La frase "no pagar mal por mal" es un principio fundamental de la ética cristiana que llama a romper el ciclo de la venganza. En lugar de desquitarse, enseña a responder a las ofensas con bondad y perdón, dejando el juicio en manos de Dios.
Este mandato se encuentra principalmente en el Nuevo Testamento:
Romanos 12:17-21: San Pablo exhorta: "No paguen a nadie mal por mal [...] antes bien, vence al mal con el bien". Explica que tomar venganza personal solo te rebaja al nivel del agresor y que la justicia definitiva le pertenece a Dios.
1 Tesalonicenses 5:15: "Miren que nadie devuelva a otro mal por mal; procuren siempre el bien mutuo y el de todos".
La enseñanza en el Antiguo Testamento y las palabras de Jesús
Este concepto tiene raíces profundas que prepararon el camino para la enseñanza central de Jesús sobre el amor a los enemigos:
En el Antiguo Testamento, el libro del Eclesiástico (Sirácida 28:1-2) enseña: "El que se venga sufrirá la venganza del Señor, que llevará estrecha cuenta de sus pecados".
En el Evangelio de Mateo (5:38-44), Jesús va un paso más allá de la antigua ley del "ojo por ojo", instruyendo a sus seguidores a poner la otra mejilla, amar a sus enemigos y orar por quienes los persiguen.
En la práctica, esto no significa ser pasivo ante el abuso ni permitir la injusticia, sino negarse a responder con el mismo espíritu de odio o agresión. Es un llamado a transformar una situación de conflicto mostrando una actitud superior impulsada por el amor.
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