Las figuras o imágenes que prefiguraron a la Virgen María en la tradición judeocristiana son personajes, símbolos y arquetipos del Antiguo Testamento que anunciaban su pureza y su misión. Teológicas y artísticamente, estas prefiguraciones se conocen como tipos marianos.
Entre las principales figuras bíblicas destacan:
Eva: Considerada la "Nueva Eva". Así como Eva desobedeció a Dios y trajo el pecado, María, con su obediencia ("Hágase en mí"), trajo la salvación.
Arca de la Alianza: El arca contenía la palabra de Dios, el maná y el sacerdocio. María es vista como la nueva Arca, ya que llevó en su vientre al Verbo encarnado.
La Zarza Ardiente: La zarza que ardía sin consumirse simboliza la virginidad de María, quien fue madre de Dios conservando su pureza intacta.
La Reina Madre (Guebirá): En el antiguo Israel, la madre del rey tenía un rol de intercesión y poder. María asume este título como Reina del Cielo y Madre del Rey de Reyes.
Mujeres Fuertes: Figuras como Judit, Ester, Rut y Débora son consideradas imágenes de la mujer valiente y protectora que intercede y triunfa sobre el mal.
Símbolos del Cantar de los Cantares: La tradición usa términos como el "Hortus Conclusus" (huerto cerrado) o la "Torre de David" para denotar su clausura sagrada e inmaculada.
En el plano artístico (iconografía mariana), desde el cristianismo primitivo se adaptaron cánones estéticos. El artista tradicionalmente considerado como el primer pintor de la Virgen María es San Lucas Evangelista, a quien se le atribuyen los primeros retratos que sirvieron de modelo para el arte cristiano.

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