sábado 17 2026

DOMINGO 18 DE ENERO DE 2026 -- Jn 1,29-34 -- ¡HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS!

 







Evangelio (Jn 1,29-34): En aquel tiempo, vio Juan venir Jesús y dijo: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel».


Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».


Reflexión 

Este pasaje se centra en el testimonio de Juan el Bautista, quien identifica a Jesús como el Mesías y el Salvador definitivo. 


Puntos clave de la reflexión:


El Cordero de Dios: Al llamar a Jesús el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", el Bautista señala que Jesús es el sacrificio perfecto. A diferencia de los sacrificios del Antiguo Testamento que debían repetirse, la entrega de Cristo es única y tiene el poder de restaurar la relación entre Dios y la humanidad.


La Identidad de Jesús: Juan reconoce la preexistencia de Cristo ("existía antes que yo"), reafirmando su divinidad. La reflexión católica enfatiza que Jesús no es solo un maestro, sino el Hijo de Dios encarnado para la salvación.


La Misión del Espíritu Santo: El texto destaca la señal del Espíritu descendiendo como paloma y permaneciendo sobre Jesús. Esto confirma que Jesús es "el que bautiza con Espíritu Santo", ofreciendo no solo un rito exterior de agua, sino una transformación interior y vida nueva para el creyente.


El Testimonio como Llamado: Juan el Bautista cumple su misión al señalar a otro más grande que él. Para el católico, esto invita a una reflexión sobre la humildad y la responsabilidad de ser testigos de Cristo en la vida cotidiana, ayudando a otros a descubrir la presencia del Señor. 

Esta lectura es fundamental, recordándose diariamente en la Misa antes de la comunión, cuando el sacerdote exclama: "Éste es el Cordero de Dios...". 




No hay comentarios :

Publicar un comentario

Traducir este sitio a tu idioma