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SÁBADO 28 DE FEBRERO DE 2026 -- Mt. 5, 43-48 -- «AMAD Y ORAD POR VUESTROS ENEMIGOS»

 EVANGELIO DE SAN Mt. 5, 43-48









«Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.


Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿Qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿Qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 


Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.»


La Palabra me dice

Estamos ante una de las palabras centrales del Evangelio: el amor al enemigo. Por eso, no nos es lícito odiar o matar al enemigo, independiente de lo que él mismo quiera hacer. Y esta es la clave para llegar a ser “perfectos”. Sabemos que nadie puede ser perfecto si esto se entendiera vivir “sin pecado”. Hasta los mismos santos canonizados pecaron. Uno de los principios “evangélicos” es el de amar a “todos”, amar siempre, amar desinteresadamente. Claro que esto es “imposible” para los hombres pero no para Dios. Por eso debemos pedir incesantemente su Espíritu para que convierta lo imposible en “posible” también para nosotros.


Con corazón salesiano

Los primeros misioneros que llegaron a la Patagonia, enviados por Don Bosco, también eran pecadores, pero fueron sensibles a las necesidades de los hermanos. El primer enfermo que los salesianos admitieron en el “hospital” de Viedma fue un anarquista y anticlerical de primer orden. Y sus tres hospitales en la Patagonia recibían a cualquier enfermo, más allá de su credo o nacionalidad. Más todavía: iban a sus casas, para ver su situación, poner inyecciones y dar un tratamiento ambulatorio, si esto era “lo mejor” para el enfermo.


A la Palabra, le digo

Señor, danos la “sensibilidad” para darnos cuenta de tantos enfermos y “heridos” que hoy no tienen cabida en nuestros hospitales colapsados. Siempre podemos hacer algo, especialmente cuando  ”visitamos” a un enfermo. Señor, que nunca quedemos indiferentes ante cualquier dolor y ante cualquier abandono, porque en ellos estás tú, que desde tu cruz nos llamas a dar una respuesta. Señor, que no nos hagamos los distraídos, justamente nosotros, discípulos de aquel maestro que “enseñaba” curando a los enfermos. Amén.


Fuente :     donbosco.org.ar

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