miércoles 29 2026

JUEVES 4 DE PASCUA -- Jn 13,16-20 -- «AQUEL QUE ME RECIBE»








Evangelio (Jn 13,16-20): Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».


El pasaje de Juan 13, 16-20 se sitúa en el contexto de la Última Cena, inmediatamente después de que Jesús lava los pies a sus discípulos. En la tradición católica, este texto destaca la identidad del discípulo y la naturaleza del servicio. 


A continuación se detallan los puntos clave de su significado:


Humildad y Servicio: Al decir que "el siervo no es más grande que su señor", Jesús establece que sus seguidores deben imitar su ejemplo de entrega. Si el Maestro se humilló para servir, el discípulo no puede pretender un estatus superior o evitar las tareas humildes.


La Felicidad en la Acción: El versículo 17 subraya que el conocimiento no basta: "Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís". La verdadera bienaventuranza (felicidad) en la vida cristiana no proviene de entender la teoría del amor, sino de ponerla en práctica mediante actos concretos de servicio.


La Traición de Judas: Jesús alude a la traición citando el Salmo 41: "El que come mi pan ha alzado contra mí su talón". Esto muestra que Jesús tiene pleno conocimiento de lo que va a suceder y que, incluso en el dolor de la traición, se están cumpliendo las Escrituras.


Autoridad y Acogida: El pasaje concluye afirmando la unión entre Jesús y sus enviados: "Quien acoja al que yo envíe me acoge a mí". Esto fundamenta la misión de la Iglesia; los apóstoles y sus sucesores no hablan por sí mismos, sino con la autoridad delegada por Cristo, y rechazar su mensaje es rechazar a Dios mismo. 



No hay comentarios :

Publicar un comentario

Traducir este sitio a tu idioma