el bien, sino que trasforma nuestra existencia hasta hacerla un instrumento de la salvación que Dios sigue queriendo realizar en el mundo. Y, como nos dice Jesús en el Evangelio, se trata de una fuerza mansa, la fe no se impone con los medios del poder y en modos extraordinarios; es suficiente un grano de mostaza para logar cosas impensables (cf. Lc 17,6), porque lleva en sí la fuerza del amor de Dios que abre caminos de salvación. Es una salvación que se realiza cuando nos comprometemos en primera persona y nos hacemos cargo, con la compasión del Evangelio, del sufrimiento del prójimo; es una salvación que se hace camino, de forma silenciosa y aparentemente ineficaz, en los gestos y en las palabras cotidianas, que son como la pequeña semilla de la que habla Jesús; es una salvación que lentamente crece cuando nos hacemos “siervos inútiles”, es decir, cuando nos ponemos al servicio del Evangelio y de los hermanos no para buscar nuestros intereses, sino sólo para llevar al mundo el amor del Señor. (León XIV, Homilía en la Santa Misa con motivo del Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes, 5 de octubre de 2025)




Traducir este sitio a tu idioma