miércoles 27 2026

JUEVES 28 DE MAYO DE 2026 -- Marcos 10, 46-52. -- «MAESTRO, QUE PUEDA VER»

 Milagros


El momento decisivo fue el encuentro personal, directo, entre el Señor y aquel hombre que sufría.



Por: César Fernández | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52








En aquel tiempo, mientras Jesús salía de Jericó acompañado de sus discípulos y de mucha gente, un ciego llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!. Muchos lo reprendían para que se callara. Pero él seguía gritando todavía más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!. Jesús se detuvo entonces y dijo: Llámenlo. Y llamaron al ciego, diciéndole: ¡Animo! Levántate, porque él te llama. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: ¿Qué quieres que haga por ti?. El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: Vete; tu fe te ha salvado. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.


Oración introductoria

Jesucristo, Tú pasas nuevamente por el camino de mi vida y hoy quiero pedirte como Bartimeo: "que pueda ver". Permíteme verte en cada momento y en cada persona. Abre los ojos de mi corazón para que pueda experimentar tu Amor y abandonarme en tus manos.


Petición

Señor, abre mis ojos para que pueda encontrarme contigo.


Meditación

En el evangelio de este domingo (Mc 10, 46-52) leemos que, mientras el Señor pasa por las calles de Jericó, un ciego de nombre Bartimeo se dirige a él gritando con fuerte voz: "Hijo de David, ten compasión de mí". Esta oración toca el corazón de Cristo, que se detiene, lo manda llamar y lo cura. El momento decisivo fue el encuentro personal, directo, entre el Señor y aquel hombre que sufría. Se encuentran uno frente al otro: Dios, con su deseo de curar, y el hombre, con su deseo de ser curado. Dos libertades, dos voluntades convergentes: "¿Qué quieres que te haga?", le pregunta el Señor. "Que vea", responde el ciego. "Vete, tu fe te ha curado". Con estas palabras se realiza el milagro. Alegría de Dios, alegría del hombre. (Benedicto XVI. Ángelus, Domingo 29 de octubre de 2006)


Reflexión apostólica

Es necesario sabernos necesitados de Dios, reconocer que estamos ciegos. Jesucristo pasa por nuestra vida todos los días esperando que le llamemos, no fuerza el encuentro.


El ciego Bartimeo toca el corazón de Cristo porque es humilde, se reconoce necesitado y cree que Él lo puede hacer. Dejemos que Cristo actúe en nuestro sufrimiento, confiemos en Él.


Propósito

Hoy buscaré ver a Cristo en la persona que más me cuesta tratar y le brindaré una sonrisa, que venga del corazón.


Diálogo con Cristo

Jesús, hoy Tú nuevamente pasas a mi lado, quieres curarme. Hoy me atrevo a gritarte: "Maestro, que vea". Déjame verte en mi vida diaria, en las dificultades y en las alegrías. Limpia mis ojos de todo rencor, del pecado; de todo aquello que me impide ver tu amor y amar a los demás. Dame la fe necesaria para reconocerte en el transcurso del día de hoy y en cada momento.


En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida verdad y caridad se funden. (Benedicto XVI)


Por: César Fernández | Fuente: Catholic.net


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