domingo 11 2026

LUNES 12 DE ENERO DE 2023 -- Mc 1,14-20 -- INICIO DEL MINISTERIO DE JESÚS

 







Evangelio (Mc 1,14-20): Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.


Marcos 1, 14-20 se centra en el inicio del ministerio público de Jesús, destacando el cumplimiento de las promesas de Dios y el llamado radical al seguimiento. 


Reflexión


El Reino de Dios está cerca: Jesús anuncia que el "tiempo se ha cumplido". En la fe católica, esto significa que con la llegada de Cristo, el Reino ya está presente de forma incipiente y requiere una respuesta inmediata.


Conversión y Fe: El llamado a "convertirse y creer en el Evangelio" no es solo un remordimiento por los pecados, sino un cambio radical en la forma de pensar, actuar y orientar la vida hacia Dios.


El Llamado de los Primeros Discípulos: Jesús toma la iniciativa de llamar a Simón, Andrés, Santiago y Juan mientras realizaban sus labores cotidianas. Esto subraya que la vocación cristiana nace de una mirada personal de Cristo que invita a seguirlo.


Dejarlo Todo por el Reino: La respuesta de los discípulos fue inmediata, dejando sus redes y a sus familias. La Iglesia reflexiona sobre esto como una invitación a desprenderse de lo que impide un seguimiento auténtico y radical de Jesús.


Pescadores de Hombres: La misión confiada a los apóstoles transforma su oficio natural en una misión espiritual: buscar a otros para integrarlos a la familia de Dios. 





11 DE ENERO : FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

 







Ya en el año 300, la Iglesia oriental celebraba la Epifanía y el Bautismo de Jesús el 6 de enero, mientras que en la Iglesia occidental esta fiesta se mencionaba en la Liturgia de las Horas. Con la reforma litúrgica de 1969, la fiesta se fijó en el domingo siguiente a la Epifanía. En los países donde la Epifanía no es fiesta civil, la celebración se traslada al domingo entre el 2 y el 8 de enero, y la fiesta del Bautismo de Jesús, al lunes siguiente a la Epifanía.

Con la fiesta del Bautismo de Jesús finaliza el Tiempo de Navidad, aunque queda abierta una "ventana" el 2 de febrero, día en el que se celebra la Presentación de Jesús en el Templo (conocida popularmente como "Candelaria").


Anno AAnno BAnno C

Del Evangelio según san Mateo

Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!».


Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.


Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».  (Mt 3,13-17)


Jesús en el Jordán

El texto del Evangelio comienza con una nota geográfica: Jesús va de Galilea al Jordán para hacerse bautizar por Juan el Bautista. En su camino, Jesús no se declara el Mesías, no predica, sino que se sitúa con la gente queriendo ser bautizado y mostrando su solidaridad con el pueblo pecador. Jesús no se aísla, sino que sale al encuentro de los hombres, aunque estén marcados por la herida del pecado; y se compromete por ellos, como se comprometió haciéndose hombre en el seno de María. Hay, pues, un plan en este "movimiento" de Jesús, en su  "itinerario de salvación".


Juan el Bautista

 “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”, dirá el Bautista al ver a Jesús. Nos encontramos ante el desconcierto del profeta, que unos versículos antes había dicho: "Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias". (Mt 3,11). Esta escena nos recuerda el desconcierto de Pedro en Cesarea, cuando Jesús confió a los suyos que le esperaban la pasión, la muerte y la resurrección: "«Dios no lo quiera, Señor»... Pero Jesús, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres»”. (Mt 16,22-23). O en el Cenáculo, cuando Pedro se negó a que le lavara los pies (Jn 13,6.8). Reacciones, la del Bautista y la de Pedro, que ponen de manifiesto la incomodidad al ver la entrega total de Jesús.


"Dejar hacer"

Hay un momento en el que es importante "dejar hacer". Lo que puede parecer fuera de lo común, hasta el punto de avergonzar a los interlocutores más cercanos a Jesús, forma parte, sin embargo, de un plan de Dios para dar cumplimiento a toda la justicia, puesto que Cristo -como Él mismo declarará- no ha venido a abolir la ley y los profetas (cfr. Mt 5,17), sino precisamente a dar "cumplimiento" a todo lo que es la justicia de Dios, que no humilla, no separa, no juzga, sino que une, rompe las barreras, responde a la necesidad de todos con el respeto a todos. La justicia de Dios es superior a la de los hombres: no utiliza la vara de medir del “tanto has ofendido y tanto pagarás”. Utiliza la vara de medir del amor, de la misericordia, del perdón. La única vara de medir capaz de salvar las distancias y sanar los corazones heridos, porque es del interior de donde nacen las malas intenciones (cfr. Mc 7,1-23).


Los cielos abiertos

La elección de Jesús es confirmada por la apertura de los cielos, por el don del Espíritu y por la voz del Padre que sella la misión de Jesús: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección». En esta apertura de los cielos, la "justicia" borra la separación entre el hombre y Dios, devolviendo al hombre al amanecer de la creación, cuando el Espíritu se cernía sobre las aguas. En Jesús, Dios Padre señala al hombre nuevo, al amado en quien se complace. Es como si dijera: "En ti soy feliz, estoy orgulloso". Una felicidad que, en cualquier caso, está presente en cada uno de nosotros, porque cada uno lleva en sí mismo la huella de Dios, al estar hecho "a su imagen y semejanza" (Jn 1,26); un sello que nadie podrá borrar jamás: "Y vio que era muy bueno" (Gen 1:31). La venida de Cristo manifiesta el interés de Dios por nosotros, su deseo de empezar una nueva historia de salvación, de establecer un nuevo comienzo. Uno es un hombre nuevo en la medida en que aprende a reconocer la vida como un regalo de amor y vive de este Amor.


Fuente :      www.vaticannews.va

sábado 10 2026

DOMINGO 11 DE ENERO DE 2026 -- Mt 3, 13 - 17 -- JESÚS SE SOMETIÓ HUMILDEMENTE AL BAUTISMO DE JUAN








Evangelio (Mt 3,13-17): En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».


Reflexion 

La reflexión de Mateo 3, 13-17, pasaje que narra el Bautismo del Señor, es fundamental para comprender la misión de Cristo y nuestra propia identidad como bautizados. Para el año litúrgico 2026, esta fiesta se celebra el domingo 11 de enero. 


A continuación, los puntos clave de reflexión 


1. El Misterio de la Santísima Trinidad

Este pasaje es una de las manifestaciones más claras de la Trinidad en el Evangelio: 


El Hijo: Jesús, que se somete humildemente al bautismo.

El Espíritu Santo: Desciende sobre Él en forma de paloma.

El Padre: Cuya voz resuena desde el cielo confirmando la identidad de Jesús como el "Hijo amado". 


2. "Cumplir toda justicia" (Mt 3,15)

Ante la resistencia de Juan el Bautista, Jesús insiste en ser bautizado para "cumplir toda justicia". En la fe católica, esto significa adherirse plenamente a la voluntad del Padre. Jesús, siendo libre de pecado, se solidariza con la humanidad pecadora, santificando las aguas y preparándolas para el sacramento que nos daría la vida nueva. 


3. El Inicio del Ministerio Público

El bautismo marca el paso de la vida oculta de Jesús a su misión pública. Es su investidura como el "Siervo de Dios" que viene a salvar al mundo. La Iglesia enseña que, al igual que Jesús, nosotros somos enviados a través del bautismo a anunciar el Evangelio y trabajar por el Reino. 


4. Nuestra Identidad como Hijos de Dios

El bautismo de Jesús es el modelo del nuestro:


Filiación Adoptiva: Así como el Padre llamó a Jesús "Hijo amado", en nuestro bautismo somos adoptados como hijos de Dios.


Llamado a la Santidad: Estamos invitados a renovar nuestra fe y recordar que no caminamos solos; el Espíritu Santo que descendió sobre Jesús habita también en nosotros. 



viernes 09 2026

SÁBADO 10 DE ENERO DE 2026 -- Lucas 4, 14-22 -- ESTA ESCRITURA, QUE ACABÁIS DE OÍR, SE HA CUMPLIDO HOY

 Navidad


¿Cómo vamos recibir este mensaje y qué acogida vamos a darle en nuestras acciones?



Por: Ignacio Lara | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Lucas 4, 14-22








En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»


Oración introductoria

Padre bueno, yo también digo que «el Espíritu del Señor está sobre mí» porque desde mi bautismo me has regalado la gracia de ser morada del Espíritu Santo. Abre mi mente y mi corazón para que esta oración me dé la sabiduría para comprender, vivir y trasmitir tu verdad.


Petición

Espíritu Santo, hazme dócil a todas tus inspiraciones.


Meditación del Papa 

Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico del Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un “jubileo” para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el son de la trompeta (jobel) que les convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos.


Jesucristo vino para anunciar y llevar a cabo el tiempo perenne de la gracia del Señor, llevando a los pobres la buena noticia, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos. En Él, especialmente en su Misterio Pascual, se cumple plenamente el sentido más profundo del jubileo. Cuando la Iglesia convoca un jubileo en el nombre de Cristo, estamos todos invitados a vivir un extraordinario tiempo de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantemente signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia “es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre” (S.S. Francisco, Mensaje del Santo Padre para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, septiembre de 2015).


Reflexión

Jesús, como buen judío, acudía cada sábado a la sinagoga. Ese día le encargaron que leyera las páginas del profeta Isaías. Las leyó de pie y al terminar de leer, enrolló el códice y se lo devolvió al ayudante. A continuación la "homilía". Esto se permitía hacer con los laicos sólo si habían cumplido los 30 años y se trataba no de la ley sino de los profetas.


El pasaje de Isaías es central porque habla del futuro Mesías, lleno del Espíritu de Dios. Él es enviado a cumplir su misión para con los pobres, a dar la liberación a los oprimidos y anunciar el año de gracia de Señor. Pero lo que Lucas quiere señalar es aquella frase de Jesús: "hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Pues es de esta manera como se presenta a los de su pueblo: como el Mesías esperado.


En un principio podríamos imaginarnos que consigue la admiración y el aplauso de sus oyentes, pero una vez que escuchan las palabras de Jesús su aceptación de la palabra mesiánica ya no es de la misma forma. Nosotros estamos en el tiempo de la prolongación navideña, en que se suceden las diversas manifestaciones o epifanías de Jesús al inicio de su ministerio. ¿Cómo vamos recibir este mensaje y qué acogida vamos a darle en nuestras acciones?


Hoy se nos ha anunciado el programa mesiánico de Jesús, en el que destaca su preferencia por los pobres y oprimidos. Es el programa que Él cumplió a lo largo de su vida y el que propone a todos los que somos seguidores suyos.


Propósito

No ser indiferente a la inspiración del Espíritu Santo que me impulsa a encontrarme con los demás.


Diálogo con Cristo

Señor, te pido me des la gracia para guiarme en todo por el Espíritu Santo, que Él me inspire lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo hacer, cómo debo obrar para procurar el bien de los hombres y el cumplimiento de mi misión. No puedo hacer nada sin la inspiración del Espíritu Santo, pongo en manos de María mi esfuerzo consciente y firme por trabajar y cooperar con Él sin límite ni reserva alguna.


Por: Ignacio Lara | Fuente: Catholic.net




 



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