Todo el sufrimiento que se genera en el mundo, se genera por la maldad que en él existe, pero también se produce por la apatía o la omisión de las personas de buena fe.
Por: Jose Luis Perez Gallego | Fuente: Catholic.net
El Pecado de omisión y la ignorancia.
Para el Misionerismo es uno de los grandes pecados por evitar.
Todo el sufrimiento que se genera en el mundo, se genera por la maldad que en él existe, pero también se produce por la apatía o la omisión de las personas de buena fe.
El mal actúa mientras el Bien lo permite.
Tenemos que encontrar mecanismos que nos permitan levantar la voz o testimoniar nuestra oposición a tantos crímenes y aberraciones cometidas muchas veces por los gobiernos de diferentes países.
No debemos permitir que la gente se esté muriendo de hambre, que existan las guerras, los maltratos a la naturaleza, asesinatos, robos, abortos, etc. Así mismo, resulta muy caro para una sociedad la poca formación de sus integrantes.
Como sociedad debemos de entender que la pérdida de tiempo y la ignorancia, son lujos que no nos podemos permitir. El precio que se paga, por esto, es muy alto.
La omisión también está en la falta de formación, cuando siendo conscientes de que debe ser integral, permitimos que sea parcial y generamos personas incompetentes.
Cometemos, también, pecado de omisión contra la Iglesia, a la cual pareciera que la abandonamos en un asilo y la vamos a ver de vez en cuando, para descargar nuestra conciencia.
Todo lo malo que ocurre en el mundo, ocurre porque dejamos que ocurra, pero lo más importante que debemos de concientizar, es...que si dejamos que esto ocurra, que si dejamos que el mal actué, esto siempre nos va a alcanzar.
El mal o el bien, se haga donde se haga, siempre acaba repercutiendo a toda la humanidad.
Debemos de ser conscientes que nuestro mundo cada día es más pequeño, por la velocidad de las comunicaciones.
Debemos de concientizar que, a nivel espiritual, todos estamos conectados, no somos seres independientes, sino que pertenecemos a un todo.
El Mar es Mar porque cada gota que lo forma tiene la conciencia de unidad, tiene la conciencia de que es Mar.
Somos seis mil millones de gotas humanas, de las cuales sólo podemos formar un pequeño charquito con las que sí tienen esa conciencia de unidad.
Pero el resto de los demás miles de millones de gotas humana, tienen que concientizar, que con la omisión de nuestros actos a favor del Bien, se fortalece el mal, y que no podemos pensar que no nos va a afectar en nuestras vidas cotidianas, tanto a nosotros, como a nuestros hijos.
Debemos de darnos cuenta de la pequeñez de nuestra conciencia, cuando pensamos que, con que nosotros estemos bien, lo demás no importa.
Somos tan pequeños y retrogradas, que no alcanzamos a ver que no podemos quedarnos sentados en casa, y dejar que el mundo continúe girando sin pensar y tomar conciencia de que si el bien no actúa, el mal sí actúa.
Todo el mal que permitamos que se haga, no importa en que parte del mundo, algún día nos alcanzara.
Por: Jose Luis Perez Gallego | Fuente: Catholic.net
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