sábado 12 2026

12 DE SEPTIEMBRE : FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA: UN REFUGIO DE GRACIA Y CONSUELO PARA EL CRISTIANO

 







Cada 12 de septiembre, la Iglesia celebra el Santísimo Nombre de la Virgen María, una fecha en la que los católicos honran el nombre de la Madre de Dios y recuerdan su íntima unión con Jesucristo. La celebración invita también a contemplar a María como Madre, intercesora y modelo de confianza en Dios.


El próximo 12 de septiembre, la Iglesia volverá a celebrar el Santísimo Nombre de María, una memoria dedicada a la Virgen cuyo nombre, según explicó el Papa Benedicto XVI, está inseparablemente unido al de su Hijo y puede convertirse para los cristianos en una fuente de esperanza y fortaleza.


En una homilía pronunciada el 12 de septiembre de 2009, Benedicto XVI recordó que, en medio de las dificultades y sufrimientos del mundo, los creyentes pueden encontrar en María “el rostro de la Madre, que nos da valentía para seguir adelante”. Para el Pontífice, contemplar a María conduce necesariamente hacia Jesucristo, la verdadera Luz que vence el mal y la muerte.


La celebración del Santísimo Nombre de María no se limita, por tanto, a recordar un nombre. Es una oportunidad para contemplar la misión que Dios confió a la Virgen y para reconocer en ella a la mujer que respondió con un “sí” generoso al plan divino.


“Y el nombre de la virgen era María”



El Evangelio de San Lucas presenta a la Madre de Jesús con una frase sencilla, pero de enorme significado: “El nombre de la virgen era María” (Lc 1,27).


El nombre de María aparece así en el corazón del relato de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel es enviado por Dios a Nazaret para anunciarle que sería la Madre del Salvador.


Su nombre se encuentra también estrechamente relacionado con el misterio de la Encarnación. María es la mujer que recibe la llamada de Dios, acoge su voluntad y responde: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).


A partir de ese “sí”, la historia de la salvación adquiere una dimensión nueva: el Hijo de Dios entra en la historia humana tomando carne de María.


El Papa Francisco recordó precisamente esta dimensión en 2018, al señalar que los cristianos están llamados a descubrir en el nombre de María el gran proyecto que Dios tenía para ella y, al mismo tiempo, la respuesta de amor que dio como Madre a su Hijo Jesús, colaborando sin reservas en su obra de salvación.


¿Qué significa el nombre María?

El nombre María procede de la forma hebrea Miryam o Miriam, aunque su etimología exacta ha sido objeto de distintas interpretaciones a lo largo de la historia.


Entre las explicaciones tradicionales aparecen significados como “señora”, “princesa”, “la iluminada”, “mar de gracia” y otras interpretaciones relacionadas con términos hebreos, arameos y egipcios.


También se ha relacionado tradicionalmente el nombre de María con expresiones como “estrella del mar”, una interpretación muy presente en la tradición cristiana y en la espiritualidad mariana. Benedicto XVI recordó esta tradición en su homilía de 2009, explicando que en Occidente el nombre “María” fue traducido tradicionalmente como “Estrella del Mar”.


El significado etimológico exacto, sin embargo, no puede reducirse a una sola traducción. A lo largo de los siglos, la tradición cristiana ha contemplado en el nombre de María diferentes imágenes espirituales: la mujer iluminada por Dios, la Señora, la Madre y aquella que conduce hacia Cristo.


Por ello, más que buscar únicamente una traducción literal, la tradición cristiana ha visto en el nombre de María una referencia a la identidad y misión extraordinarias de la Madre de Dios.


María, “Estrella del Mar”

Una de las imágenes más conocidas asociadas a María es la de Stella Maris, “Estrella del Mar”. Esta expresión aparece en la tradición litúrgica y espiritual de la Iglesia y ha servido para representar a María como aquella que orienta a los cristianos hacia Cristo, especialmente en medio de las dificultades.


Benedicto XVI utilizó precisamente esta imagen en 2009. Comparó la existencia humana con un mar oscuro y agitado, en el que las personas pueden experimentar momentos en los que parece que Dios está lejos. En ese contexto, María aparece como una luz cercana que conduce hacia la gran Luz: Jesucristo. La imagen resulta especialmente significativa porque no presenta a María como sustituta de Cristo, sino como aquella que lleva hacia Él.


Un nombre unido al de Jesús

La devoción cristiana ha unido tradicionalmente los nombres de Jesús y María.


El Papa San Juan Pablo II recordó en 2004 que el nombre de María está indisolublemente unido al nombre de Jesús y que, para los cristianos, recuerda a la Madre que Cristo entregó a la humanidad.


“Dios te salve, María…” pone en los labios del cristiano las palabras del saludo del ángel y de Santa Isabel, llevando la oración desde María hacia Jesucristo, el fruto bendito de su vientre.


Por eso, la devoción al Santísimo Nombre de María tiene siempre una orientación cristocéntrica: honrar a María significa reconocer la obra de Dios realizada en ella y dirigir el corazón hacia su Hijo.


El nombre como expresión de la dignidad de la persona


La importancia espiritual del nombre también aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica.


Los números 2158 y 2159 enseñan que el nombre de cada persona es sagrado, porque constituye una expresión de su identidad y dignidad. El nombre recibido acompaña a la persona durante su existencia y adquiere una dimensión definitiva ante Dios.


Desde esta perspectiva, venerar el nombre de María significa reconocer la dignidad singular de aquella que fue escogida para ser Madre del Salvador.


La tradición cristiana ha desarrollado, por ello, una especial reverencia hacia los nombres de Jesús y María.


La batalla de Viena y el origen de la fecha del 12 de septiembre


La fecha está vinculada a un episodio histórico ocurrido en 1683.


El ejército otomano había puesto sitio a Viena y la situación representaba una grave amenaza para la ciudad y para buena parte de Europa central. El rey de Polonia, Juan III Sobieski, acudió en ayuda de Viena.


Según la tradición recogida por ACI Prensa, antes del enfrentamiento, Sobieski y sus tropas buscaron la protección de la Virgen María. El 12 de septiembre de 1683 se produjo la batalla decisiva y las fuerzas cristianas consiguieron levantar el sitio.


Como acción de gracias por la victoria, el Papa Inocencio XI extendió posteriormente la celebración del Santo Nombre de María a la Iglesia universal.


La Catholic Encyclopedia también registra que, después de la victoria de Sobieski sobre los turcos el 12 de septiembre de 1683, la fiesta fue extendida a la Iglesia universal por Inocencio XI.


De esta manera, la fecha del 12 de septiembre quedó profundamente vinculada a la celebración del nombre de la Virgen.


Para rezar y profundizar

Quienes quieran vivir esta celebración con mayor profundidad pueden consultar estos recursos:


El dulce nombre de María – ACI Prensa: historia, significado y tradición de la celebración.

Oración para invocar el nombre de María – ACI Prensa: oración tradicional para recurrir a la intercesión de la Virgen.

Reflexiones de San Alfonso María de Ligorio – ACI Prensa: meditaciones sobre la dulzura, fortaleza y consuelo asociados al nombre de María.

Novena al Santísimo Nombre de María – ACI Prensa: preparación espiritual para la celebración.

Santo Nombre de María – Enciclopedia Católica: información histórica sobre el origen y desarrollo de la fiesta.

Fiesta del Santo Nombre de María – ACI Prensa: contexto histórico y espiritual de la celebración. ACI Prensa señala que la fiesta fue autorizada en Cuenca en 1513 y que posteriormente se extendió por la Iglesia.


Una fecha para recordar a la Madre

El 12 de septiembre, la Iglesia dirige su mirada hacia el nombre de María para recordar a aquella mujer que respondió a Dios con humildad y confianza.


Su nombre está presente en el Evangelio, en la oración de millones de cristianos y en la tradición espiritual de la Iglesia.


Y, como recordó Benedicto XVI, cuando las dificultades parecen convertir la vida en un mar oscuro, María permanece como una presencia maternal que conduce hacia Cristo, la verdadera Luz.


Por eso, en esta celebración, puede resonar nuevamente aquella sencilla invocación que durante siglos ha acompañado a generaciones de cristianos:


¡María!


Un nombre que recuerda a la Madre, que conduce al Hijo y que invita a confiar nuevamente en Dios.





viernes 11 2026

SÁBADO 12 DE SEPTIEMBRE DE 2026 -- Lucas 6, 43-49.-- PON LOS CIMIENTOS DE TU CASA SOBRE ROCA

Tiempo Ordinario. 

Parábolas


Comienza a edificar sobre Su roca y deja que El arregle las cosas que a ti no te salen.



Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49








En aquel tiempo decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. ¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa.


Oración Introductoria

Señor, Señor, soy de esos que te llaman y no hacen lo que dices. Dame una fe fuerte, segura, que pueda dar frutos de bondad, así estaré construyendo mi vida sobre la roca firme de Tu Amor.


Petición

Dios mío, ayúdame a producir frutos buenos y abundantes.


Meditación del Papa 

No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’, entrarán en el Reino de los Cielo, estos hablan, hacen, pero les falta otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento del hablar, del actuar: les falta escuchar. Por eso Jesús continúa: ‘Quien escucha mis palabras y las pone en práctica”. El binomio hablar-actuar no es suficiente… nos engaña, tantas veces nos engaña.


Y Jesús cambia y dice: “el binomio es el otro, escuchar y actuar, poner en práctica: ‘quien escucha mis palabras y las pone en práctica será como el hombre sabio que construye su casa sobre la roca. Quien escucha las palabras pero no las hace suyas, las deja pasar, no escucha seriamente y no las pone en práctica, será como el que edifica su casa sobre arena. Cuando Jesús advierte a la gente sobre los ‘pseudoprofetas’ dice: ‘por sus frutos les conoceréis’. Y de aquí, su actitud: muchas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo de la Palabra de Dios y estos son ‘pseudocristianos’. Es verdad, hacen cosas buenas, es verdad, pero les falta la roca. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 25 de junio de 201, en Santa Marta).


Reflexión

 Cristo nos enseña que la Misericordia de Dios es más fuerte que la dureza del pecado. Podríamos pensar, leyendo superficialmente este pasaje, que tendrían razón los que piensan en la "predestinación eterna", que si hemos nacido zarza no hay nada que hacer; por más que nos matemos trabajando por ser buenos, ¿para qué, si al fin y al cabo me condenaré? Soy árbol malo y no bueno. Estoy condenado a chamuscarme eternamente en el infierno.


Pero esto sería tan absurdo como haber venido el mismo Verbo de Dios al mundo y haber sufrido tremendamente por unos pocos afortunados. A Dios no le importa dejar 99 ovejas por una que se le escapa del redil; a Dios no le importa esperar toda una vida por el hijo que se le ha ido de su casa; a Dios no le importa llenar de besos y celebrar con fiesta grande al que parecía muerto por el pecado.


Nuestro Dios es un Dios de tremenda misericordia. Ya lo dice el mismo Cristo en el pasaje antes leído: ¿por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El vino para que el hombre tenga vida eterna en El. El nos enseña el camino. De nuestra parte está el hacerle caso o no.

Si eres un árbol malo, - pocos podemos gloriarnos de dar buenos frutos -, mira a Cristo, comienza a edificar sobre su roca, deja que El arregle las cosas, colabora activamente con la gracia. El lo hará todo, si le dejas. Y de zarza llegarás a ser deliciosa higuera. Darás frutos de salvación. Si Dios ya hubiera dispuesto quién se salva y quién no, habría mandado a sus ángeles a sacar la cizaña del trigo y a quemarla. Pero ha dejado el campo sin tocar porque espera tu respuesta a su amor. Está esperando que le des permiso para que edifique un grandioso palacio inamovible en la roca de su Corazón, y llegues a ser un delicioso árbol para los demás.


¿Podríamos ser tan obstinados en cerrar las puertas a un Dios que no se cansa de buscar a su oveja perdida?


Propósito

Empezaré a leer diariamente un pasaje del Evangelio para construir mi vida sobre la Palabra de Dios.


Diálogo con Cristo

Jesucristo, quiero iluminar mi vida con la luz de tu Palabra y conducirme en todo siguiendo tus criterios. Quiero construir mi vida con el cimiento fuerte de la oración, sólo así será una construcción que va prevalecer a pesar de las tempestades y dificultades que puedan surgir.


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net


jueves 10 2026

VIERNES 11 DE SEPTIEMBRE DE 2026 -- Lucas 6, 39-42. -- ¿ PODRÁ UN CIEGO GUIAR A OTRO CIEGO ?

 Tiempo Ordinario


Busca hacer felices a los que viven a tu lado sin pensar en ti mismo.



Por: Clemente González | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Lucas 6, 39-42








En aquel tiempo ponía Jesús a sus discípulos esta parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo", no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.


Oración Introductoria

Padre mío, gracias por tu paciencia y por tu misericordia. Te pido perdón por las veces en que he ignorado tu presencia. Ayúdame a descubrir en esta oración los medios que tengo que concretar para ya no defraudarte y corresponder siempre a tu amor.


Petición

Dios mío, ayúdame a ser misericordioso y que no me atreva nunca a juzgar a los demás.


Meditación del Papa 

El apelativo «hipócritas» que Jesús da varias veces a los doctores de la ley en realidad es dirigido a cualquiera, porque quien juzga lo hace en seguida, mientras que Dios para juzgar se toma su tiempo.


Quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es suyo. Pero no solo se equivoca, también se confunde. Está tan obsesionado con lo que quiere juzgar, de esa persona -¡tan tan obsesionado!- que esa idea no le deja dormir. ... Y no se da cuenta de la viga que él tiene. Es un fantasioso. Y quien juzga se convierte en un derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarle a él. El juez que se equivoca de sitio porque toma el lugar de Dios termina en una derrota. ¿Y cuál es la derrota? La de ser juzgado con la medida con la que él juzga.


El único que juzga es Dios y a los que Dios da la potestad de hacerlo. Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía el segundo, que es el Espíritu Santo. Él es defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. ¿Y quién es el acusador? En la Biblia se llama «acusador» al demonio, satanás. Jesús nos juzgará, sí: al final de los tiempos, pero mientras tanto intercede, defiende. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 23 de junio de 2014, en Santa Marta).


Reflexión

Hoy vemos que la perseverancia en esa lucha por lograr unirse cada vez más a la voluntad santísima de Dios, pues en ello estriba la verdadera perfección, tiene su premio.


Aunque la vida esté llena de dificultades, desalientos y trabajos, también es verdad que es muy corta y que es pasajero el sufrir. Pronto llegará el fin de la jornada y ahí encontraremos el descanso y el premio si hemos sabido luchar por Jesucristo.


Qué hermoso programa el seguir a  Cristo buscando hacer felices a los que viven a nuestro lado sin pensar en nosotros mismos y a la vez cuánta fuerza de voluntad y cuánta abnegación nos exige y qué premio tan grande nos conquista para el cielo. Ser viriles en la caridad, ser generosos y magnánimos, sin entregarnos a la estrechez tacaña de lo que es obligación estricta. Más allá comienza el amplio campo de la delicadeza y de las atenciones, del sacrificio y de la afabilidad ingeniosa para dar gusto a los demás en todo. Hay que llegar al detalle y no despreciar las pequeñas ocasiones de sacrificarse dando a nuestro hermano una muestra de atención, un rostro alegre, una palabra de aliento, una condescendencia en la conversación.


Hay que aprovechar esa vida tan pequeña, que es un punto en medio de la eternidad, pues al final nos espera el premio, la corona; nos espera la inefable dicha de poseer a Dios, a Jesús, con plenitud y sin temor de perderle más.


Propósito

Hacer el ejercicio constante de no juzgar la actuación de las personas con las que convivo.


Diálogo con Cristo

Señor, Tú me enseñas que nunca debo juzgar ni criticar a los demás. Haz que logre tratar a los demás como Tú me tratas Señor: comprendiendo sus limitaciones, disculpando sus faltas, poniendo atención a sus necesidades, sin guardar ningún rencor, ningún resentimiento, con la capacidad de ser misericordioso y bondadoso, siempre y con todos.


Por: Clemente González | Fuente: Catholic.net

















HORA SANTA : VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 











Aquí estoy en vuestra divina presencia, Jesús mío, para visitaros.

He venido, Señor, porque me habéis llamado.

Vuestra presencia real en la Sagrada Eucaristía, es el eco de aquellas palabras que nos dirigís en el Evangelio: "Venid a Mí todos los que estáis cargados con vuestras miserias y pecados y Yo os aliviaré". Aquí vengo, pues, como enfermo al Médico, para que me sanéis; como pecador al Santo, para que me santifiquéis; y como pobre y mendigo al rico, para que me llenéis de vuestros divinos dones.

Creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento del Altar, tan real y verdaderamente como estabais en Belén, como estabais en la cruz y como estáis ahora en el Cielo.

Espero en Vos, que sois poderoso y bueno, para santificar mi alma y salvarme.

Os amo con todo mi corazón, porque sois la Bondad infinita, digno de ser amado de todas las criaturas del Cielo y de la tierra; y me habéis amado hasta derramar vuestra sangre y dar vuestra vida en la cruz por mi.

Vengo aquí a buscar un refugio contra la corrupción del mundo. En el mundo todo es falsedad y mentira; vengo a Vos que sois la Verdad eterna. El mundo está lleno de abismos de iniquidad; vengo a Vos que sois el único Camino de la felicidad. En el mundo todo es sensualidad y pecado; vengo a Vos que sois Vida y Santidad de las almas.

¡Dadme luz, Señor! ¡Que yo os vea presente en el Sagrario con los ojos de la fe; y que mi corazón beba hasta saciarse de la fuente del Amor divino que brota de vuestro Corazón Sacramentado!


 


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